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La santidad es un camino, una existencia dinámica que da frutos concretos, que se expresa en el amor, en la decisión de “perder” la vida para que otros puedan conocer el Amor de Dios.
La santidad no es un concepto abstracto sino un encuentro vivo con Jesús que se manifiesta en manos que sirven y pies que corren, ojos que ven, cuerpo y sangre que se entrega: así vale la pena vivir porque uno ya no vive solo sino que es la vida de Cristo que nos habita y que se entrega a los hermanos.
Entonces, ¡coraje! Hagámoslo sin perder tiempo: si verdaderamente quieres saber quién eres, conocer los dones que tienes pero que aún no has templado, de rodillas frente a la Eucaristía harás este descubrimiento. De la Eucaristía nace la santidad, nace la Iglesia, que somos nosotros, son los mártires, ¡son los que creen en la Resurrección de Jesús que dio la vida por nosotros, y lo imitan!
Por eso la Iglesia está viva, por eso hay santos ¡porque hay hombres, mujeres y niños que son fieles al nombre de Cristo hasta dar la vida, hasta dejarse matar por el Evangelio!
En sus corazones vive la certeza de que Jesús resucitó y viven como Él lo pidió: los santos son el fundamento de la Iglesia, que jamás se derrumbará, porque está hecha del amor, la sangre, la carne, la vida, la fe. . .primero con la de Jesús y luego con la nuestra.
De la Iglesia recibimos los Sacramentos, la Palabra, la Eucaristía, recibimos todo. . .pero también nosotros somos Iglesia, y ahora es el momento de “nuestro turno” , debemos vivir con coraje el sufrimiento junto al que sufre y alegrarnos con quien está alegre ¡esta es una vida bella, la verdadera vida, una vida santa!
Desde que Jesús bajó a la tierra, desde que la vida de Dios en Él habitó nuestra humanidad, todo es santo y todos son santos. Es bello saber que hoy estamos en comunión con ese pueblo de hombres y mujeres que vivieron sus vidas en el Amor, en la entrega, en la pasión por Jesús y por los hermanos y que ahora nos sostienen en el camino para que también nosotros podamos vivir su misma alegría.
Los santos nos testimonian que aunque la vida pase, el amor con que uno la vivió permanece para siempre, como un signo tangible, como memoria viva de un encuentro que transformó la existencia en un faro de luz para iluminar el camino de todos.
Los santos nos guían en el camino de la vida y nos dicen que la vida si no es entregada a Dios y a los hermanos ¡se desperdicia! ¡Su vida es un testimonio de que hay más alegría en el dar que en el recibir, que el único sentido verdadero de vivir es Jesús!
Como ellos y con ellos sigámoslo también nosotros: tendremos la verdadera alegría dentro y haremos felices a los que nos rodean.
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