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Marzo

Queridos y amados amigos,  ¡quedé muy conmovida con el Mensaje de Cuaresma del Santo Padre!  Es una gran ayuda para la Comunidad, justo que este año deseamos aprender a vivir el enorme don de la amistad verdadera con Dios y entre nosotros.  Nos acercamos a ustedes con mucha alegría para augurarles un buen camino de Cuaresma, hecho de muchos pequeños esfuerzos nuestros pero también   de muchas sorpresas que el Señor no dejará de darnos: ¡está en nosotros tener el corazón abierto  para recibirlas!
Entonces, vivamos bien la Cuaresma:  todos los años la Iglesia nos conduce por este itinerario de muerte y Resurrección, de encuentro con el fulgor de la Resurrección de Jesús, pasando por Su camino de dolor y de muerte por amor.
 El Crucifijo, la Sábana Santa  son Jesús martirizado, humillado, con Su rostro hinchado por nuestra maldad. . . permaneciendo delante de Él, nos hacemos mucho más buenos, más misericordiosos, más callados, más receptivos para  el amor.  Este año tratemos de  hacer una Cuaresma  de este estilo:  caminar para mirar adentro nuestro.  El problema está adentro nuestro, no afuera, y el Crucifijo es  la verdad.
Tratemos también de estar unidos entre nosotros, de  “prestar atención los unos a los otros”, como nos dijo el Papa, para superar todas las tentaciones del mal que siempre  quiere traer la división y destruir nuestra vida.
Tomémonos tiempo, en este tiempo especial de la vida de  fe, para contemplar más intensamente el Crucifijo, para comprender en profundidad el inmenso amor de Dios, que por nosotros nació, murió y resucitó en Jesús.  Especialmente cuando el peso de la vida más nos oprime  y estamos tentados  de dejarnos  desanimar, de dejar avanzar el mal, permanezcamos frente al Crucifijo:  solo allí encontraremos paz  para nuestra mente, y Su paz nos sanará de las maldades que muchas veces hirieron nuestro pasado.  Sólo allí, en Su silencio, Jesús nos enseñará a estar en silencio y comprenderemos el significado del verdadero amor, que tiene el poder de transformar nuestras cruces cotidianas en fe y vida nueva. 
¡Esforcémonos para vivir este paso de escucha a  Jesús!
Él habla a nuestra vida desde adentro:  nos toca, nos sana, nos hace crecer y madurar.
Sólo debemos fijar nuestra mirada en El que  desde la Cruz continua amando y perdonando  en silencio, para darnos la fuerza para cambiar.
Que el Señor de la Vida, junto a Su y nuestra Madre María, nos de mucha alegría y paz en este tiempo cuaresmal y que la Luz de Su Resurrección guíe y sostenga nuestros pasos hacia Su encuentro.

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