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Madre Elvira, acabas de festejar tu cumpleaños número 70. ¿Cómo te sientes? ¡Me siento cada vez con más vida! Digo más viva, no más joven, porque me veo en el espejo : las arrugas aumentan, la columna se dobla… ¡pero la vida no se dobla! El corazón siempre es joven, el corazón se fortalece y se vuelve capaz de arriesgar, de crecer en la fe, la fe que es amor y da se ntido y sabor a la existencia. Siento dentro de mí una energía potente, la fuerza de donar la vida, que me empuja a pensar primero en los demás y sólo después en mis miedos, en mis necesidades de hambre, de sed, de cansancio.
Setenta años de vida, de los cuales viviste cincuenta como consagrada: ¿qué nos quieres decir mirando hacia atrás? Mirando mi historia hoy, a la luz del encuentro con Dios, debo reconocer que Él estaba ya actuando en mi vida. El Espíritu Santo guiaba a mis padres y los hechos para enseñarme cómo debía vivirse la caridad, el amor, el servicio, el apostolado que habría de desarrollar. Dios prepara “sus obreros” con un plan bien preciso. Hoy bendigo el haber nacido en una familia numerosa y pobre, emigrada del sur durante la guerra del 1940-45, haber obedecido a mis padres que nos pedían a mí y a mis hermanos una vida llena de sacrificios. He vivido la dependencia del alcohol de mi padre, mi madre necesitaba salir a trabajar, pues todo el peso de la familia recaía sobre ella. A veces debía permanecer todo el día fuera de casa, era enfermera. Desde pequeña he tenido que pensar en los demás, ésta ha sido mi mayor riqueza y mi primera formación.
¿Tienes algún recuerdo especial de tus padres? Era el período “post-guerra”, había mucha pobreza: hasta los quince años andaba siempre descalza. Luego recuerdo a mi papá que se emborrachaba cada tanto y esto causaba un poco de vergüenza. Cuando venía a buscarme a la escuela, todos los niños me decían: “Mira, Rita, tu papá otra vez borracho”. Tantas humillaciones, tanta pena , que en ese momento podían parecer un sufrimiento inútil. Pero ahora he entendido que el Espíritu Santo también guiaba mi vida a través de la fragilidad de mi papá que a pesar de todo fue mi maestro de vida: no me dejaba ir a jugar porque tenía que cuidar a muchos hermanitos, a veces me despertaba de noche para que fuera a comprarle cigarrillos… Hoy reconozco que todo esto me ha sacado los miedos, me ha enseñado lo que quiere decir el sacrificio, me ha hecho entender lo que es la humillación y me siento una mujer verdaderamente libre, conciente que dentro de nosotros está la fuente del Amor de Dios, que siempre nos permite renacer. Encontrando a Dios también tu pasado se ilumina y se vuelve riqueza.
¿Cómo nació la idea de fundar la Comunidad? Me daba cuenta de que los jóvenes eran abandonados y marginados por esta sociedad de consumo. Me daba cuenta de que en las familias no había más diálogo, ni comunicación, ni confianza entre los esposos ni entre padres e hijos: los jóvenes eran dejados solos y yo los veía tristes por las calles. En la oración me parecía percibir el grito doloroso de ellos. Los jóvenes iban por un camino y nosotros por otro, me hacía sufrir. Sentía un empuje que crecía cada vez más. No era una idea, yo no sabía qué estaba sucediendo, pero sentía como un deber darle a los jóvenes algo que Dios había puesto en mí para ellos. Así vino la llamada de abrirles las puertas a los desbandados, a los drogadictos, a los desesperados que se encuentran en las estaciones, por las calles…
Antes de poder comenzar pasaron muchos años. ¿Ha sido difícil la espera para una mujer de acción? La llamada que viene de Dios te hace obrar y creer en cosas que uno mismo nunca hubiera pensado ni imaginado. No fue fácil explicarles a mis superiores lo que sentía y tampoco para ellos era fácil de entender. Tenían que creer que lo que yo expresaba era verdaderamente de Dios. Muchas veces y durante varios años solicité abrir una casa para estos jóvenes y en respuesta me marcaban mis límites y mis pobrezas: no había estudiado, no estaba preparada… Pero dentro mío se había desencadenado un volcán, y sentía que debía dar una respuesta a Dios que me estaba enriqueciendo con una gracia que tenía que entregar a los jóvenes. Fue una espera dolorosa, pero Dios me dio la perseverancia necesaria como signo de Su paternidad sobre la obra que estaba naciendo.
¿Qué pensaste cuando llegaste por primera vez al portón de la casa de Saluzzo? Recuerdo bien ese día, era el 16 de julio de 1983, fiesta de la Virgen del Carmen y me habían dado las llaves para comenzar. Viendo el estado en que estaba la casa, los que me acompañaban se llevaron las manos a la cabeza: estaba en ruinas, ¡sin puertas ni ventanas, el techo para arreglar, no había muebles, yo no tenía dinero…nada! Pero yo veía ya todo lo que iba a suceder, la veía tal como está hoy: ¡reconstruida, bonita y llena de jóvenes! ¡El Espíritu Santo me ha sostenido, consolado y confortado! Yo pensaba en una casa grande, por lo menos para 50 chicos. Pero al poco tiempo las habitaciones ya estaban extra-llenas, con gran asombro de mi parte y con una lucha interna para decidir cómo seguía. Una monjita con 50 chicos drogados ya era suficiente , pero la vida seguía llamando, los jóvenes venían a la puerta, así fuimos abriendo una casa luego de otra, la Virgen pensaba dónde teníamos que estar.
¿Por qué elegiste el nombre de Comunidad Cenáculo? Quería alguno que tuviera que ver con la Virgen. Entonces nos preguntamos: ¿dónde se encuentra la Virgen en la Biblia? Un lugar era el Cenáculo, con los apóstoles encerrados y llenos de miedo después de la muerte de Jesús. Pero luego con María llega el Espíritu Santo y se transforman en testimonios vivos llenos de coraje. Nosotros también amamos llamarnos una “Comunidad de pecadores públicos”, pecadores que quieren revelar al mundo la infinita y grandiosa misericordia de Dios. Este es nuestro mensaje, queremos ser esperanza viva de una misericordia siempre presente, siempre activa, siempre nueva sobre todos.
¿Hubo controversias cuando se abrió la Comunidad? ¡No estaban todos contentos al principio! Me las han dicho “de todos los colores”. Algunos no me saludaban más. Decían con desprecio: ¡drogadictos…! ¡Qué hace esta monja con los drogadictos! Es verdad: yo no tengo instrucción, no conozco otros idiomas y soy conciente de esto. Pero la cosa más linda del mundo es aceptarnos así como somos , Dios hace lo demás. Aquí aprendí lo que es el carisma, una palabra que no conocía: es algo que los demás no pueden entender y que tampoco uno entiende, pero ves que las cosas que haces te llevan en una dirección que también es nueva p ara ti. Y poco a poco iba avanzando, ves que Dios te confirma y te guía en la vida concreta. No es algo calculado o programado, sino que es una novedad también para ti.
¿Cómo fueron los comienzas desde la nada, es decir, sin dinero? Al inicio hemos vivido mucha pobreza porque no teníamos nada, sólo la certeza de la confianza en Dios. Recuerdo que un señor nos trajo la máquina para cortar el pasto y todo lo necesario para arreglar la casa: ese fue uno de los signos de la Providencia que me hizo abrir los ojos y darme cuenta de que lo que estaba comenzando era obra de Dios. Muchas veces tuve que “poner la cara”. Una vez nos quedamos sin gas. Fui con el Fiat 500 a un negocio: “Disculpe, necesitaría un tubo de gas. Pero no tengo dinero” y la señora me respondió: “¿Cómo? ¡Una monja no puede “manguear” así! Qué quiere, tenemos todo el mercado detenido, en el exterior no compran nada más, estamos en un mal momento, hermana, un mal momento…”. Y yo decía: “Está bien, no importa, señora, me habían dicho que viniera aquí… de todos modos no importa”, y encendí el auto para ir a otro lado. Mientras se acerca y me dice : “¡Hermana, hermana, espere, espere un momento! Francesco, dale un tubo, pero pequeño”. Cuando lo puso en el auto le agradecí y le dije: “Señora, rezaremos por usted”. Luego de quince días fui otra vez y me dijo: “Hermana ¿que ha hecho?” Se han abierto todas las puertas en el exterior! Mi hermano estaba allá y todo se ha resuelto. Hermana, mire,¡no le faltará más el gas!” Y me dio dos tubos grandes de gas. Después vinieron a casa, instalaron una cisterna y ahora son tantos años que el camión pasa carga la cisterna y se va. Cuando vas en el nombre del Señor tienes una fuerza que no es tuya. Y no te importa nada “perder la cara”, que te hagan reír o llorar no importa.
¿Cómo progresa la Comunidad viviendo sólo de la Providencia? Entendí que no debíamos apoyarnos en las seguridades humanas que nos ofrecían del Estado o de los padres, dispuestos a dar todo para salvar a sus hijos de la drogadicción. Me di cuenta que debía proponer el amor de Dios y confiar totalmente en Él. Por este motivo era necesario excluir de nuestra vida lo que vuelve a los hombres falsamente “seguros” : el dinero. Cuando tienes dinero te sientes más fuerte, más potente y a veces también más prepotente, así como hacían los chicos cuando tenían dinero en el bolsillo. Los drogadictos no pueden entender el Amor de Dios, sólo ven tu amor. Fue una gran elección de libertad que la Comunidad ha hecho. Pero el motivo fundamental era demostrarles a los chicos que Dios existe verdaderamente, que Él es un Padre interesado por sus hijos y que la Providencia nos vigila y nos cuida día y noche. ¡Y en estos años ,lo puedo testimoniar con alegría, nunca ha faltado a la cita!
¿Qué proyectos tienes para un futuro inmediato? Nunca he programado, calculado o decidido el camino. Nunca hubiese pensado que iba a abrir tantas fraternidades en tantos países distintos, que iba a ver nacer las misiones, que iba a enviar como primeros misioneros a los jóvenes “renacidos” a una vida nueva. He visto que se nos unen las familias, hermanos y hermanas consagradas, jóvenes voluntarios que donan gratuitamente la vida. Soy la primera que vivo con asombro lo que el Señor está obrando y deseo una sola cosa: continuar confiando en Él, sin la pretensión de conocer su voluntad ni un instante antes de que se realice. ¡Queremos seguirlo allí donde su mano nos conduzca , con la certeza de que María está con nosotros y que Dios Provee!
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