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...desde Rusia:

Queridísima Madre Elvira:
                                           Soy Marco, tengo 24 años, soy italiano y vivo en la fraternidad de  Rusia.
Estoy muy contento por lo que estoy viviendo,  cada día las dificultades que afronto, los sacrificios que hago,  hacen crecer en mí la vida y la alegría.
Con los chicos, "mis hermanos",  estamos  aprendiendo a crecer, a  madurar, a responsabilizarnos, pero sobretodo  aprendemos a rezar para ver  la alegría cotidiana y la belleza de la vida.
He constatado que Jesús siempre escucha  mi oración, abriendo mi corazón al servicio, a la paciencia, a una amistad verdadera, transparente y desinteresada en  la cotidianidad, viviendo bien "un día a la vez". Siempre he deseado una familia, y hoy en Comunidad vivo como siempre he soñado: puedo dialogar, expresarme, compartir, hacer la revisión de vida, perdonar, recomenzar. Antes  era mudo, miedoso y desilusionado porque  muchas  veces esperaba  la llegada de mi papá para sonreírle, pero nunca llegó.
Es hermoso vivir en una familia cristiana que confía en la Providencia.
Un ejemplo concreto de cómo Jesús escucha nuestra oración y de cómo la Providencia llega siempre en el momento justo, lo hemos vivido estos últimos días. Siempre teníamos pocas cosas para comer: poca leche, a veces no había harina ni siquiera para el pan, queso, azúcar… nunca vistos. Nos arreglábamos con lo que teníamos: pasta y papas  hasta para  el desayuno. Nos confiamos a la Providencia rezando una novena durante la noche. Pensaba que al décimo día  íbamos a recibir de todo,¡pero no fue así porque los tiempos del Señor no son los nuestros!
Así después de la novena, pasamos una semana luchando para no dejarnos vencer por la tentación de comprar algo. Quisimos  seguir  confiando en la Divina Providencia.
Cuando llegó el tiempo de Adviento muchas personas vinieron a nuestra casa trayéndonos todo aquello que necesitábamos: sal, leche, queso… hasta los cubos para la sopa.
Con mucha  alegría lo compartimos con nuestros vecinos del Internado dónde hay niños y ancianos.
Entendí que Jesús no nos desilusiona, que debemos aprender a creer, creer, creer y… esperar con confianza.
La fuerza de perseverar también en medio de  las dificultades la recibo de todo el bien que me ha dado   la Comunidad, de tu ejemplo, querida Elvira, y de todos los que viven contigo este Cenáculo guiado por la Virgen.

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