ItalianoHrvatskiEnglishFrançaisDeutchEspañolPortuguesePo PolskuSlovakia     

 

La verdadera luz del mundo es Jesús!
¡La Navidad nos lleva a una simple y pequeña casa en Nazaret, donde una mujer, María, pronunció su “sí” incondicional a Dios y a la humanidad, también a mí, a ti, a todos!
Respiremos profundamente este clima de intimidad para vivir con María el misterio de amor que la Navidad nos dona, entrando, también este año, en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestro vivir, para susurrarnos al corazón una buena noticia, la única, la grande, la importante noticia: ¡Para ti ha nacido el Salvador! ¡Nosotros somos los ‘salvados’! 
Recibamos con confianza este anuncio y dejémonos liberar y sanar de las tensiones, del rencor, del miedo, de la tristeza, de la angustia, de la soledad, de la envidia, de los celos, todos pesos que no nos permiten vivir el amor, la esperanza, la alegría y la paz.
La Navidad también llega para recordarnos la nostalgia y la necesidad que todos llevamos dentro de reconciliación, de perdón y de sanación para reconstruir amistades perdidas, diálogos interrumpidos, pedidos de perdón, sonrisas apagadas, para encontrar alegría y confianza renovadas.
Navidad es renacer junto a ese pequeño niño que nos repite el amor infinito, fiel e incondicional de un Dios apasionado y amante de sus criaturas, por las que no duda en entregarse. Como Jesús, también nosotros necesitamos una Madre que comprenda y realice los deseos de nuestro corazón y esta Madre es María: humilde, simple, servidora fiel que nos sonríe, nos invita, nos junta y nos lleva a contemplar el pesebre donde el fulgor de la Luz nunca se apagó.
En esta Luz encontraremos el sentido de una vida que se llama ‘eternidad’.
¡Agradezcamos a la Virgen que nos lleva a vivir en esa Luz, porque como toda mamá, sabe que los ‘niños’ tienen miedo de la oscuridad! Jesús mismo nos repite: “Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida.” (Jn 8,12).

Imprimir esta páginaImprimir esta página