Jóvenes sedientos de belleza, de bondad, de verdad, de la vida.
Les doy gracias a ustedes, los jóvenes, porque creen y buscan respuestas auténticas y concretas a las preguntas que surgen en su corazón.
¡Gracias a todos los que no se dejan vencer por las ilusiones, los engaños,
las banalidades de un mundo envejecido y sumergido en luchas de poder y de ambiciones para alcanzar objetivos limitados y fugaces!
Las respuestas de los jóvenes deberían llevarnos a los educadores, a los padres, a todo el que esté interesado en ellos, a recorrer un camino marcado por la coherencia entre el pensar, el hablar y el actuar, siguiendo los valores éticos y religiosos que la voz de nuestra conciencia nos recuerda cada vez que hacemos una elección libre e inteligente.
Junto a ustedes miles y miles de jóvenes están dispuestos a fijar la mirada en el azul intenso y luminoso que nos invita a creer que la esperanza es constante, fuerte y viva dentro nuestro.
Los bloqueos personales, las agresiones recibidas, las frustraciones, las humillaciones de la infancia o de la juventud, los complejos por el físico, la indiferencia de quien está a tu lado, el mutismo de quien debería dialogar contigo, todo esto no puede y no debe perjudicarte más.
Observa tu vida con la ayuda del cristal sin sombras que es la Palabra de Dios.
¡El Verbo hecho vida, Jesús de Nazaret, es la auténtica, única, eficaz y real respuesta a tus deseos, a tus sueños, a tus ganas de hacer concreta tu vida con gestos de amor, de caridad y de entrega !
Este hombre de Nazaret es el único modelo; Él nos enseña y pone en nosotros la alegría de perdonar una y otra vez a todos los que de alguna manera nos han herido la memoria, la infancia, usado nuestra adolescencia, haciéndonos vivir mal nuestra madurez.
El mal recibido no debe y no puede instalarse en nosotros al punto de volvernos vengativos, violentos, enojados, porque dentro nuestro, si verdaderamente hemos encontrado y adherido a Jesús, corre una savia nueva, humana y divina, que nos invita al perdón, a la misericordia, a la paz.
¡Joven, recuerda que puedes ser pionero de una nueva sociedad en la que todos vivirán en el bien, en la riqueza espiritual y la solidaridad!
Busca el tiempo y el lugar para hablar a corazón abierto y fiel con el Dios que, para encontrarte, mirarte en los ojos y abrazarte, se hizo hombre, semejante a ti, para compartir tu historia de alegría y de dolor, para hacerte feliz.
Nosotros buscamos la luz y la luz es Jesús. ¡Cuanta gente vive una guerra entre su mente y su corazón: la paz es Jesús, Él es el príncipe de la paz!
Como Comunidad queremos decirles que no se ilusionen más, no esperen de las tinieblas de este mundo la respuesta que los sacie ¡no es posible! Se los dice una pobre, débil mujer, que el Señor ha llamado para mostrar las llagas más profundas de los jóvenes.
Ellos, que han buscado por todos lados, hasta ensuciarse el corazón y la vida en el pecado, nos dicen que no hay vida fuera de Cristo.
Hoy estos jóvenes son como un cartel indicador para ustedes: quien se sienta sin paz, el que no encuentre la alegría, esté confundido, no logre perdonar, que tome el camino hacia Jesús de Nazaret. Él no es una idea, una religión, una teología para estudiar y luego contarla a los demás, sino que es una persona viva para encontrar. Tenemos la fe puesta en que encontrando a Jesús, tu vida se transforma día tras día.