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Comenzamos este nuevo año que el amor de Dios nos regala; la vida cristiana es antes que nada un don recibido que nos regocija y nutre nuestra vida con la oración, el amor, el servicio a los demás en total gratuid ad. Poder hacer el bien es en sí mismo la recompensa, nadie podría darnos algo más valioso y gratificante: ni el dinero, ni las reverencias de la gente, ni todos los aplausos de las multitudes… pueden darnos la alegría de vivir en el bien, y nosotros tenemos la inmensa alegría de poder hacerlo ¡que “hermosa historia!”. Desde el comienzo de este nuevo año estamos aquí para dar la vida, en primer lugar a nosotros mismos, una vida renovada y una fe concreta, viva: la fe de las obras, del amor. La obra más grande es el amor, que muchas veces necesita perdonar, recomenzar, tener compasión, confianza en los demás, creer que dentro de nosotros vive Jesús, el hombre nuevo que nos hace ser nuevos. Los jóvenes están buscando la vida, están buscando la verdad, el amor, la coherencia en lo que les proponemos. Entonces debemos vivir lo que decimos y nosotros hemos elegido vivir cristianamente, seguir a Jesús y queremos vivirlo con amor. Todas nuestras miserias y pobrezas no nos impiden intentarlo: deben saber que somos una Comunidad feliz porque hemos entendido que somos amados por el Señor porque somos pecadores y por lo tanto estamos contentos. Cuando los chicos llegan a la Comunidad, no les preguntamos qué cualidades o habilidades tienen, sino que les decimos: “Pon tu equipaje de pecado junto con el nuestro delante de la Misericordia de Dios”. Por esto hay tanto amor en la Comunidad , porque ninguno puede jactarse de nada, sino que todos comenzamos desde cero, desde “planta baja”, yo la primera… y se está muy bien abajo porque cuando caemos no nos golpeamos. Debemos estar contentos de lo que somos: a partir de allí queremos y podemos transformarnos en personas dignas, honestas, llenas de bondad y de amor. Creemos con todas nuestras fuerzas, con nuestra voluntad y con todo nuestro amor que Jesús está vivo, que es nuestro Señor y nuestro Dios y que Él guía nuestros pasos hoy y siempre. ¡Él es la novedad permanente , Él es la alegría de la vida!
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