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“El corazón de la Cuaresma es Jesús Crucificado”
Queridísimos todos los hermanos y hermanas, jóvenes y niños de nuestras casas, familias, amigos: En este camino Cuaresmal que iniciamos juntos, tratemos de vivir y experimentar la sanación de cada malestar profundo, interior, real. Los invito a detenerse y contemplar más intensamente durante este tiempo a Jesús Crucificado, para entrar más profundamente en el amor ilimitado de Dios que se ha hecho hombre en Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Sobre todo cuando la lucha y las tentaciones nos ultrajan (acechan), arrodillémonos delante del crucifijo. Allí, se pacifica nuestra mente, que sana de los recuerdos del pasado que nos han hecho mal; allí, delante de su Silencio, Jesús nos enseña a callar; allí aprendemos la escuela del Amor verdadero, que transforma nuestras cruces cotidianas en espacios de fe y de vida nueva. Les pido una atención especial para hacer este camino dentro de nosotros, mirar más hacia adentro que hacia lo exterior, para escuchar a Jesús que le habla a la vida que se mueve y se desarrolla dentro nuestro: ¡que nadie piense que es demasiado! Miremos con los ojos fijos al Hombre que quiso donarnos la paz profunda y la alegría verdadera callando frente a las provocaciones, resistiendo al mal que se había desencadenado contra de Él, amando y perdonando en el silencio de la Cruz, contemplando a Jesús nos dará la fuerza para cambiar. El Señor de la Vida junto a María, Su Madre y nuestra Madre, nos acompañan gozosos hacia la Luz de la victoria del Amor sobre la muerte, en el día de Pascua. ¡Feliz Cuaresma a todos!
Vuestra Madre Elvira
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