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La Fiesta de la Vida es festejar a la vida, pero no en general,¡sino tu vida! Toma tu vida entre tus manos y date cuenta de que es un don precioso, importante, único. Estamos llamados a vivir nuestra vida en plenitud, dentro de nosotros. Hay algo grande en nosotros que ni siquiera imaginamos; hay un mundo profundo y precioso para descubrir y desarrollar. Comencemos agradeciendo y sin enojarnos con nosotros mismos, porque el rencor, la ansiedad y los miedos no le hacen bien a nuestra vida. Aprendamos a hacer análisis muy simples, como hacen los chicos y las chicas de la Comunidad y a reconocer qué árbol somos por los frutos que damos. Algunas veces somos como el tiempo, que cambia de repente: desde el sol luminoso de la alegría a las nubes negras del rencor, de los celos. Nosotros somos de naturaleza frágil. No debemos asombrarnos frente a nuestras debilidades, a nuestro voluble cambio de ánimo. No nos culpemos enseguida a nosotros mismos o a algún otro. No hay que culpar a nadie: es tu momento de fragilidad para acoger y superar. Pero debemos reflexionar porque esto nos pone en la condición ideal para conocernos y sobretodo para aceptarnos, y finalmente amarnos así como somos. Siempre tenemos que tratar de vivir en la verdad, porque es desde allí que proviene la verdadera libertad. Es lo que les enseñamos a los chicos que siempre se han escondido, que siempre han mentido. Hoy aprenden a tener una vida trasparente, que todos la puedan ver y aunque herida, lacerada, no importa, porque la vida es el bien más precioso de todos, vale más que todos los millones del mundo. La Comunidad es una familia de Dios. Sobre esta colina hay 24 años de cruces, de dolor, de sangre, de lucha, de batallas cotidianas por la vida, de alegría y de resurrección. Quien llega aquí, a este portón reencuentra la Misericordia, reencuentra a Dios; no una medicina o una terapia. Ninguna pastilla da la alegría de vivir. Ninguna metadona te dará la esperanza de una vida nueva.Ninguna cura solo médica te hará abrazar finalmente tu vida y volverla a sentir como un don de Dios. La Comunidad Cenáculo es fiesta de la vida que renace. Fiesta de una creación que se había vuelto perdición, rabia, lágrimas, venganza, pecado y que a través de la Misericordia de Dios se vuelve sonrisa, alegría, luz… la luz que hoy tenemos en los ojos, luego de algunos meses o años en la Comunidad. La luz que ustedes, familias, están experimentando después de muchos años de oscuridad que han quedado como telón de fondo sobre el cual ves que todo ha cambiado, que Dios nos ha salvado y que la vida esta renaciendo, una nueva historia está comenzando. El ángel Gabriel había dicho a María: “Para Dios nada es imposible”. También de un seno estéril y envejecido como el de Isabel podía nacer la vida. “Para Dios nada es imposible”: también del seno de nuestras familias, que eran ya “viejas” por la tristeza, por el pecado, por la división, por las peleas, por la droga de nuestro hijo…también desde allí la vida puede renacer y desde hace 24 años nosotros, Comunidad Cenáculo, hacemos fiesta a aquel Dios “amante de la vida” que ha cumplido y sigue realizando este milagro. “¡Para Dios nada es imposible”!
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