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El domingo 16 de diciembre celebramos la Santa Navidad junto a las familias de los jóvenes de la Comunidad en el Centro deportivo de Cuneo. El tiempo nos favoreció: fuimos bendecidos con una bella jornada de sol que ayudó a los que venían de lejos. El día comenzó con canciones y bailes; luego el Santo Rosario, seguido de un momento de Adoración Eucarística, en el que P. Stefano, recién regresado de un viaje a la Argentina junto a P. Ivan - donde se abrió la segunda casa - nos recordó la importancia de renovar, profesar, proclamar el Credo, en este año que el santo Padre dedicó a la Fe; fe en el Padre Creador, en el Hijo Salvador y en el Espíritu Santo que es el Amor que nos da vida.
En la homilía nos recordó que Jesús descendió a nuestra humanidad, se hizo cercano, viene hoy para cada uno de nosotros. El corazón de Dios nos busca e hizo de todo para que podamos volver a encontrar la alegría luego de la caída en el pecado. Dios es la fuente de nuestra  alegría. La Navidad es la hora de la salvación y el tiempo de la alegría, en el que Dios, hecho hombre, derrotó el mal que desde siempre nos hiere y quiere sacarnos la alegría. “Estén siempre alegres”, dice San Pablo, porque “el Señor está cerca” en cada situación de la vida. Si Dios está cerca no hay pecado que no pueda ser perdonado, no hay desesperación que no pueda encontrar esperanza. ¿Y cuál es el camino para encontrar la alegría en el corazón cuando no la tenemos? La respuesta la encontramos en las palabras de Juan Bautista a los publicanos que venían a bautizarse: “NO extorsionen a nadie, conténtense con su sueldo, no exijan más de lo estipulado.” La alegría nace de un corazón que comparte sus pobrezas, sus dones, de un corazón honesto y limpio.
Después del almuerzo y de la compartida entre padres e hijos, las Hermanas Misioneras de la Resurrección hicieron un baile con la música del Ave María de Fátima, para agradecer a la Providencia que nos permitió abrir una nueva fraternidad, la primera en esa tierra bendecida por Maria y que era esperada desde hace años. Luego siguió otro baile alegre con gestos, “Libertad”, que hizo bailar a todos. Algunos misioneros recién vueltos a Italia, dieron su testimonio: Patrizia, que hace varios años está en Perú, habló de la importancia de transmitirles valores cristianos a los niños que son recibidos; porque estos valores permanecen aún cuando los niños son adoptados y van a vivir con otras familias. Irene y Fabrizio hablaron de los primeros pasos de la misión en Liberia, donde aprendieron concretamente que no son ellos los que ayudan al África, sino que tienen mucho que aprender de los habitantes del lugar: sin su ayuda nunca se hubieran adaptado a vivir en esa tierra, al clima, al lugar. Quedaron muy tocados por la generosidad de los vecinos, siempre listos a ofrecer lo que tienen, desde las bananas hasta el arroz... a pesar de su pobreza.
El Pesebre Viviente, representado por chicos y chicas de varias fraternidades, este año estuvo enriquecido por un baile africano sobre la música de “¿Tú crees?” (Do you believe?) Es un Credo que se canta en África durante la Misa con una mano sobre el corazón y la otra levantada, como diciendo: “¡Sí, tengo fe en Dios, verdaderamente creo!”
Agradecemos a los que participaron en el encuentro, especialmente a los que vinieron de lejos, parientes, amigos, padres, jóvenes, niños y ¡les deseamos una Feliz Navidad y un encuentro profundo con Jesús, que viene a estar cerca de cada uno de nosotros!

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