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Querida familia del Cenacolo,
Deseamos compartir con ustedes el  evento más importante que sucedió en el Cenacolo africano: ¡llegaron los primeros hijos!
Luego de mucha espera, de la oración de todos ustedes y de obtener el permiso del Estado, recibimos los primeros cinco niños. Todos ellos habían estado anteriormente, por un periodo en la casa de Madre Teresa, que normalmente recibe niños enfermos hasta que se curan. Sucede que alguno es abandonado o huérfano, entonces la Congregación de la Santa de Calcuta decidió encomendárnoslos. Antes de recibirlos fuimos a visitarlos varias veces; estábamos un poco preocupados por su reacción al ver gente blanca (para muchos, especialmente para los más chicos a veces resulta trágico el primer impacto) pero ¡milagro! No hubo ningún llanto ni miedo. Los niños eran sociables, están acostumbrados a ser atendidos por muchas personas que son su  familia “extendida”: todos se sienten hermanos.
Se imaginan cuánta alegría nos dieron a todos, especialmente al primer grupo de tíos que desde hace casi dos años que están trabajando, construyendo, para  preparar un lugar acogedor para los niños, ahora todo tomó más vida. Su presencia hizo dar un giro a toda la casa y primero que todo a nosotros, que ahora estamos con juegos, representaciones, pruebas de música, escuela, pequeños trabajos, todo en estilo africano; y luego a nuestro alrededor: manos en las paredes, pañales, potentes voces estilo Góspel que animan la oración y nos dicen ¡NOSOTROS NO ESTAMOS MÁS SOLOS!
Les contaremos algo de cada uno. Los cinco magníficos se llaman comenzando por el más pequeño: Kelvin, de un año, John, de dos años, Ibrahim, de cuatro años, Mohammed, de siete y Emanuel de once años. Es un fantástico equipo. Los más pequeños viven con tía Ekaterina y tía Sabina, quienes tratan de enseñarles un inglés sin acento búlgaro ni esloveno, pero los niños permanecen fieles a su “inglés –liberiano” llamándolas SISTER-OOO! o MA-MA-OOO! (las palabras auntie-tía y uncle-tío
no están todavía en su vocabulario)! Son una gran satisfacción para las tías y especialmente para la cocinera, sor Verónica, porque son capaces de comer un buen plato de arroz y mucha sopa local con peperoncino… Papas y banana pisada, ¡tienen un estómago de leones! A Kelvin le están saliendo los primeros dientecitos y todavía tiene que aprender a gatear, está un poco atrasado para su edad por la tuberculosis y la desnutrición; John en cambio, es un tipo tranquilo, reflexivo, ama mirar la foto del Papa, de los hermanas y hermanos consagrados, junto con Ibrahim todos los días saluda a Madre Elvira y le manda muchos besos. Ibrahim es nuestra estrella, es un niño especial, sensible, afectuoso con todos y desde que llegó hizo muchos progresos. Las hermanas de la Caridad nos habían dicho que cuando  llegó el más pequeño, ellas pensaban que no iba a sobrevivir y de Ibrahim pensaban que nunca caminaría, en cambio hoy podemos contemplar la Gracia de Dios operando en sus vidas.
Mientras la tía Gabri se dedica a la sastrería para las necesidades de los niños, sor Brigitta cuida la huerta  y guía la oración, animando los primeros sábados del mes la Adoración abierta a todos, especialmente a los  parroquianos del P. Adrián. A pesar de vivir con nosotros que siempre estamos corriendo, los niños mantienen su ritmo, por lo que las tías se deben “liberianizar” adaptándose a sus tiempos… porque en África en vez de “GMT –Meridiano de Greenwich” solo funciona el “BMT – Tiempo de hombre negro!”
Los más grandes viven con los tíos Nick y Martin… los dos músicos, uno americano y el otro escocés: no sabemos qué inglés eligirán… ¡pero seguro que aprenderán a tocar la guitarra!
Ya descubrimos el talento de Emmanuel: ama tocar el bongó, envolviendo a todos en los ritmos tradicionales con los que transforma nuestras canciones. Mohamed, en cambio, es un futbolista, sueña con ser un Messi, como estuvo tres años con las hermanas de la Caridad, siempre jugó con la pelota de los niños chicos, pero ahora tiene a su disposición un bello campo y una pelota de futbol de verdad.
Cada día, entre el trabajo y las diversas actividades aprendemos a conocernos mejor, hacemos un poco de escuela por la tarde, a veces nos deleitamos con alguna representación evangélica, y nunca faltan los juegos, de los que también participan los niños vecinos y los ancianos como papá  Giorgio, que como buen abuelo, les presta mucha atención.
Los tíos Nick y Martin todas las mañanas parten con los niños, con botas de goma y machete, hacia la JUNGLA. Regresan para el almuerzo, sudados pero cargados de bambú, hojas de palmera, postes de madera, y a veces alguna fruta encontrada en el camino, todo esto para construir el pequeño invernadero de la huerta. ¡Ahora nuestros héroes se están esforzando para salvar la  precaria situación de la huerta y de  los peperoncino (ajíes picantes) de Nick! Es la estación de las lluvias, las plantas están sumergidas y los canales por los que drena el agua están rebalsados, como los canales de Venecia, ¡así que el grupo de tíos venecianos, Riccardo, Gabriella y sor Verónica, se sienten como en casa!
Estamos todos implicados positivamente en la nueva etapa de nuestra misión, cada uno a su manera, el que cuida la casa, el que hace las comisiones, el que va a la parroquia del Padre Adrián. El Padre, en efecto, cada vez nos incluye más en la realidad de Liberia, nos manda jóvenes para hacer experiencia, o nos pide que  tomemos parte en la organización de representaciones con los jóvenes, especialmente en los momentos fuertes del año poniéndonos en contacto con la realidad más necesitada. Hace poco, un grupo de nosotros estuvo haciendo reparaciones en un instituto de niños sordo-mudos que desde el principio son nuestros amigos. Con su silencio nos comunican mucha alegría de vivir y aunque no lo expresen con palabras, sus ojos y sus rostros  transmiten mucha alegría.
La Providencia se hace presente, gracias a la presencia de muchos amigos y misioneros que en seguida nos ofrecieron su ayuda en las pequeñas y grandes cosas, verdaderamente no nos falta nada, ni en lo material ni en lo espiritual y les agradecemos porque nos han sostenido con la oración.
Es bello percibir como  gracias a la Fe somos una gran familia donde cada miembro se preocupa por las necesidades del otro. NO NOS SENTIMOS SOLOS, están con nosotros: las hermanas de la Consolata, las hermanas de la Caridad, sor Barbara con las franciscanas misioneras de María, P. Gary con la SMA, el Arzobispo y muchos sacerdotes que conocimos en diversos encuentros, el Nuncio, su secretario, las  Hermanas españolas, y muchos, muchos otros que con paciencia nos ayudaron a entrar en la realidad misionera de Liberia, nos sentimos sus hijos y queremos seguir su ejemplo.
Agradecemos a Dios por el tiempo transcurrido hasta hoy, que nos formó y preparó para esta nueva página de la vida misionera, agradecemos a cada uno de ustedes, jóvenes de la Comunidad, consagrados, hermanas, familias, misioneros, niños, padres, amigos por todas las oraciones y los sacrificios que  nos permitieron estar aquí hoy para servir a los pequeños. Les pedimos que sigan rezando por nuestra misión en este nuevo comienzo y que se llenen muchas camitas.
Un gracias especial a ti, queridísima Madre Elvira y a P. Stefano, por la confianza en nosotros y en la Virgen, la REINA DE LA PAZ que nos guía y protege!!!
Los encomendamos a todos ustedes a Ella, para que  siga escuchando sus necesidades y deseos…

Tías, tíos, hermanas y niños de la Comunidad Cenacolo de Liberia 

 

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