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Comenzamos diciembre todos juntos para esperar el momento más importante, el anuncio de la salvación : “…hoy ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es el Cristo Señor!” ¡¡ Todos hemos sido salvados!! No neguemos la experiencia de la salvación que cada uno de nosotros ha tenido: Jesús está vivo y obra dentro de nosotros aunque no nos demos cuenta, porque Dios es fiel en el amor y rico en misericordia. Arrodillémonos en esa gruta donde nos espera el encuentro más maravilloso de la vida: “Esta es para ustedes la señal: encontrarán un niño, ……” ¡Un niño! Queremos arrodillarnos delante de Él porque El Niño es nuestra salvación. Es Dios que se hace pequeño, pobre, necesitado de todo, para que nosotros no tengamos más miedo de Él, para darnos la alegría de poder abrazarlo, recibirlo… ¡Y la forma de hacerlo es abrazando, recibiendo, perdonando a nuestro hermano, a nuestra hermana, a tu padre, a tu madre, a tu esposa, a tu marido, a tu suegra! Recibamos con fe y confianza este anuncio, dejémonos liberar y sanar de la tensión, del rencor, del miedo, de la tristeza, de la angustia, de la soledad, de la envidia, de los celos…pues son cargas pesadas que no nos permiten vivir el amor, la esperanza, alegría y la paz. La Navidad llega también para recordarnos la necesidad que cada uno de nosotros tiene de reconciliación, de perdón y de sanación para reconstruir amistades perdidas, diálogos interrumpidos, sonrisas apagadas, para reencontrar alegría y confianza renovadas. Navidad es renacer junto a aquel pequeño Niño que renueva el amor infinito, fiel, incondicionado de un Dios apasionado y amante de sus criaturas por las cuales no duda en darse a sí mismo. Pensemos a María, mujer excepcional porque ha dado a luz en la fe, a un niño que no esperaba. Ella preguntó: “¿Cómo es posible? No conozco ningún hombre” y entonces el ángel le reveló este misterio glorioso: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti” ¡ y ella con una fe fuerte, robusta, sin reservas, ha creído!” María es nuestra Madre en la fe. Ella habrá contemplado día y noche al Niño, pero con la mirada de la fe. Pensemos en su asombro, en la dulzura de su sonrisa. Adoremos con ella al Niño, aprendamos de ella a amarlo y pidámosle el don de la oración del corazón. ¡Feliz Navidad! Con mucha paz, alegría y amor
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