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Es tiempo de mirarse interiormente

Es tiempo de mirarse interiormente
Es tiempo de mirarse por  dentro y de convertirnos en verdaderos amigos entre nosotros. Para ser capaces de ofrecer nuestra  amistad es necesario conocernos profundamente, descubrir quiénes somos y poder decirlo con franqueza. Desenmascarar los ídolos que nos devoran por dentro y al final nos hacen quedar solos: el egoísmo, el orgullo, la superioridad, el desinterés.
Debemos reencontrar nuestra dimensión de hombres y mujeres capaces de amar con ternura, con bondad, con misericordia.
Todos deseamos una persona que nos quiera, con quien construir una amistad  capaz de dar la vida. Pero si no declaramos con simplicidad quiénes somos, se puede vivir juntos pero sin  conocerse, sin  amarse.
El diálogo es un instrumento indispensable en toda relación. Para aprender a amar se necesita aprender a dialogar, a conocerse en la verdad.
Sin la posibilidad de comunicarnos nos sentimos solos y abandonados; sin diálogo falta una de las condiciones fundamentales para una buena relación, duradera, amorosa.
¿Cómo podemos decir que amamos a la esposa, a la novia, a los hijos, a un amigo o a  un anciano si no aprendemos a estar frente a frente con ellos? Si alguien hace callar a quien le está hablando, esta persona no ha entendido nada de la vida del corazón, es una persona a la que le falta  libertad interior.
Quien no quiere hacer brotar el amor del corazón no puede hablar de amor.
La grandeza de una persona se mide por el amor que da, un amor concreto, que saliendo de sí mismo te  hace don para los demás.
La amistad tiene necesidad de comprensión, de aceptación, de gratuidad, de constancia, de fidelidad; entonces seremos capaces de juzgar menos, de no considerar las cosas sólo desde nuestro punto de vista, de descubrir a los otros como seres  únicos.
Muchos tienen miedo de cambiar el corazón de mármol por un corazón de carne. Tememos descubrir que poseemos un corazón que late, que sufre, que ama, que se alegra, que llora. Quien tiene el coraje de dejarse sanar por el amor de Dios, quien abiertamente se declara de su parte, es capaz de grandes gestos de solidaridad, de amistad, de amor.

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