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Domingo 19 de mayo de 2013

¡Buen día Espíritu Santo, buen día Vida mía!
En la Casa de Formación, en la pequeña capilla, a las 7.30 de la mañana se canta con el corazón abierto: “Día de inmensa alegría – en la ciudad de Dios - la llama del Espíritu Santo resplandece en el Cenacolo…” Hoy es un día especial: ¡es Pentecostés! El Espíritu Santo descenderá abundantemente sobre nuestra Comunidad. Es el día de los sacerdotes, de las hermanas, de los hermanos consagrados; es el día en el cual seis novicias (Federica, Anna, Maddalena, Martina, Antonietta y Doris) recibirán el velo y seis hermanas (sor Susan, sor Lina, sor Lucía, sor Marika, sor Mely y sor María Pia) profesarán su sí para siempre al amor de Dios y de los hermanos. ¡Es el día en que todos renovarán las promesas bautismales! ¡Es el día del Sí a Dios: “Ven Espíritu Santo y renueva nuestros corazones!”
En Saluzzo, bajo el gran toldo, las personas llegan una tras otra: sacerdotes, parientes, jóvenes, chicas y amigos. Se observa el cielo – “esperemos que no llueva”- el azul se hace camino en medio de las nubes.
Comienza el Rosario, luego la procesión con la que se inicia la Santa Misa. Es un momento solemne, el corazón late fuerte, de alegría y espera… ¡esperemos que salga todo bien!
El obispo, S.E.R. Mons. Giuseppe Guerrini, comienza la celebración litúrgica. Las novicias, llamadas por su nombre, gritan su “heme aquí”; luego, en el escenario Madre Elvira  les entrega el velo junto a las hermanas que las acompañaron en esta  importante etapa de su camino. Y ahora… sí, se dan vuelta con la cabeza cubierta por el velo blanco con el borde azul: ¡pertenecen a Jesús de la cabeza a los pies! Son felices, brillan sus ojos. Algunas lágrimas descienden por las mejillas de los rostros emocionados de mamá, papá o algún hermano: todo se hace grande y profundo si participa en la grandeza del proyecto de Dios.
Luego vino el momento de las profesiones perpetuas. Las hermanas fueron llamadas una a una, para pronunciar su “eccomi” y pidieron ser admitidas en la familia de las Hermanas Misioneras de la Resurrección. Las piernas tiemblan: es un “sí” para siempre, es una elección de vida, es… ¡para siempre! ¡Es profunda unión con Jesús!
En la homilía, el Obispo habla de la vida consagrada, cómo  se le ofrecen a Jesús todas las acciones, comportamientos, cosas que en la vida laica son legítimas, positivas y hacen a la libertad personal: la elección del trabajo, la cuenta en el banco, la decisión de  dónde y con quién andar… ”Señor, te ofrezco mi vida, te la devuelvo, te doy mi libertad, hoy  me encomiendo a Ti, te doy todo lo que me preocupa ¡y Tú me darás tu fuerza y proveerás!” Luego el Obispo dice que el Paráclito es Quien escucha todos nuestros pedidos de ayuda, es El que siempre está con nosotros. Es el regalo que Jesús nos deja luego de su muerte y resurrección.
Entonces, cada hermana hace su profesión perpetua sobre el escenario, pronuncia su sí definitivo al amor de Dios y de los hermanos más pobres y necesitados, a través de los votos de pobreza, castidad, obediencia y servicio y amor a los pobres para toda la vida. ¡Ya está dicho!
La Misa continúa. Llega el momento de las letanías, de la intercesión de los Santos: la tierra y el cielo se unen, entran en comunión, Se siente en el aire, su presencia  alrededor nuestro: son muchos, están vivos y es como si dijeran “¡Aquí estamos. Estamos con ustedes!” Juntos correremos por las calles del mundo para llevar a Jesús, con la palabra, la mirada, con las manos, los pies, con el corazón. ¡Hablaremos de ese Amor que nos ha encontrado, sanado, apasionado, ligado y que no queremos dejar más!
Otras Hermanas renuevan sus Votos por un año: sor Paola, sor Nina y sor Daniela. Luego de la Eucaristía, Madre Elvira, sor Aurelia y las Hermanas más antiguas en el camino renovaron sus Votos. Fue otro momento fuerte: se ve, se siente la solidez de una fe construida a través de los años en el esfuerzo, las luchas, alegrías y desafíos de la cotidianeidad.
Entonces, abrazos, felicitaciones, augurios de parte de todos: familiares, sacerdotes, hermanos, hermanas, amigos… somos una gran familia.
A la tarde, luego de la Coronilla de la Divina Misericordia delante de Jesús Eucaristía, renuevan los votos los sacerdotes y hermanos consagrados. Padre Stefano comienza pidiendo perdón por todas las faltas cometidas en el año; es un momento profundo donde toda la fragilidad humana encuentra la misericordia de Dios, donde se percibe la conciencia del ser humano frente a Su grandeza. Todo esto nos hace más hijos y más necesitados del abrazo del Padre. Después la renovación del sí a los Consejos evangélicos.
La fiesta sigue a la tarde con bailes, testimonios, cantos y representación evangélica.
Pero lo más importante es esta alianza estipulada, estos esponsales, este “SÍ” que permanece para toda la vida.
Y después, marchamos, a donde el viento del Espíritu soplará. “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación...” (Mc 16, 15)
¡Un gracias muy grande a todos!
Sor María Pia

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