ItalianoHrvatskiEnglishFrançaisDeutchEspañolPortuguesePo PolskuSlovakia     

 

Abril

¡Hacernos fuertes en el Amor!
Vamos caminando hacia la Pascua, hacia el corazón de nuestra fe: Jesús muere y resucita por nosotros.
Arrodillémonos frente a la Cruz, postrémonos  delante de Él, pidámosle el don de un corazón compasivo, que se conmueva frente al Amor de un Dios que dio todo por nosotros. Así como Él se conmueve por nosotros, tenemos que conmovernos frente a Jesús: cuando sufrimos, cuando tenemos una pequeña pena, un dolor, un miedo, un ansia, Él no ve la hora de  poder cargar con todo.
Meditando la Pasión sufrimos con Jesús, lloramos con Jesús, nos conmovemos por Jesús. Así nos  vamos haciendo hombres y mujeres limpios, buenos, misericordiosos; sólo delante de Él nuestro corazón de piedra se transforma en un corazón de carne.
Estemos en silencio frente al crucifijo: el Señor quiere decirnos cosas importantes para nuestra vida ¡pero nosotros nunca paramos! Paremos con nuestra cabeza, nuestras fantasías; estemos atentos a no dejar que el mal entre en nuestros pensamientos, que nos lleve lejos de la Verdad y el Bien.
El Via Crucis debe encontrar dentro nuestro una dimensión, porque  nosotros necesitamos gracias especiales; lo entenderemos al  realizarlo, pero para poder hacernos felices, Jesús necesita que estemos allí, delante de Él, contemplando Su Rostro hinchado, Su espalda, Su cuerpo flagelado, su cabeza  cubierta de sangre y de espinas.
No podemos ser insensibles y materialistas, tenemos que  hacernos hombres y mujeres   que se conmueven, misericordiosos, buenos, capaces de perdonar y  perdonarnos. Para  experimentar este Amor que te cambia debemos mirar, , contemplar, escrutar, entrar en el Crucifijo.
Mirando el Crucifijo, también nosotros seremos capaces de aceptar las espinas que a  veces nos hieren en el curso de la vida, aceptaremos ese dolor porque hemos mirado la Cruz con ojos limpios y compasivos.
Esta Cuaresma debe desembocar en una Resurrección que será todo fuego, todo Amor, Amor, Amor: Amor dentro nuestro, Amor en los ojos, Amor sobre el rostro, Amor en el trabajo; el Amor es la sustancia de nuestro vivir: muchas veces hacemos cosas sólo porque hay que hacerlas y no recibimos nada, no cambiamos porque permanecemos sin lo que es necesario, sin la sustancia de la vida que nace del Amor.
Hagamos que Jesús esté contento de estar en medio nuestro: recemos, vivamos el Vía Crucis con Él, unidos a Él; queremos ayudarlo a llevar Su Cruz que es la cruz de la humanidad, la cruz de todos los niños del mundo, la cruz de todos los ancianos que mueren solos y con miedo y ansiedad, la cruz de muchos jóvenes enfermos, de muchas familias desunidas, de muchos jóvenes drogados, de nuestras familias, de las guerras, de todo. Toda la humanidad tiene cruces, y nosotros queremos aliviarla ayudando a Jesús, diciéndole: “¡Jesús, confía en mí, te quiero ayudar a llevar la cruz, la cruz de todos!”
Vivamos este tiempo con amor: basta de banalidad, en las críticas, los caprichos, aprendamos a querernos bien.
Esto nos abre las puertas del Paraíso, lo que nos abre  a la Resurrección del Domingo de Pascua: al Amor  que tuvimos hacia nuestra madre, nuestro padre, nuestros hermanos, nuestras hermanas, el Amor por quien está cerca de ti, por los que viven contigo.
¡En este último tiempo de Cuaresma que nos lleva a la Pascua pidámosle a Jesús el don de  hacernos fuertes en el Amor!

Imprimir esta páginaImprimir esta página