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“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto…” (Jn 15, 5)
¡Qué bello poder compartir con todos ustedes lo que está pasando en la casa de Argentina! Este año, el ocho de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, festejamos los ocho años de vida de la fraternidad “Nuestra Señora de Luján” y el primer año de la fraternidad de Mercedes, “Nuestra Señora de la Divina Providencia”. La primera fraternidad se encuentra cerca de la ciudad de Pilar, distante 70 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, y está ubicada en una zona bellísima de grandes campos. Nuestra casa alberga sesenta jóvenes de todas las edades ¡y el trabajo no falta! Repensando el comienzo cuando todo costaba tanto, hoy podemos contemplar lo que hizo Dios en Argentina en estos och o años de vida. El año pasado habíamos hecho una pequeña casa para los que trabajan con los animales y este año construimos el establo, la quesería y un cuarto para trabajar con la carne…sin contar la Providencia de animales: vacas, terneros, cerdos, gallinas, pollos…¡y el más grande signo de la Providencia: los Amigos! ¡Gracias a ellos, a su tenacidad en la oración, a su presencia fiel va adelante esta obra de Dios! La tierra argentina es muy fértil y cosechamos gran cantidad de maíz con el que alimentamos a los animales. De las vacas obtenemos mucha leche lo que nos permite producir el queso, la manteca, el mascarpone y el “dulce de leche”, que es como el “Nutella” para nosotros los italianos. La huerta es muy grande y cosechamos toda clase de verduras, especialmente los tomates para hacer salsa. Otro aspecto importante es que los jóvenes aprenden a trabajar; muchos de ellos llegan a la Comunidad desde la calle, desilusionados y tristes y ahora los vemos trabajar con alegría: hacen el queso, la salsa, trabajan en la carpintería haciendo muebles, cuidan a los animales y especialmente, a través de la oración y el sacrificio le dan un nuevo sentido a sus vidas. Ahora estamos construyendo una carpintería nueva, la Providencia no se hizo esperar, llegaron los ladrillos, el cemento y la cal, sin contar las máquinas, que aunque son un poco viejas, son útiles para los jóvenes que están aprendiendo el arte de la carpintería haciendo puertas, ventanas, armarios y muebles de todo tipo, bajo la mirada y el consejo de un misionero encargado de enseñarles este trabajo. Otra cosa bella que vivimos son los testimonios en escuelas y parroquias, donde nuestros jóvenes renacidos pueden llevar esperanza a muchos chicos que todavía están vacíos y tristes. También los coloquios se realizan en otros lugares del país gracias a los amigos fieles y a algunos chicos que ya salieron y están en las provincias. Para el aniversario de la casa tuvimos la gracia de tener dos sacerdotes de la Comunidad: Padre Eugenio y Padre Michel, quienes pasaron Navidad con nosotros. Gracias a su presencia pudimos tener una “Fiesta de la Vida” con nuevos cantos y un momento muy fuerte de Adoración Eucarística con muchos abrazos entre hijos y padres y con los amigos, con los que entre risas y llantos fuimos descubriendo el rostro de Jesús. Además, el 8 de diciembre se realizó en Argentina una jornada de ayuno, y fue muy bello ver cómo la pudimos mantener sin que ninguno se “explotara”. Nuestro Obispo, Mons. Sarlinga, durante la Santa Misa, dijo que estaba feliz de compartir un poco de su tiempo con nosotros y después puso fin al ayuno con unos ricos sándwiches: ¡nos sentíamos en familia! Algunos jóvenes de Mercedes y de Pilar recibieron los Sacramentos de la Confirmación y de la Comunión, fueron preparados por el Padre Carlos y el Padre Diego junto a Padre Eduardo y a Padre Pérez del Lago. Por la noche los jóvenes propusieron una representación sobre un joven que se pierde por el camino equivocado, también participaron los amigos y algunos padres, que conocieron la vida comunitaria durante algunas semanas en los ensayos. Fueron días intensos de oración y de trabajo que nos ayudaron a entregarnos y a crecer. Al día siguiente, también la casa de Mercedes cumplía su primer año. La Santa Misa se realizó en la iglesia que ya estaba en el lugar y que a nosotros nos parecía muy grande, pero quedó pequeñísima por que vinieron casi todos los presentes el día anterior y más amigos de Mercedes. La Santa Misa fue presidida por el Padre Michel, su simplicidad nos ayudó a vivir mejor el Día de la Inmaculada. Luego visitamos los trabajos realizados: la cocina y el comedor, los baños, la huerta y la capilla. También la casa de Mercedes, con sus veinte jóvenes, va caminando y construyéndose lentamente, gracias a su pequeño grupo de amigos y a la fidelidad de Padre Bruno y de padre Ignacio y a los fidelísimos Padre Carlos y Padre Diego, quienes comparten la vida comunitaria con nosotros. La casa de Mercedes es una vieja construcción con muchos edificios, el nombre de la casa, “Nuestra Señora de la Divina Providencia” es porque durante muchos años fue una de las casas del Beato Don Orione. No falta el trabajo ni la voluntad para hacerlo. Se han sembrado los campos que son muy grandes, se nota que la tierra no fue trabajada desde hace muchos años pero con el tiempo y la oración, dará a su debido tiempo frutos en abundancia. Gracias Jesús y gracias María por habernos traído a esta tierra generosa donde tantos jóvenes perdidos están recobrando la esperanza; los que se acercan a los coloquios son muchos y estamos rezando por una casa de mujeres y otra de niños. ¡Recen con nosotros para que se puedan cumplir los proyectos de Dios! Los saludamos y los bendecimos…y si alguno tiene el deseo de la misión: ¡¡los esperamos en la Argentina!! ¡ Abrazo!
Los hermanos misioneros de la “pampa” argentina |