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Mensaje de Cuaresma de Madre Elvira

 Queridísimos hermanos y hermanas, jóvenes y niños, familias y amigos:

Nos ponemos en camino en este tiempo de Cuaresma para recorrer también nosotros como el Pueblo de Israel, el desierto de la vida cotidiana para pasar de la esclavitud del pecado a la libertad plena, gracias al Perdón de Dios que nos libera de las cadenas del mal que han herido nuestra naturaleza humana.

La Cuaresma es este tiempo precioso que la Iglesia nos ofrece para renovar nuestra oración, ayuno y gestos de caridad, para comprobar la autenticidad de nuestra fe por dentro, no como apariencia sino como una elección verdadera y profunda con raíces en el silencio y en el secreto del corazón.

Es un tiempo para que a través de los propósitos de conversión podemos ver más claramente quienes somos, regresar a lo esencial: ¡la verdadera alegría no está en las cosas, sino dentro de nosotros!

Unámonos con la oración y el sacrificio a esa parte de la familia del Pueblo de Dios que por el hambre ayuna todos los días, que sufre cotidianamente, que es lacerada y humillada por las pruebas de la vida, que combate como nosotros “la buena batalla de la fe” en lugares donde la existencia y la fe deben pasar duras pruebas.

La Cuaresma nos conduce a la verdadera Tierra Prometida que es la Pascua de Cristo. Él está con nosotros en este camino de cuarenta días para darnos la fuerza de aceptar y vivir cada situación de la vida, incluida la humillación de la Cruz, que es parte de la existencia de todos.

¡ Él está con nosotros siempre, por lo tanto, nada de miedo!

La Cruz está, pero vivida en la fe, en el silencio, en el amor, en el perdón, no tiene la última palabra.
María nos acompañe a esa libertad verdadera hacia la cual tiende nuestro corazón y mantenga siempre viva en nosotros la esperanza. ¡Feliz camino!

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