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¡Se acerca una nueva Navidad, una ocasión especial para descubrir y saborear la misericordia de Dios! El Padre, una vez más, nos ofrece en Su Hijo Jesús, la plenitud de su Amor. Sí, la Navidad es justamente seguir asombrándonos y creer cada vez más en ese ‘loco’ Dios que se hace niño, pequeño, pobre, frágil. Ese niño que hace 2000 años venía al mundo a ‘partir’ la historia, aún hoy nos interpela para ‘partir’ nuestra historia, la mía, la tuya, la de la hum anidad herida de hoy. Y ese Jesús ‘rompe’, entra, se hace camino sólo con el arma del amor, que es la única que puede perforar hasta las rocas más duras del corazón más duro. ¡Cuántas ‘durezas’ al final de este año, explotación, prostitución, violencia, guerras, familias destruidas, droga, palabras tras las que están las vidas de millones de personas con el corazón lacerado, traicionado, ofendido, apagado! Y justamente de allí, de ese grito sin voz de tantos corazones rotos que hoy sube a ti, Dios Padre, el anhelo de toda la tierra: “¡Ven Señor Jesús!” Ven, para que podamos leer y comprender en los signos del tiempo actual que el hombre regresará a Ti, ven, para que los hombres, al encontrarte se descubran más hermanos, ven, para que sea respetada y defendida la vida de los niños, ven, porque tenemos necesidad de entregar al corazón de Tu Padre que vienes a revelarnos, la inquietud, el sufrimiento, el pecado, el desconsuelo de nuestros corazones. Ven, porque tenemos necesidad de Ti, de un Dios que es Padre, amigo, que es amor que espera, verdad que eleva, luz que ilumina, sol que surge y calienta el corazón del hombre. Tú, Jesús, eres la verdadera Navidad, y nuestra verdadera Navidad es encontrarte, y en Ti al Padre, para reencontrar la verdad de nosotros mismos. Señor, enciéndenos el corazón en esta Navidad para que “calentados” por Ti sepamos dar calor a quienes están junto a nosotros con el corazón helado por una vida muchas veces vacía y solitaria. Llénanos el corazón con la esperanza de que Tú estás junto a nosotros, de una manera especial este año, para darnos la mirada de la fe, para liberarnos de las cadenas de nuestros pecados, para darnos el pan del perdón. ¡Qué bello poder cerrar el año contigo y poder abrir el año nuevo contigo! Contigo,. . .sí, esto es lo que cambia y hace nuevas todas las cosas. Contigo. . .es lo que esperas de nosotros, para que nuestro corazón, nuestra familia, la humanidad entera pueda renacer, volver a sonreír, asombrarse de la belleza de la creación, recibir la vida de los niños como Tu don más precioso. Pasa junto a nosotros este año, Señor, y haz que nuestro corazón esté listo para recibirte y dejarse abrazar por Tu ternura infinita, a llorar en Tu seno las lágrimas de la fatiga del vivir, para dejarse llenar con Tu mirada que sabe ver el mundo con los ojos de un niño. Sí, contigo. . .y entonces será una verdadera Navidad.
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