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25 marzo 2011,  Fiesta de la Anunciación

La rama femenina de la vida consagrada de la Comunidad Cenacolo, es un brote nacido de recibir muchos jóvenes desesperados, una flor  abierta en el corazón y el sufrimiento de los pobres.
Para Madre Elvira fue seguramente un asombro y un regalo inesperado recibir las primeras cartas de las chicas que le pedían de seguir su ejemplo en el seguimiento de Cristo, pero cuando el Espíritu Santo sopla, es un viento impetuoso y así, el 15 de agosto de 1999, se inició esta nueva aventura cuando las primeras siete chicas dijeron su “sí” como María e hicieron su ingreso en lo que hoy es nuestra Casa de Formación.
Para el día de Pentecostés de 2001, el  entonces obispo de Saluzzo, Monseñor Diego Bona, da una primera aprobación a la Comunidad declarándola Asociación Pública de Fieles de derecho diocesano, fue el primer abrazo que recibimos  de Nuestra Madre Iglesia.
La amistad con Monseñor Bona fue fundamental en nuestro camino, para nosotros fue siempre un padre, el Pastor bueno, capaz de mirar a la Comunidad Cenacolo como una Obra querida por el corazón de Dios.
Después de un tiempo de formación en la escuela de Madre Elvira, según el carisma suscitado en ella por el Espíritu Santo, destacado por las etapas del postulantado y del noviciado, las primeras Hermanas profesaron los votos temporarios de  pobreza, castidad, obediencia y servicio y amor  a los pobres. En noviembre de 2002, algunas de ellas partieron para realizar su apostolado en las misiones, para llevar a muchos niños abandonados, el Amor, la Alegría y la Ternura de Jesús.
Entrar en la escuela de los pobres sirviéndolos y amándolos en las fraternidades de las misiones y en las casas de los chicos y chicas que golpean tristes y desesperados a las puertas de la Comunidad, sigue siendo fundamental para nuestro crecimiento humano y espiritual como religiosas en el carisma del Cenacolo.
El 16 de octubre de 2009 la Comunidad Cenacolo es aprobada oficialmente como Asociación Privada Internacional de Fieles, y en el camino de discernimiento desarrollado surgió la exigencia de  darle a la vida consagrada femenina de la Comunidad, un rostro más específico: entonces, el 25 de marzo de 2010, el actual Obispo de Saluzzo, Monseñor Giuseppe Guerrini declaró oficialmente a las “Hermanas Misioneras de la Resurrección” como Asociación Pública de Fieles, como fruto nacido dentro del carisma de la Comunidad Cenacolo.
Esta aprobación, ocurrida en una solemne celebración  liturgia en la que estaban todas las Hermanas presentes de las variadas realidades del servicio apostólico, fue para nosotras un regalo precioso, un verdadero y justo “bautismo”, que nos dio identidad, nombre y misión.
Luego de este “bautismo”, nosotras, las Hermanas, permanecimos un largo tiempo juntas con Madre Elvira, en la Casa de Formación, y junto a ella pudimos profundizar los fundamentos de nuestro carisma y las reglas de nuestro nuevo Estatuto.
Madre Elvira, en agosto de 2010, luego de invocar la luz del Espíritu Santo, nos envió a diferentes fraternidades y misiones de la Comunidad Cenacolo en América Latina.
El 25 de marzo de 2011, en ocasión de la Fiesta de la Anunciación, las “Hermanas Misioneras de la Resurrección” cumplieron un año: fue una gran alegría para nosotras poder festejar el primer cumpleaños con Monseñor Giuseppe Guerrini que vino a celebrar la Santa Misa en la Casa de Formación.
Agradecemos a nuestro Obispo por su amistad, por su confianza y por sus palabras de aliento para decir cada día nuestro “¡Aquí estoy!” y a rezar para que sean  cada vez más numerosas las jóvenes que quieran seguir a Jesús en el carisma del Cenacolo.
Nosotras, las “Hermanas Misioneras de la Resurrección” servimos y amamos la obra de la Comunidad Cenacolo, pero con nuestra  vocación específica que es vivir y testimoniar la importancia de la oración, de la contemplación, del tiempo ofrecido a Dios escuchando Su Palabra y en la liturgia. Debemos vivir para testimoniar a todos que sólo si se reza bien se vive y se sirve  bien.
Algo importante de nuestro “ser” es la adoración comunitaria que hacemos todos los días de las tres a las cuatro de la tarde. En esta “Hora de la Misericordia”, vivida a los pies de Jesús presente en el Santísimos Sacramento, imploramos  la Misericordia de Dios, fuente de resurrección, de alegría y de esperanza para la humanidad herida.
Nos encomendamos a la Virgen María, nuestra Madre, para que Ella sea siempre nuestro modelo y para que nos ayude a llevar el anuncio de la Resurrección a los pobres  que Dios nos llama a amar y servir.
 

Testimonios hermanas misioneras de la Resurrección

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