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Queridos amigos de la comunidad, les comunico que hoy, jueves 24 de marzo, a las 15.30, sor Piera regresó a casa, a los brazos del Padre, que corrió a su encuentro para recibirla en el Paraíso. Se apagó como una vela, serenamente, aquí, en la Casa de Saluzzo, rodeada por los jóvenes que en los últimos meses estuvieron cerca de ella como “ángeles custodios.” A la mañana habíamos vivido junto a ella un bello momento de oración en el que recibió la unción de los enfermos, la absolución de los pecados y la eucaristía como viático para el viaje de retorno al Padre. Fue muy conmovedor cuando uno a uno agradecimos al Señor por algo bello que Él nos había regalado a través de ella. ¡Su vida entregada a Dios fue un gran don para nosotros! Le agradecemos unidos al Señor porque la eligió y la llamó para ser “su” esposa como religiosa y por haberla llevado a la Comunidad, donde muchos chicos la sintieron madre, amiga y hermana en su camino de resurrección. A muchos de ellos les enseñó a rezar y a estar atentos a los pequeños detalles, ¡ seguidos por su mirada y corregidos por su voz, se sintieron amados! Muchas veces en estos meses finales sus ojos se conmovían repitiendo: “Yo los serví a ellos y ahora ellos me sirven a mí: ¡qué afortunada que soy!” Es verdad: de la Comunidad lo que más amó fue la vida de los jóvenes, los sintió hijos que Dios le había encomendado, los sintió “suyos”, regalo de Dios. Llegó al cielo en la víspera de la Anunciación, la Fiesta del “Sí” de María, gran fiesta de la Virgen: quizá sus ojos habrán visto bella y luminosa a la Virgen María en la Puerta del Paraíso para recibirla. Es la primera “Hermana Misionera de la Resurrección” que llega al Cielo: encomendémonos a ella. Su funeral será el sábado a las 10 de la mañana. Estemos unidos para agradecer al Señor por su vida y confiar en que la Misericordia de Dios le abra de par en par las puertas del Paraíso. Si celebran la Santa Misa en estos días, encomiéndenla especialmente en la oración. ¡Unidos al “Sí” de María y en la certeza de la Resurrección, con el corazón sereno, confiado y gozoso, los saludamos y los abrazamos!
Madre Elvira P.Stefano y toda la grande familia del Cenaculo
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