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Cuatro días de alegría, de amistad, de oración y de gran fiesta, poblaron como nunca antes hasta ahora, nuestra colina de San Lorenzo. Este año las cifras superaron toda previsión: se calcularon 3.500 personas por día, lo que significa una totalidad de 14.000, entre chicos de la Comunidad, amigos, parientes, colaboradores, voluntarios. Entonces, hay un buen número de pe rsonas que se dirigen a la fuente de agua fresca que brota de esta colina desde hace 29 años gracias a un simple y generoso acto de abandono en la Divina Providencia. Un acto de fe y de obediencia a la voz de Dios que llamaba a sor Elvira a abrir la puerta de una vieja casa en ruinas a quienes la golpearan. La espera no fue larga. Ya en los primeros días de campamento ( la casa no estaba habitable) sor Elvira y sus primeros amigos recibieron el pedido de algún ‘destruido’ que pedía pan, alivio, amistad. El corazón estaba abierto, la casa también, pero la cartera vacía. Y así, la Divina Providencia comenzaba a obrar con su método: el milagro. No es posible calcular exactamente cuántos miles de jóvenes de ambos sexos pasaron hasta ahora por las fraternidades de la Obra Cenacolo, que no dejó de crecer y de expandirse en muchos países. En donde sea que se la conoce, ya se le pide que abra una casa. Sí es fácil constatar hoy cuánto bien hizo y está haciendo si se observa la simpatía y el testimonio de fe que la obra suscita aún en países lejanos. En estos cuatro días estuvieron presentes hermanos y hermanas de Francia, de Alemania, de Austria, de Polonia y Croacia, de Bélgica, Inglaterra, Irlanda y de España. Desde el otro lado del océano llegaron hermanos de los Estados Unidos, de Argentina, de Malasia y de Singapur. Por otra parte, la Comunidad Cenacolo, hoy por hoy, tiene 22 casas en Italia, 8 en Croacia, 2 en Bosnia Herzegovina, 4 en Francia, una en Austria, 3 en Polonia, una en Irlanda, una en Inglaterra, una en Argentina, 3 en USA, 3 en Brasil, una en México, 3 en Perú, una en Eslovaquia, una en Eslovenia y una en Liberia. El encuentro fue abierto por el Cardenal Philip Barbarin, Arzobispo de Lion, quien les regaló a los próximos ordenad os sacerdotes, Eugenio y Michel, un bello texto con los hechos auténticos de los mártires de Lion (en el 177, bajo el emperador Marco Aurelio, mataron en Lion y en Viena a 42 cristianos entre los que estaban el obispo S. Fotino y la pequeña esclava Blandina). Los envío como corderos en medio de los lobos, decía el Evangelio. Su eminencia comentó : “¡Aquí los lobos se transforman en corderos!” El mismo Cardenal presidió la Eucaristía del viernes 13 de julio, hablando de la Resurrección de Jesús y del Credo como un himno a la vida. Por la noche del viernes y del sábado los recitales de los jóvenes de la Comunidad, como todos los años, emocionan y deslumbran por la belleza y la grandiosidad del espectáculo, por la claridad del anuncio y la habilidad de los bailarines y cantantes. En las mañanas del viernes y del sábado hubo dos comprometidas catequesis: una de P. Bernardino Giordano sobre el amor matrimonial y otra de P. Francesco Peyron sobre la amistad. Por la tarde la escritora y periodista María Pía Bonanate retomaba el tema del amor de la pareja con sus dificultades y victorias. La importante concelebración eucarística del sábado a la tarde fue presidida por el Obispo de Tarragona (España) Monseñor Jaime Pujol Balcells; el P. Stefano Aragno ofreció a la numerosísima asamblea de fieles una catequesis intensa y concreta sobre la experiencia de la Comunidad iluminada por el texto de la conversión de San Pablo (Hechos 9). Por la noche, con un lleno absoluto, (¡amontonados como sardinas!) fue el gran éxito del reci tal “Credo”. El domingo por la mañana, testimonio de los jóvenes y de los padres y por la tarde el ‘top’ de las jornadas: la solemne concelebración presidida por el Obispo de Saluzzo, Monseñor Giuseppe Guerrini , con la Ordenación Presbiteral de los diáconos Eugenio Lizier y Michel Kohler. El Obispo Guerrini, en el contexto del Evangelio, les entregaba a los dos jóvenes cinco palabras claves para sus vidas: la fe en Cristo Señor, la pobreza que da un corazón libre y confidente solo con Dios, el abrazo de la Comunidad y de la Iglesia, el sentido de que todo es un regalo, gracia de Dios y el amor, el compromiso final y concreto de toda vida cristiana, especialmente la del sacerdote. Luego el canto de las Letanías mientras permanecían postrados y luego la grandiosa Oración de Consagración; la imposición de las manos del Obispo y de cada uno de los 60 sacerdotes concelebrantes. Finalmente, los dos nuevos sacerdotes agradecieron a sus familias, a Madre Elvira, de quien nació esta obra y a los amigos de la Comunidad que acompañaron sus caminos de formación. La última alegría fue sólo para pocos: la mañana del 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, el día justo en el que 29 años atrás Madre Elvira entraba en el jardín de la vieja casa para huérfanos encomendándose a la Virgen, fue la Primera Misa de los dos nuevos sacerdotes, don Michel y don Eugenio . Luego Madre Elvira hizo la entrega del crucifijo y del rosario a siete jóvenes que partirán para las misiones. La Misa concluyó con el resonante ‘Aleluya’ de Hendel .
P. Alberto Girello (del Corriere di Saluzzo, jueves 19 de julio de 2012)
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