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Queremos hacer un acto de confianza en María que dijo “sí”, un “sí” total e incondicional al Padre, para transformarse en la Madre del hijo de Dios y también Madre de la humanidad al recibirnos bajo la cruz cuando Jesús le dice, señalando a Juan: “Mujer, aquí tienes a tu hijo.” En él estaba presente cada uno de nosotros para darle una respuesta personal a María. Esta mujer tiene el esplendor del cielo y de la tierra porque fue la más humilde, la más frágil, la más rica en la fe. ¡Cuántas veces María tuvo que confiar en El que sabe lo que necesitamos y que nunca traiciona! Nadie como Ella le dio a Dios una respuesta tan incondicional y total. Tenemos que sentirla cerca como modelo, porque la Virgen tiene todas las realidades magníficas de la mujer: fue totalmente Hija del Padre, madre del Hijo, esposa del Espíritu Santo; por lo tanto, una jovencita que supo vivir su rol de hija, de madre, de esposa y después de sierva de ese Dios que busca mujeres de ese ‘calibre’, con un corazón libre, atento, disponible al amor para reflejar Su corazón en el de los hermanos. La mujer es siempre la que sabe amar, más allá de todo y de todos, porque nació para revelar el amor de Dios Padre, para revelar su capacidad de maternidad y entrega. Una mujer que no entrega su vida se disminuye a sí misma, declara su fracaso delante de todos, porque nació para ser don para todos. No puedo pensar en una mujer egoísta porque no es esa su identidad, su origen; su esencia es ser amor, ternura, perdón, misericordia, compasión, fidelidad, amiga, hermana, madre, esposa de toda la humanidad. La mujer que se encuentra a sí misma, que descubre este rol tan importante, tiene una riqueza interior que nunca se acaba, es fuente de vida y de bendición. Por eso María es nuestro ejemplo, nuestro modelo, a la que debemos mirar porque en Ella encontramos nuestra más plena realización, lo que Dios siempre pensó para la mujer. Mirarla a Ella significa fijar la mirada en su Hijo Jesús, vivo y resucitado en la vida de cada día, significa vivir en plenitud la vida eterna. María, Madre del Resucitado, guíanos a las mujeres al descubrimiento de nuestra grandeza.
Madre Elvira
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“Mujer, aquí tienes a tu hijo.”
(Gv 19,26)
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