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Cada uno de nosotros está buscando la verdadera amistad: verdad, honestidad, amor. El mismo Señor nos dio esa nostalgia por la comunión, la amistad; puso dentro nuestro nostalgia del bien, de la comprensión, de saber amar, perdonar, recomenzar con alegría. La vida bella, la verdadera vida, se realiza en las pequeñas cosas. Nuestros jóvenes son felices porque se descubren buenos. Cada uno de nosotros recibió el gran regalo de la conciencia, que nos dice la verdad. Aun cuando fuimos malos se puede remediar, la conciencia nos dice cómo hacer: ¡pidiendo perdón! Todos nos equivocamos, es natural, pero no tenemos que poner “trompa”, guardar rencor, rabia, venganza. La nuestra es una Comunidad en la que nos queremos con todas nuestras pobrezas, porque todos nos equivocamos y nadie tiene derecho a señalar con el dedo. Cuando llegamos al Cenacolo ponemos en común nuestras pobrezas, no nos fijamos en quién es más bueno, más inteligente, más trabajador. . . ponemos en común todo lo que nos humilla, nuestros errores, nuestras pobrezas, nuestros fracasos y dejamos que sea Dios quien nos levante, nos perdone y nos una, haciendo de nosotros Su familia. Cuántas traiciones sufrieron nuestros jóvenes, cuántas lágrimas escondidas derramaron: allí nacieron los miedos, el silencio, la soledad, la timidez. Para hacer felices a los jóvenes basta hacerles encontrar lo que verdaderamente buscan: la paz, la verdad sin máscaras, la fuerza para vivir en el bien, la humildad, la paciencia reciproca, el saber perdonar. . en una palabra: la vida cristiana. En la Comunidad nuestros jóvenes experimentaron lo que quiere decir el cansancio por el trabajo, la misericordia de Dios, el amor, la verdadera amistad entre ellos, el respeto. Se conocieron, se ayudaron, vieron que la verdadera vida no era la que estaban viviendo antes; conocieron jóvenes que los querían desinteresadamente, que se corregían uno al otro, que anhelaban no hacer fracasar al hermano, de luchar a toda costa para que no volviera a la tinieblas de su pasado, Dios les regaló un amor nuevo por la vida. Aprendamos ahora de ellos que nuestro verdadero bien, nuestra felicidad, no es lo que nos exalta, si no ser hermanos, hermanas, amigos leales, sin la ambición de llegar quién sabe dónde ¡pero solos! La felicidad está hecha de cosas simples, pequeñas, que hacen estar bien el corazón.
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La vida bella, la verdadera vida, se realiza en las pequeñas cosas.

La felicidad está hecha de cosas simples
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