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En una tibia mañana de junio, partimos a España para esta bella aventura de la inauguración de la segunda casa del Cenacolo. El viaje fue bueno, la Virgen y los Ángeles nos acompañaron con su protección y custodia. A la noche llegamos a la fraternidad “Sagrado Corazón de Jesús”, la primera casa en España, donde se habían reunido las familias, los amigos, sacerdotes y religiosas, llegados de diversos pueblos y lugares, para celebrar junto al Obispo de Terrassa, SER Mons. Saiz Meneses, el segundo año de vida de la  fraternidad, que está en una antigua casa parroquial, sumergida en el verde. Allí  pudimos agradecer los numerosos trabajos de reestructuración realizados en estos dos años. El sábado partimos temprano para la inauguración de la nueva casa. El tiempo estaba nublado y casi todo el largo viaje llovió abundantemente, pero cuando llegamos al lugar donde se encuentra la casa, el cielo estaba sereno. Por la lluvia había mucho barro y en una curva el pulman se empantanó, por lo que nos vimos obligados a caminar la última parte. Llegamos a una antigua propiedad rodeada de montañas donde se divisa un  bosque enorme. Con sol y algunas nubes, pero sin lluvia, el Arzobispo de Terragona, SER Mons. Jaume Pujol bendijo la casa y agradeció a Madre Elvira, al P. Stefano y a las numerosas personas que sostuvieron esta obra con la oración, también a las personas que se habían hecho cargo de la casa hasta este momento.
“Es un día de agradecimiento –dijo-  porque esta nueva casa dará mucha gloria a Dios y le hará muy bien a toda España. Oración, trabajo, amistad, con estas tres palabras, la Comunidad ha sido Providencia para miles de personas que pasaron de las tinieblas a la Luz. Los jóvenes que vivirán en esta casa llegaron el día de la Visitación de la Virgen María, y se inaugura hoy en otra fiesta mariana, el Corazón Inmaculado de María. Por eso, la fraternidad se llamará ‘Nuestra Señora de Misericordia’”.
El Arzobispo se refirió al Evangelio del día, en el que María y José pierden a Jesús: “Ellos no tenían la culpa de haberlo perdido, porque Jesús les dijo que estaba buscando a Su Padre. También nosotros muchas veces lo perdemos de vista… ¿Entonces qué debemos hacer? Buscarlo. Como ellos volver al punto de partida y recomenzar. Ustedes, jóvenes, ahora tienen la posibilidad de revivir la experiencia de José y María: ¡Encontrar a Jesús!  Es lo que todos necesitamos. Les deseo que lo encuentren en esta casa, que puedan ser ángeles custodios que lleven a otros chicos mucha alegría, los encomiendo a San José y  a la Santísima Virgen. Que el Señor los bendiga.”
Al finalizar la Misa, el Padre Stefano también realizó un agradecimiento: “Gracias, porque nació un hijo. Gracias no sólo por el nuevo hijo sino también a los que lo dieron a luz. ¡Hoy el corazón de Madre Elvira está feliz porque cuando nace una casa nace mucha vida! Una vez Madre Elvira nos dijo que este Evangelio del Niño perdido en el templo es realidad hoy. ¡Cuántos padres pierden a sus hijos adolescentes! Cuántos adolescentes no encuentran en su casa lo que buscan. Jesús adolescente encuentra la respuesta en Dios, en su Padre, en el Templo. Esta semana los jóvenes limpiaron muy bien, había mucho que hacer! Qué bello cuando la vida nos pide un poco más de sacrificio, porque en el sacrificio, aunque no tengamos todo, se puede ser feliz. Es una alegría poder embellecer  la creación que Dios nos regala con nuestro trabajo y nuestro tiempo. La primera Providencia es Jesús, luego, la oración. En fin, jóvenes, no habría casa sin esto. El primer joven a recibir en esta casa es Jesús. Solo si lo recibimos a Él habrá vida en la casa.”
Al finalizar la Santa Misa, los jóvenes ofrecieron un almuerzo. A la tarde, algunos jóvenes y sus familias dieron testimonio de sus vidas resucitadas. Vivimos momentos emocionantes contemplando la obra de resurrección interior de padres e hijos luego de momentos de sufrimiento. A la noche realizamos una bella Adoración con los padres, todos agradecían con el corazón conmovido.
Vivimos dos días tocando con la mano el Corazón bueno de Jesús y el de María, que nos custodiaron y abrazaron. Los padres, llenos de esperanza, retornaron a sus casas, los jóvenes comenzaron su camino y nosotros regresamos a Italia con el gran don de haber contemplado las maravillas que hace la Misericordia del Señor y más firmes en nuestra fe.

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