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Fue una gran alegría haber participado de  la Audiencia General del Santo Padre Benedicto XVI.
La noche del martes 12 de junio, 200 jóvenes partimos desde Saluzzo, provenientes de todas las fraternidades italianas, encomendando el viaje a la Virgen con la oración del Santo Rosario y preparando un canto para el Papa Benedicto y otro para agradecer a Juan Pablo II a los pies de su tumba.
Roma nos recibió en la mañana del miércoles con un sol fuerte y cielo limpio.
Llegados al Vaticano tomamos lugar en la plaza y nos preparamos para  la llegada del Papa con cantos y oraciones. La atmósfera era alegre y contagiosa.  Muchos de nosotros era la primera vez que íbamos a Roma y las ganas de ver en vivo al Santo Padre y de comunicarle nuestra gratitud y nuestra fidelidad  era grande.
La gente a nuestro alrededor nos miraba asombrada por nuestra presencia multicolor y vivaz: las remeras, los pañuelos, las grandes manos pintadas y escritas en varios idiomas… todo para decir: ¡somos felices por ser cristianos y   pertenecer a la gran familia de la Iglesia!
Nuestra Madre Elvira pudo intercambiar un saludo directamente con el Papa. En sus manos estaban las nuestras, en sus ojos llenos de alegría y gratitud estaba nuestra devoción filial y nuestras gracias sincera por todo lo que hace por nosotros y por toda la Santa Iglesia Católica.
Nuestro amadísimo Obispo Emérito, Mons. Diego Bona  vino a nuestro  encuentro y quiso compartir con nosotros estos momentos intensos y profundos.
Terminada la Audiencia    S.E.R. Mons. Angelo Comastri, Arciprete de la Basìlica de San Pedro en el Vaticano, nos acompañó a las Tumbas de los Pontífices,  llegamos a la tumba de Juan Pablo II, donde nos fue concedido  arrodillarnos y entonar un canto de gratitud porque lo sentimos vivo y presente en nuestro camino:  un gracias que continuó en la Basílica donde profesamos el Credo de frente al altar construido sobre la tumba de San Pedro.
 Para concluir  estos momentos profundos de alegría  el Santo Rosario rezado caminando en la Plaza San Pedro, cantos y la S.Misa celebrada en la Iglesia del Estado Alemán en el Vaticano, al final de la cual Madre Elvira nos ha compartido la alegría de su encuentro con el Santo Padre y la felicidad de haberlo vivido con nosotros presentes… a   la  distancia de  unos pocos metros, pero  junto a ella con el corazón.
Y ahora, apenas llegados a nuestras fraternidades, no nos damos cuenta de lo que hemos vivido en aquellas horas. Seguramente quedarán en la memoria como un momento grandioso de amistad sincera, de vida familiar, de pertenencia a la Comunidad, de filial pertenencia al Santo Padre y a la Iglesia.
María Santísima, Madre de la Iglesia y nuestra protectora custodie en nosotros todas las gracias que su Hijo Jesús nos ha concedido con tanta generosidad en esta peregrinación.
A Ella confiamos todo y todos, con inmensa gratitud y con el deseo de que cada criatura humana pueda hacer la experiencia de sentirse hija o  hijo amado por Dios en la Iglesia.

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