|
Quizá ustedes saben que somos una Comunidad de “pecadores públicos”, personas que en el pasado se equivocaron viviendo en el mal, pero también una Comunidad que anuncia la fuerza de la Misericordia de Dios: sabemos que el amor es la misericordia de Dios que nos abraza día a día, reconstruyendo en nosotros el hombre nuevo. Quisiera abrazar a cada uno de ustedes, quisiera que todos vivieran en la alegría, en la paz que da el encuentro con Dios. A menudo les digo a nuestros jóvenes que aprendan a sonreír, que hagan una buena sonrisa aunque afuera llueva. Una sonrisa lleva el corazón hacia la cabeza: lleva al cansancio de la cabeza la alegría del corazón. Nosotros tenemos una regla: cuando uno se despierta a la mañana, lo primero que debe hacer es una sonrisa. Los chicos a veces me dicen “ ¿Pero, para quién es la sonrisa?” Les respondo: “!Te sonríes a ti mismo, a tu vida! ¡Buen día Espíritu Santo, buenos días vida mía!!” Luego sales de la cama y comienzas a cantar. Aunque tengamos heridas en el corazón debemos tener el coraje de superarnos y sonreír. Cuando estoy en algún encuentro y veo un niño en cochecito, siempre le presto atención. Lo miro y muchas veces está triste, la mamá y el papá empujan el cochecito en el que está su hijo y se ignoran en silencio de tumba, o quizá pelean delante de él. No se sonríen y no le sonríen, y el niño, aunque sea pequeño ya respira un aire “intoxicado” que le da tristeza: ¡es una gran injusticia! Esos niños que de pequeños ya no sonríen, que no ven rostros felices alrededor, mañana podrán ser drogadictos. Entonces me acerco a los padres y les digo todo lo que pienso, les muestro que los niños tienen un lenguaje simple que yo aprendí: me arrodillo frente al cochecito y balbuceo: “…ta ta ta…” entonces, luego de mirarme con asombro, sonríe. Es la alegría más grande hacer sonreír a un niño, porque se aprendió a sonreír, a tomar la vida y sus dificultades con serenidad, no irá a drogarse… Quisiera decirles , gritarles a todos: ¡el amor de Dios en nosotros, lo que hizo por nosotros, es grandioso y continúa!! ¡Hemos visto al Señor! ¡Hemos visto al Resucitado! Hoy nos sentimos sanados por Jesús Crucificado que nos dio todo, dio hasta la vida por nosotros. ¡La felicidad existe, el amor existe! ¡Chicos, chicas, padres, ancianos: el amor existe! ¡El amor existe y está vivo en nosotros! Amar es servir, es dar la vida: el amor es cada persona que piensa primero en el otro, que con los ojos del corazón ve la necesidad del hermano. ¡El amor que damos es la verdadera sonrisa a la vida!
Imprimir esta página
|