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II CONGRESO APOSTÓLICO MUNDIAL DE LA DIVINA MISERICORDIA Kraków-Lagiewniki 1 al 5 de octubre 2011

Entre el 1 y el 5 de octubre de 2011, tuvo lugar en Cracovia el II Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia (WACOM – World Apostolic Congres of Mercy) . El lugar del encuentro de los adoradores de la Divina Misericordia provenientes del mundo entero fue el santuario de Cracovia-Lagiewniki, donde sor Faustina pasó sus últimos años de vida y donde en la actualidad está el centro mundial del culto a la Divina Misericordia.
El mensaje de la Divina Misericordia, como subrayó el Papa Juan Pablo II durante la homilía de canonización el 30 de abril de 2000, fue entregado por Dios a la humanidad a través del testimonio de vida de santa Sor Faustina Kowalska: “Por la Divina Providencia la vida de esta humilde hija de Polonia está estrechamente ligada a la historia del siglo veinte, el siglo que recién dejamos atrás. En efecto, fue entre la primera y la segunda guerra mundial que Cristo le confió su mensaje de Misericordia. Los que recuerdan, los que fueron testigos y partícipes de lo que pasó en esos años, y de los horribles sufrimientos de millones de hombres, saben bien qué necesario era el mensaje de la Misericordia.” El Señor Jesús, en las apariciones privadas a Sor Faustina dice: “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a la Divina Misericordia” (Diario, 300) A través de la obra de esta religiosa polaca, este mensaje se transformó en un don que trae un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. La Luz de la Divina Misericordia permite comprender mejor el sentido del mundo y sus transformaciones y además el puesto del cristiano en el siglo XXI, como testigos del Amor infinito de Dios que ilumina los caminos contemporáneos.
Card. Stanislaw Dziwisz Metropolita de Cracovia Card. Christoph Schönborn Metropolita de Viena
La peregrinación a Cracovia fue una hermosa experiencia. Una de las primeras cosas que me tocó fue ver la cantidad y la belleza de las iglesias y el gran número de sacerdotes jóvenes presentes en el Segundo Congreso Mundial de la Divina Misericordia. Me hizo reflexionar cómo en esta tierra, lugar de gracia, el beato y amado Juan Pablo II dejó muchos frutos y signos de su presencia. Vivimos profundos momentos de oración y de catequesis. Se habló mucho de nuestro comportamiento y de la importancia de la Divina Misericordia en la vida de cada uno. El Arzobispo de Cracovia, Cardenal Stanislaw Dziwisz, decía en una catequesis que no hay un pecado tan grande que el amor del Padre con su grandísima misericordia no pueda perdonar. Es bello saber que a pesar de todas mis caídas y mis pobrezas existe Dios, que me espera con los brazos abiertos para perdonarme y ayudarme a levantar. Agradezco mucho a la Comunidad y a Madre Elvira porque me permitieron vivir esta experiencia en el corazón de la Iglesia, que una vez más me demostró que está viva y joven. También agradezco a todas las personas que nos dieron la posibilidad de testimoniar con el recital “Credo”, que Jesús murió y resucitó por nosotros, para darnos la alegría de una vida nueva.
Davide
El Congreso Mundial de la Divina Misericordia fue uno de los regalos más grandes que viví este año. Esto y feliz de haber descubierto la bondad y la misericordia de Dios a través de muchas experiencias de perdón y de reconciliación vividas en el camino de la Comunidad, comenzando por la sanación de las heridas profundas de mi pasado hasta las pequeñas situaciones de todos los días, puestas en las manos de Jesús, gracias al don de la confesión. Aunque soy pobre y cometo muchos errores, Dios me perdona y puedo recomenzar la lucha por el bien cada día. Me hizo reflexionar la exhortación del Cardenal Christoph Schönborn, celebrante presente en el Congreso: “Debemos ser apóstoles de la Misericordia a través de nuestras obras y de la oración”, porque comprendí que con pequeñas cosas y gestos simples yo también puedo ser un canal de la Misericordia de Dios.
Silvia
Gracias a la Comunidad pude participar del Congreso de la Divina Misericordia. Noté que había muchos jóvenes y me sentí representada. El tema de la Misericordia de Dios me hizo reflexionar sobre cómo pude tocar con mis manos, en mi historia, la Misericordia de Dios, un amor incondicional. Estoy muy agradecida al Señor porque viví concretamente en mi existencia que solo la Misericordia alivia, levanta, da vida. Dios es así con nosotros. Regresé con más deseo de vivir la Misericordia hacia todos, una misericordia que educa y nos pone en camino con Jesús. Todavía me veo muy pobre en el amor, pero al mismo tiempo estoy feliz porque todos los días puedo aprender algo. Fue muy profundo el momento en que hicimos la visita a las Hermanas de la congregación de santa Sor Faustina Kowalska, donde había chicas menores que reciben y educan con mucho amor; me sentí muy unida con ellas porque también luego de un pasado difícil, herido, que las hizo rebeldes, están luchando por un futuro mejor, para madurar y aceptar la realidad de su historia. Me tocó su fuerza, su empuje, su apertura a la fe y percibí cuánto amor y ternura reciben de las hermanas que las cuidan. A pesar del sufrimiento que cada una llevaba en el corazón, se respiraba esperanza y pensé: “Sí, es la casa de Jesús Misericordioso”. ¡Fue muy emotivo visitar el lugar donde un día sor Faustina acogió a un pobre de la calle que luego se reveló ser Jesús! Pensé cómo el Señor siempre está presente en medio nuestro y espera nuestros gestos concretos de amor, fe viva. Aceptándonos unos a otras, aceptamos a Jesús. Arrodillada frente al cuadro original de Jesús Misericordioso, pude agradecer llorando qué afortunada soy por haber encontrado a Dios en la Comunidad. Agradezco haber conocido este lugar tan particular y también a todas las personas que se hicieron providencia para nosotros en esos días: las hermanas Albertinas, Siervas de los Pobres de Cracovia, que nos hospedaron, los hermanos de la fraternidad de Polonia que cocinaron y un ‘gracias’ grande a Madre Elvira, porque con su corazón enamorado de Jesús y de los santos, también nosotros podemos conocerlos y aprender a amarlos.
Lena
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