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Enero

           Estoy cada vez más convencida de que la única fuente de vida es Dios. De esa fuente de Luz nacemos nosotros. Aún inconcientemente, el abrazo del amor de Dios envuelve nuestra historia; cada respiro nuestro es  el hálito de Dios que nos infunde.
 El encuentro que vivimos hoy con ese Dios, revelado en la “plenitud” de los tiempos a través de la Palabra del Padre, que se llama Jesús de Nazareth, nos  muestra que nuestra historia es amada por Dios. Así,  hoy tenemos la posibilidad de  obtener toda la verdad de nuestro credo porque la fe se hace amor que camina, que se da. No basta sólo creer, conocer a Dios con la mente: la experiencia de Dios no es sólo intelectual, científica, sino que Él es Amor, como lo definió San Juan. Dios se reveló como regalo de amor y con gestos concretos de amor.
          Me viene a la mente en estos días  la Palabra: “El que cree en mí, en realidad  no cree en mí, sino en aquel que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.” Tenemos la certeza que si creemos en  Él no permaneceremos en las tinieblas: la oscuridad no es sólo la de la noche,  también  es la insatisfacción, es la oscuridad de nuestra confusión mental, de nuestros miedos, de nuestras fugas.  Cuando las vivimos significa que falla nuestra fe, que no creemos en Él porque “Él vino al mundo como Luz”, especialmente para iluminar nuestro mundo interior. Tenemos una Luz dentro de nosotros: la Palabra de Dios. Jesús no  nos toma en broma, Jesús es la verdad: si hay algo verdaderamente concreto, humano, profundamente humano, que  realiza  tu humanidad de mujer, de hombre, es justo la Palabra de Dios. Porque no es sólo una Palabra  vocal, es la Vida de nuestra vida, Carne de nuestra carne: es la sustancia de nuestro ser, el camino de la verdadera libertad. A menudo me pregunto: “¿Cómo todavía tenemos miedos?  ¿Dónde está nuestra fe?”
          El Amor y la Luz de Dios   alejan el miedo, “en el amor no hay temor”. El Amor genera la Confianza, y la Confianza genera la Paz. Al comienzo de este año renovamos con alegría nuestra confianza en el Amor de Dios que nos ofreció María: repitamos día y noche en nuestro interior, en nuestro corazón y frente a cada situación que vivimos: “Jesús, confío en Ti.” Con la certeza de que cada momento de  nuestro vivir será iluminado por Su Luz.
¡Buen Año Nuevo para todos!

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