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Queridos todos ¡estamos vivos!

Les pido disculpas por haber mandado pocas noticias pero la vida mexicana nos atrapa en las 1000 cosas para hacer, entre los niños, las tías y tíos, preparar la fiesta, organizar la vida de la Comunidad, amigos que entran y salen. . . aquí también hay que correr tras las cosas que el Señor está obrando. ¡Él corre y nos hace correr!

         Llegué de  los Estados Unidos el martes pasado, llegamos al aeropuerto 25 personas juntas: misioneros y misioneras de todas las casas de Sudamérica. El primer milagro fue que todos arribaron puntuales y sin problemas; el único atrasado fui yo que perdí el avión en Atlanta y tuve que esperar unas horas. Me esperaron y cuando llegué  partimos todos juntos en un micro a la  misión Cenacolo de Guadalupe, distante dos horas y media de la ciudad de México.

         Hacía años que deseábamos un encuentro – retiro espiritual- con los misioneros de las diversas casas; como nos enseña la Comunidad, basta esperar con confianza y luego la espera se hace vida cuando es la hora de Dios. Estaban juntos:

-De Argentina, tres,  Michel, Eugenio y Pawel

-De Bahía Brasil, eran ocho , Massimo, Marco, Marino, Peter, Darío y Elizabeth, Alizabeta y Madelein.

-De Mogi y Jaú - San Pablo, Brasil- eran siete, Mauricio y Paola con la pequeña Clara Luz, Veronica, Eugenia, Piergiulio y y Paolo.

De  Perú, ocho, Andrea y Domenico con el pequeño Paolo, David, Michael, Laura, Barabra y Valentina

. . .y esta fue la primera oleada de alegría. Fiesta en el aeropuerto y fiesta al llegar a casa. . .con alguno congelado por las temperaturas nocturnas de México, casi como el hielo italiano. Chicos y chicas que no se veían desde hace 8/10 años, lágrimas de alegría y de gratitud al Señor por estar tantos juntos aquí para  alabar al Señor.

         Los días de espera de Madre Elvira  fueron días de profunda y bellísima oración, de revisión de vida, de catequesis misionera, de compartir la riqueza de la vida misionera, confrontar  la educación y el comportamiento que tenemos que brindar a los niños y a los jóvenes de las varias casas en Sudamérica. Fue muy importante compartir,  escuchar a Dios y a los hermanos, aprender unos de otros, para que también las misiones se sientan unidas y tengan un camino común en la amistad y el servicio.

         Parecía mentira despertarse temprano y encontrar la gran capilla de la misión  llena para la adoración personal y luego para las laudes juntos.

         Todas las habitaciones de la misión están llenas, camas por todos lados, casas que desbordan. Gracias a Dios esta misión es espaciosa y se adapta para este encuentro, la Providencia preparó espacios bellos y amplios. La última construcción es un comedor estupendo, utilísimo para las fiestas, para los momentos comunitarios de compartir, una  construcción simple y lineal pero muy luminosa y práctica. Allí nos encontramos por las noches para preparar los cantos y bailes, para sonreír y compartir.

         ¡La Providencia fue “espectacular”, no nos dejó faltar nada, unos días antes de nuestro arribo, llegó todo!

         Los primeros días  fuimos a una jornada de retiro y de oración en una casa de padres Carmelitas que reciben grupos  para retiros: un día rico de silencio, de oración y de verdad profunda. . .¡un gran regalo de la Virgen!

         El sábado a la tarde se abrió el portón para los amigos y las familias mejicanas, bellas y numerosas, que tienen al hijo en camino en las casas de Europa y USA.

         Había mucha gente, también muchos “ex” que están bien, felices de regresar a “casa” y orgullosos de presentarnos a la chica o a la mujer e hijos; otros con amigos del trabajo que querían conocer dónde había cambiado su vida. También había familias que  esperan que el hijo/ hija pronto entre en la Comunidad; familias fieles al camino de los padres. Algunos chicos y chicas mejicanos  que están haciendo los coloquios, se sintieron tocados al escuchar los testimonios de los tíos y tías, ¡se veía que era un envión  para elegir la vida!

          Elvira llegó justo a las 21 con Albino y Joyce. Todos los niños se habían escondido detrás de la puerta principal y en cuanto Elvira puso un pie adentro hubo una explosión de gritos y carreras para abrazarla. . .luego acompañaron a Elvira a saludar a Jesús a la pequeña capillita de las hermanas, y cuando se abrió la puerta, todos los tíos y tías de las distintas misiones, recibieron  a Elvira con una imagen de la Virgen de Guadalupe  y un “¡Por fin llegaste!  La mirada de Elvira era de asombro, miraba los rostros que no pensaba encontrar aquí y no entendía. . .luego, abrazos, lágrimas de emoción ¡mucha alegría de encontrarse! ¡Qué hermoso regalo de gracia nos hizo la Providencia!

         El domingo a la mañana  nos despertamos  temprano y los últimos preparativos corriendo: terminar la preparación de la muestra fotográfica por los diez años de la misión, con muchos recuerdos emocionados; colocar las mesas y el gazebo donde se serviría la comida; el equipo de cocineros preparó una pizza  made in Italy , siempre apreciada por todos; en suma un “corre, corre” generalizado lleno de vida y de colaboración.

         Vino un mar de  gente. La gran capilla estaba repleta, por lo menos 400 personas en la Misa; muchos niños, amigos y vecinos, también muchos  de nuestros niños, que pasaron por la misión y hoy ya son grandes, que viven y trabajan afuera y que vinieron por un momento “de casa” y de gratitud.

         Una celebración muy sentida y conmovedora, donde  expresamos nuestra gratitud a Dios, a la Virgen de Guadalupe y a la Providencia por los infinitos milagros de estos años. Un  aplauso final a la Virgen  y otro más a Madre Elvira, aplausos que fueron una explosión de alegría, fueron el final de la Santa Misa.

         Después  observamos conmovidos la representación de la historia de la  Virgen de Guadalupe  que hicieron los niños, seguidos de cerca por las tías y nuestras hermanas. Fue muy bello y emotivo escuchar las palabras que la Virgen le dijo a Juan Diego en las apariciones, como si nos las dijera hoy ¡nos calentó el corazón y más de uno debe haber contenido las lágrimas!

         Luego el almuerzo todos juntos, muy bien hecho por los tíos, seguido de los bailes típicos de los diferentes países sudamericanos preparados por las misiones. Hasta vino una banda regional que quiso honrar a la Comunidad por  estos 10 años y recibir a Madre Elvira: trompetas, cornetas, tambores, trombones, que no paraban de sonar, ¡que nos dejaron un poco sordos pero felices!

         Cerramos la jornada con un canto y baile  en conjunto de todos los misioneros y misioneras “Nosotros  dejamos todo por Ti”,  con Madre Elvira conmovida al escuchar la letra de esta canción que a ella le gusta mucho, y al ver estas palabras vivas en la vida de los misioneros cenacolinos.

         Todos los amigos regresaron a sus casas con el corazón pleno; muchísimos recibieron la “bendición” de Madre Elvira, con lágrimas  de agradecimiento en los ojos y con un  gracias  sincero que salía del corazón.  Qué don poder ver, a pesar de tantas dificultades vividas, el bien sembrado por esta misión en el corazón de tantas personas en estos 10 años de vida.        

El  Rosario caminado entregó a María el agradecimiento por este día.

Gracias por sus oraciones que nos acompañaron  y sentimos cercanas. Gracias de parte de todos los tíos y tías presentes por el amor y las oraciones de todas las fraternidades. El miércoles iremos todos, chicos y grandes, con dos micros a la Ciudad de México, peregrinos al Santuario de la  Virgen de Guadalupe  . Le  encomendamos a ella, patrona de México y de todo el continente americano, nuestras casas en América y nuestras fraternidades en todo el mundo. Todos ustedes estarán con nosotros a sus pies, en sus ojos, en su seno, en su corazón de Madre.

¡Los abrazamos fuerte fuerte. . .Viva México!  ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

 

P. Stafano y todos – Lunes 15 de noviembre

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