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Mayo

         Elvira-maggio.jpgCuando decimos que “el ángel del Señor, anunció a María…” debemos ver con los ojos de la fe aquella luminosidad, aquella luz que entró en la casita de María e imaginarla a Ella que turbada escucha este anuncio y dice su “sí”... 
         Lo que sucedió en Ella sucede también hoy dentro de nosotros: comencemos con mucho entusiasmo,  con mucha alegría y mucho amor a recitar bien el Rosario desde lo más profundo. Este año en cada día del mes de mayo debe florecer una novedad; así como  la naturaleza  cambia y se transforman en belleza, en alegría. Todos los días debe  abrirse una flor cada vez  más bonita, más luminosa, más perfumada. Probemos  rezar el Rosario con el corazón: hay tanta gente que espera, ¡debemos  aliviar a toda la humanidad a través de la oración!
          Aprendamos a rezar como enamorados: es el amor, la ternura y el asombro que la Virgen quiere ver dentro de nosotros.  Somos afortunados porque podemos vivir estos momentos de fe, de amor, de esperanza y de alegría.
          Con el primer Rosario renacemos cada día  gracias al amor de María. Mientras nosotros rezamos el Rosario, Ella nos da a luz para vivir como Jesús quiere.
La Virgen ha dicho  “Sí”, Ella ha dado  su  respuesta en  silencio: nadie lo sabía, nadie la veía. Qué hermoso cuando no se hacen las cosas para hacerse ver: las cosas de Dios nacen en el silencio. Las cosas grandes, las cosas importantes, las cosas útiles para  la vida y  la eternidad no se sienten, no hacen ruido.
           Vivamos con María este mes, con simplicidad, en la humildad, en la alegría, con  una sonrisa, una sonrisa que puede alegrar a quien está triste en ese momento. Dispongámonos a hacer bien las cosas pequeñas. Debemos entregarnos a nosotros mismos en las cosas pequeñas, en todo lo pequeño, que parece sin valor, porque el valor somos nosotros, es nuestro amor  el que da valor a las cosas. Son las pequeñas cosas  las  que luego te hacen ver las grandes,  para llegar a vivir aquellas “grandes cosas” que el Señor quiere hacernos compartir con Él.
            Entonces, comencemos con entusiasmo el mes de mayo,  el  mes de las flores, el  mes del esplendor de María...
Quién sabe cuántos milagros, cuántas gracias concederá  la Virgen en este mes a la humanidad, a nosotros, a nuestras familias. Creamos, porque la Virgen es fiel.
           En este mes debemos tenerle un amor especial a la Virgen, mirarla con ternura. Sonriendo y contemplando sus ojos, nos encontraremos en su Luz.

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