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Septiembre

Aquí estoy, con todas mis pobrezas humanas, pero con el corazón rebosante de amor. En la vida comprendí que el amor es todo, es siempre, es de todas formas. Aún cuando estamos con  muchas dificultades, cuando experimentamos el “peso” de la debilidad, debemos hacer vivir el amor dentro nuestro, fuera de nosotros, entorno a nosotros. Somos hijos de un Padre que es la fuente del amor: ¡Dios es Amor!  Para decirnos que el amor no es un pensamiento, no es una idea, no es sólo un sentimiento sino un gesto concreto, un don real, Dios se  reveló en la humanidad de Jesús, su hijo, un hombre como nosotros: vimos el Amor en “carne y hueso”, lo escuchamos, lo encontramos: el Amor es la vida de Dios que  se nos da en Jesús.

         A menudo algún chico me dice: “Elvira,  dices  siempre que encontraste a Jesús, pero yo no lo  vi nunca.” Entonces le respondo: “Recuerda cómo eras cuando llegaste a la Comunidad: lleno de miedos, de cobardías, de muchos males, con los ojos apagados por el mal, con ganas de morirte, y mírate ahora: sabes sonreír, sabes servir a los demás, tienes los ojos luminosos porque Jesús está dentro  tuyo, te transformó. Eres una nueva criatura en Cristo y Él está vivo dentro tuyo.”  Vemos que Jesús está vivo en nuestra vida que cambia, que resurge por la fuerza de  su amor por nosotros. La conversión, la transformación real que sucede en nosotros  es el signo concreto  de la presencia de Dios: si te dejas encontrar por Él, si te dejas aferrar por su Amor, cambias ¡eres un hombre nuevo!

         El mundo de hoy tiene una gran necesidad de ver que la fe es la verdadera alegría de la vida. ¡Por esto quiero decirles a ustedes, jóvenes, que deben testimoniar la alegría auténtica!  Si no sabemos alegrarnos, no somos jóvenes, somos viejos por dentro, y desgraciadamente cuántos jóvenes de hoy están llenos de tristeza, de soledad ¡son cosas que ustedes ya saben, que las ven todos los días!

         ¡Nosotros tenemos que  ser los que comencemos  una vida nueva, no solo por nosotros sino por todos!  Si estamos quietos, sentados, lentos, si esperamos siempre que los otros lo hagan, no iremos a ninguna parte sino que retrocederemos. En cambio, debemos tener el coraje de levantarnos y partir, de ir adelante, de ir tras  la esperanza que vive dentro nuestro. Y entonces, los otros nos seguirán, al ver en  la alegría que tenemos en el corazón lo que ellos están buscando.

         Chicos, jóvenes, padres: ¡comencemos una vida nueva, verdadera!  Jesús es la  verdad y nosotros aprenderemos la verdad hablando con Él en la oración: ¡si lo encuentras, vives en la verdad, eres libre!  Es el momento, jóvenes : debemos  perder la vergüenza, perder toda timidez  para decir:  “Jesús está vivo, Jesús está vivo ,  está aquí, en medio nuestro!” Debemos proclamarlo día y noche. ¡Dale, probemos!

          Entonces seremos una única familia  unida por la fe en Él: me haces el bien a mí y yo a ti, y los que no creen todavía, nos mirarán extrañados pero luego dirán:

“¡Qué bien que se llevan estas personas,  están de acuerdo, cómo se quieren, qué felices son, qué libres son!  Entonces ellos, poco a poco, encontrando nuestra fe  auténtica y sin miedos, se levantarán  para  entrar en el camino  hacia Jesús junto a nosotros.

         Discúlpenme, pero a veces cuando hablo  no me vienen las palabras , entonces aprendí a usar el lenguaje de los niños que hacen “ta-ta-ta-ta. . .”

Qué bella es la vida , aún cuando no  pueda decir todo con la boca: hay amor, y el amor es algo concreto, es una sonrisa, una mirada, un apretón de manos, un abrazo.

¡El amor es una palabra que habla siempre!

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