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Enero

Acabamos De vivir un tiempo “fuerte” que nos recordó el regalo de la vida. La Navidad nos dispone a la escucha de nuestro interior, de nuestra historia, que se transformó en la historia de “Dios con nosotros”: ¡es una realidad tan bella, tan fascinante! Pensemos que no sólo recibimos el don de la existencia, sino la “gracia” del encuentro con Dios Padre, que nos devuelve la paz.
A menudo  algún joven me dice: ”Hice muchas cosas en la vida, pero mis problemas, mi vacío, todavía permanece dentro de mí”. Quizá se olvida muy fácilmente que el motivo de nuestros errores no está sólo en la cabeza: el problema está en mi vida. Y mi vida está sostenida por la vida de Dios que habita en mí, que es la vida de la gracia, la vida del Espíritu. Y cuando digo Espíritu no piensen en algo lejano, irreal: la vida del Espíritu eres tú, tu dolor, tu capacidad de amar, de sufrir, de inventar, de querer… ¡somos nosotros! Nuestra voluntad no se ve, pero existe, nuestro amor hacia muchas personas no se ve, pero existe... ¡y esa es la parte más importante! Y también la parte más sensible, más vulnerable. Cuando viene a nuestra mente algo que nos entristece, tengamos el coraje de vivirla también con el corazón: no sólo en la cabeza sino en la compasión, en el dolor, en la lucha interior... entonces se abre el cielo, se entra en el misterio de la vida, donde el porqué de todo lo que sucedió solo te lo puede revelar El que conoce tu corazón, tu tribulación, la identidad profunda de tu ser: ¡no sólo lo que hiciste sino lo que eres!
¿Quién te ha creado? ¡Con fe o sin fe tenemos un Creador: si somos, si existimos, es porque Él nos ama mucho, para darnos en el amor la vida hoy, en este momento!
Y esta existencia es un viaje, somos peregrinos junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que creen en la vida, en el amor, en el perdón. Y somos muchos, sé que también caminan ustedes: ¡son hombres y mujeres que creen en  la vida, son gente que cree en el amor, un amor que es compasión, perdón, que recomienza, un amor que es fiel! ¡Cuántas personas buscan esta realidad aunque no crean en Dios! Nosotros tenemos la fortuna que todo esto no solo lo conocemos y lo buscamos, sino que podemos recibirlo, creerlo y vivirlo al encontrar a nuestro Creador.
Así queremos comenzar este año: deseamos consagrar a Dios y a María cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada instante de este tiempo que igual avanza con o sin nosotros. No podemos frenar la historia: el tiempo sigue su marcha y arrastra todo y todos. Pero podemos y queremos consagrar a Dios cada semana, cada día, cada mes del año, para que no dejar espacio para que entre la tristeza, la soledad, la rabia, la violencia, la desesperación. También cuando caigas en el pecado, no importa porque estás en el camino de Dios: caes, Él te alza porque estás en Su camino. ¿Cuántas veces? ¡Mil veces por día! Porque estás en el camino de la luz, de la verdad, del amor verdadero, porque buscamos la esperanza y Él es la esperanza; queremos confiar y Él es la confianza, el amor, la alegría, la verdad, la libertad... Él es todo lo que necesitamos.
¡Buen año para todos ustedes, que sea bendecido por el Señor y transcurra bajo la mirada materna de Su Madre María!

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