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Estamos preparando el cumpleaños de la Comunidad, que desde hace años lo “bautizamos” como Fiesta de la Vida. Son cuatro días de alegría en el Señor celebrando a la vida, pero no a la vida en general, sino a tu vida, a la vida de muchos jóvenes y familias que tienen un nombre, un rostro ¡y que encontraron aquí el sentido de su existencia!
Quisiera decirles a cada uno de ustedes que tomen sus vidas entre sus manos y que la cuiden pues es un don precioso, importante, único. ¡Redescubran la alegría de vivir, la belleza de entregar la vida!
En esta colina de Saluzzo, donde Dios quiso hacer nacer la Comunidad, hay veintisiete años de cruces, de dolor, de sangre, de pérdida, de lucha, de batalla cotidiana por la vida, de alegría reencontrada, de esperanza viva, de resurrección.
El que llega al portón de la Comunidad no encuentra un remedio ni una terapia sino que encuentra la Misericordia, redescubre el abrazo de Dios gracias al amor de los hermanos. Ninguna pastilla da la alegría de vivir. Ningún tratamiento solo humano puede dar la esperanza de una vida nueva o hacernos capaces de de abrazar nuestra vida y volver a sentirla como un regalo de Dios.
La Comunidad Cenacolo es la Fiesta de la Vida que renace. Fiesta de la buena creación que cayó en el pecado, se volvió extravío, lágrimas, rabia, venganza, oscuridad…Y que por la Misericordia de Dios vuelve a ser, sonrisa, alegría, luz, la luz que hoy tenemos en los ojos, que nace del encuentro con la verdad que nos libera por dentro, esa luz que también muchas de nuestras familias experimentan en su camino de fe.
Verdaderamente “nada es imposible para Dios”: también del seno de nuestras familias que eran “viejas” por la tristeza, por el pecado, por la división, por las peleas, por la droga del hijo… aún desde allí, la vida puede renacer.
Desde hace veintisiete años, nosotros, la Comunidad Cenacolo, le hacemos Fiesta a ese Dios “amante de la vida” que realizó y realiza este milagro.
¡Nada es imposible para Dios!
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