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FESTIVAL DE LOS JOVENES EN MEDJUGORJE 8 de agosto 2014
“AQUÍ AQUÍ TIENES A TU MADRE”
Queridísima familia cenacolina, Algunos de nosotros, hermanas y sacerdotes, misioneros y misioneras, jóvenes y chicas, hemos tenido el gran don de poder participar en el Festival de los Jóvenes que hace 25 años se realiza en Medugorje. El lema de este año se tomó de la frase que Jesús en la cruz le dijo al apóstol Juan, y cuyo eco todavía hoy resuena, en especial en esa tierra en la que Jesús parece querer decirnos a cada uno: “¡Aquí tienes a tu Madre!” Madre Elvira este año se quedó en casa, en un primer momento nos sentimos como inadecuados para llevar su empuje, su alegría y su fe, pero luego sentimos cómo nos carga las pilas sentir la confianza y el amor que siempre tiene por cada uno de nosotros. El domingo fue el día en que nuestra Comunidad testimonió con cantos, bailes, son risas y también palabras, la alegría de una vida resucitada, reencontrada, de un camino que, de las tinieblas ahora está en la luz, y con alegría quiere dar esta luz al mundo entero. El Padre Ivan presentó los testimonios, llevando a todos el saludo de Madre Elvira, especialmente a los jóvenes. Recordó cómo ella no tuvo miedo de ensuciarse las manos para recogernos -perlas preciosas caídas en el barro- de cuánto coraje tuvo al proponernos un camino de vida exigente y para nada fácil, y cómo todo lo que hizo fue obra de Dios y de los dones que Él le dio. Luego testimonió la familia de Carlo y Shannon compartiendo con sencillez el miedo que tenían de hablar delante de tantos jóvenes, pero mirando su amor reconocieron cuánto tienen que agradecer y también que donar. Después nos invitaron a intercambiar sonrisas recordando las palabras de Madre Elvira: “El amor de una sonrisa enciende la vida”. Muy conmovedores y llenos de esperanza fueron los testimonios de Florance y de Marisa. Los jóvenes del Festival las escucharon en silencio y con atención, estallando en aplausos de solidaridad y alegría más de una vez. Nuestras chicas abrieron sus corazones en la verdad, contando cómo en el sufrimiento, la Comunidad las llevó, con la oración y el encuentro con Dios, a la sanación, a la resurrección y ahora al deseo de hacerse don para los demás. Esa misma noche, nuestros jóvenes representaron el musical bíblico “Credo”, al que cada año se le cambian y ag regan escenas nuevas. En efecto, una de las nuevas escenas y muy conmovedora fue la de la multiplicación de los panes y los peces, donde un joven da con alegría sus cinco panes y dos peces a Jesús, que gracias a este gesto de amor gratuito puede hacer el milagro. La parte más emotiva fue cuando los chicos del escenario partieron y compartieron con el público el pan multiplicado. Fue como si ese hecho, ocurrido en un tiempo tan lejano -preludio de la Eucaristía, Jesús se hace pan- hubiera roto los esquemas del tiempo llegando a nosotros hoy y continúa alimentando a las multitudes hambrientas de verdad, de Él. Más allá del esfuerzo de esta jornada de testimonios, pudimos ver que nuestros chicos y chicas saben entregarse con alegría recibiendo a los peregrinos y solucionando imprevistos. El domingo a la mañana fue bello levantarnos más temprano para unirnos al sacrificio de los que tenían que hacer el último ensayo del recital, ya que este año, a último momento, bien al estilo comunitario, se agregó el texto en croata, por lo que cambiaron los tiempos escénicos. Nuestros “actores” comenzaron el ensayo a las 5 de la mañana, mientras que nosotros nos arrodillamos frente a Jesús Eucaristía para pedirle al Espíritu Santo la gracia de guiar todas nuestras acciones y palabras del día. Fueron muy fuertes las palabras de Fray Marinko, quien delante de una multitud de jóvenes, antes del recital, dijo que los habitantes de Medjugorje quieren mucho a la Comunidad Cenacolo, pues recuerdan que durante la guerra nos quedamos y eso el pueblo no lo olvida más. Gracias Señor Jesús porque además de habernos dado como madre a Tu Madre María, que nos protege con Su manto; nos diste otra madre en Madre Elvira, una madre valiente, concreta, alegre, que no tuvo miedo de desilusionarnos al pretender de nosotros sacrificios y renuncias para ayudarnos a tomar de la mano nuestra vida casi apagada. Gracias porque ella siempre nos llevó a Ti.
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