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La vida es bellísima y estoy muy contenta de existir. Antes que nada deseo agradecer a mi madre y a mi padre porque me han permitido vivir; después agradezco a todos porque no estoy sola: a mi alrededor está la vida preciosa de muchas personas… ¡somos muchos los que fuimos creados y amados! Sepan que la vida sólo debemos aceptarla, acogerla y alegrarnos. A veces ya ni sonreímos, porque pensamos que nadie nos ama. ¡Pero no es verdad! ¡Siempre sobre nosotros y para nosotros hay un Amor inmenso y fiel! ¡Abre las puertas entonces, para dejar pasar la luz, de manera que la veas ! Déjala entrar hasta los espacios más íntimos, y en cierto momento ese rayo de luz se abrirá camino, para decirte también a ti que te sientes rechazado: ¡te amo, te amo con locura! Es un don que nos da El que nos creó: solo abrámosle la puerta; debemos decir “Sí, así sea”. Y cuando estemos llenos de amor, también estaremos llenos de felicidad y con ganas de dar alegría a todos, de “arremangarnos” y de servir a la vida. Primero de todo, te sirves a ti mismo. Antes de salir de casa le sonríes a tu vida y dejas que la sonrisa te dé un rostro nuevo, un rostro sereno, un rostro de paz y de gratitud por todo lo que el Señor te ha dado. Recién entonces “entrarás” en la vida, serás capaz de entregarte, de servir a los demás, de devolver el Amor recibido. Es una “ley” del Amor: si no lo entregas, no lo reconoces, no te das cuenta de cuánto estás recibiendo… así comienzas a pensar en algún modo de encontrarlo y lo vas a buscar quizás pidiendo limosna de afecto, de comprensión, estima… se vuelve dependencia y egoísmo ¡ es la muerte del corazón! Quiere decir que cuando estamos un poco amargados es porque no estamos amando y no estamos sirviendo; allí está la raíz de la tristeza. Es una experiencia que todos hicimos ¡ pero hoy podemos elegir, porque también hemos vivido la alegría, la esperanza, el bien, el don de nosotros! A veces parece que todo se desvanece, que fue sólo un sueño… pero no es verdad. Nosotros hemos nacido para amar, no para mendigar el amor y hemos experimentado que El que nos ha creado, nos da Amor sin medida: es Él la fuente inagotable de la Vida. Demos pasos de verdad y de coraje. El Señor hace grandes cosas, las ha hecho y las seguirá haciendo, por nosotros y por todos los que le abren las puertas del corazón. El “secreto” es la confianza en Él; es la fe que, como dice Jesús, mueve las montañas. Aquella fe segura que es bien, fuerza, libertad, amor, servicio, asombro…¡es vida!
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