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El Espíritu Santo es Alguien que entra en nosotros ¿cuánto espacio le dejamos para que pueda actuar en nuestro corazón, en nuestra historia? Piensen: ya entes de que nos despertáramos esta mañana, Él había prendido la luz, había hecho salir el sol, había coloreado la naturaleza para nosotros; somos tan áridos en el amor que todo eso nos parece imposible y Dios tiene para nosotros la medida de nuestra tristeza, de nuestra mezquindad, de nuestros egoísmos, de nuestros miedos. ¡Porque no entendemos que Él es una eterna sonrisa, una eterna alegría que quiere posarse simplemente en nuestra vida! El Señor tiene apuro en darse a conocer, pero es el Espíritu Santo, que es el único que puede sanarnos y curarnos, el que nos ayuda a hacerle un espacio a Dios en nosotros: por eso debemos pedirlo con fe. Nuestro ser criaturas inteligentes, libres, con voluntad es lo más bello del mundo, pero sólo viviendo en la verdad de nuestro ser, reflejándose en la vida de Dios, en Su Palabra, en el Espíritu Santo, se puede realizar en plenitud. Dejémonos poseer por esta luz, por este fuego, por este amor, por la paz: todo lo que necesitamos es el Espíritu Santo, y Él quiere darnos sus dones, regalos extraordinarios. El Espíritu desea realizar la transformación del corazón, del pasado, de las profundas raíces de nuestra historia. No nos avergoncemos más de nosotros mismos, de nuestros errores, de nuestro pecado; el Espíritu Santo puede hacernos nuevos justamente pasando dentro de nuestras heridas, a través de nuestras llagas. Cada uno sienta muy fuerte el deseo de invocarlo: no quedaremos mudos ni indiferentes frente a Él. El Espíritu Santo quiere transformarnos partiendo justo desde donde la vida nos ha herido, sólo debemos permitirle entrar, actuar. Espíritu Santo, tenemos necesidad de fuego, de ser calentados con tu fuego, mándalo junto a tu luz a ese vacío, a esos sótanos oscuros que todavía tenemos dentro; manda tu luz para que queramos ser mujeres y hombres serenos, con paz, confiados, capaces de sonreír, de hablar, de dialogar, de pedir perdón, porque sólo Tú puedes entrar y despertar en nosotros la nostalgia del bien y del encuentro contigo. ¡Ven Espíritu Santo, ven a nosotros por María!
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