ItalianoHrvatskiEnglishFrançaisDeutchEspañolPortuguesePo PolskuSlovakia     

 

La historia de Pablo: ¡nuestra historia! 

             Cuando contamos nuestro pasado, cuando la gente escucha quiénes éramos antes de la Comunidad, recién ahí comprende el milagro que nos atravesó.  Lo mismo nos pasa a nosotros cuando escuchamos la vida de Elvira, que nos cuenta desde que era chiquita, de su familia pobre, simple, que debía hacer muchos sacrificios, que cuando comenzó como religiosa hacía la comida en un hospital. . . y luego vemos lo que Dios hizo a través de ella. . . entonces comprendemos que sucedió algo que a los ojos de  los hombres es imposible: ¡un milagro!

           Conocer el pasado de San Pablo nos ayuda a comprender el milagro grandioso que le sucedió a él, y a nosotros. ¿Quién era  Pablo de Tarso antes del encuentro en el camino de Damasco? También entre nosotros nos preguntamos: “Quién eras antes de entrar en la Comunidad? ¿Quién eras afuera? Ahora se lo preguntamos a él: “¿Quién  eras afuera, Pablo de Tarso?”  Un día, Pablo testimonia  su vida  frente a los judíos de Jerusalén, frente a sus amigos, a la gente con la que había estudiado.. Allí Pablo se saca la máscara y cuenta lo que le pasó. Cuenta su pasado: nacido en Tarso de Cilicia, pasó allí su infancia y luego fue a estudiar a Jerusalén, formado en la escuela de Gamaliel, en las más estrictas normas de la Ley, lleno de celo por Dios. Perseguidor de los fieles de esa nueva doctrina predicada por los secuaces de un tal Jesús; hombres y mujeres a los que perseguía y mandaba a la prisión.

            ¿Entienden quién era Saulo? ¿Qué violencia tenía en su corazón hacia Cristo y hacia los que creían en Él? Dice en la Carta a los Gálatas:  “. . .cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas.”  Pablo nos está diciendo que “era un fanático…” podríamos decir un nacionalista feroz. ¿Quizá nosotros también, como Pablo, no estábamos  inmersos en el mal, enojados con todos los que pensaban distinto, llenos de un odio feroz en el mal en el que vivíamos?

 

Cristo me ha conquistado 

              Después Pablo nos cuenta en lo que se convirtió luego de haber encontrado a Jesús. Ahora nos cuenta su presente, no nos da más testimonio de su pasado en las tinieblas sino que nos habla de la luz, nos cuenta el hoy. Se define como “Un conquistado por Cristo”. Pablo sabe que la tierra de su vida fue conquistada por otro mucho más fuerte que él. Quién de nosotros, si estamos hoy aquí, no puede decir con Pablo: “Estoy aquí, hermanos, porque  he sido conquistado por Cristo. Sólo Él podía vencer el mal que había en mi corazón.”  Pablo, entonces, sabe que es una persona a quien Jesús  amó con  mucha misericordia. A su amigo Timoteo, su “hijo” que después será responsable, en una de las primeras comunidades, Pablo le dice en una carta: “Yo que era un blasfemo, un perseguidor, un violento. . .conmigo fue usada  mucha misericordia porque actuaba sin quererlo, lejano de la fe, no sabía lo que hacía.” Pablo dice asía: “Me dieron tanta misericdordia.” Y agrega: “ La bondad del señor conmigo fue sobreabundante: ¡no merecía todo este amor!”

            Y nosotros si pensamos en lo que éramos anrtes y en lo que estamos recibiendo ahora gracias al don de la Comunidad, no podemos más que decir con Pablo: “Yo también era un blasfemo, un violento, pero ha sobreabundado  la misericordia de Dios. también yo he sido conquistado por Cristo. No merecía un amor tan grande!”

            Yo soy valioso para el corazón de Dios.

            Cuando encontramos a Dios, Él retoma nuestra historia desde el momento de la concepción hasta el día en que entramos en la Comunidad, y la usa para dar testimonio del Evangelio. Todo: dónde nacimos, dónde fuimos a la escuela, como fuimos educados, lo que vivimos. . . se transforma, como  para Pablo, en vida  puesta al servicio del evangelio. En un cierto momento de su vida, Pablo acepta su  historia y dice: “Por gracia de Dios soy el que soy.” A los Corintos Pablo les dice: “Yo soy el último de los Apóstoles, y me costó más que a todos porque tenía el corazón duro, cerrado; pero después fui más adelante que todos en el bien. No fue en vano la gracia de Dios en mí.” Piensen si también nosotros podemos darnos cuenta que el amor de Dios, que  la Cruz de Jesús, que la sangre que Él derramó por nosotros, no fue desperdiciada sino que nos ha unido, nos ha salvado, nos ha liberado, nos ha sanado y nos hace testimonio. Este es nuestro camino y todo lo que sucede en nosotros si tomamos en serio nuestro encuentro con Jesús. Pablo dice: “Yo soy un predestinado.” Mi vida tenía un destino, una dirección: debía encontrar a Jesús. También nosotros, si hoy lo hemos encontrado es porque Dios  guió el destino de nuestra vida para sacarnos de las tinieblas y revelarnos su luz.

            Querido amigo Pablo,  un día Dios se incomodó, bajó del cielo y fue al camino de Damasco por donde pasabas, por donde ibas a perseguir a los cristianos. Cada uno de nosotros  fue tan valioso para Dios que en un momento Él dejó el cielo y dijo:  “Desciendo  a esa plaza,  a esa ciudad, a ese lugar, a esa familia, porque eres precioso para mí.”

            En la  Carta a los Gálatas, repensando su historia, dice:” Dios me ha elegido desde el  vientre de mi madre, y me  llamó  con su gracia y me reveló a su Hijo, destinándome a anunciarlo y a hacerlo conocer entre los paganos.”

            ¡Qué bello si cada uno de nosotros pudiera decir que Dios lo eligió desde el vientre de su madre! Dios elige cada vida y por eso cada vida es sagrada, ya desde el vientre de la madre,  porque desde  ese momento el amor de Dios tiene un destino para esa vida: debe encontrar a Cristo Resucitado, debe transformarse para anunciarLo.

 

La Luz de Cristo me abrazó

            Pablo se define como “prisionero de Cristo. Es la única prisión que libera  al hombre. Si se es prisionero de Cristo, si se es conquistado por Él, se es un hombre libre. Libre, porque ya nada ni nadie te detiene: ni las críticas de los demás, ni tus pobrezas, ni tus caídas, tus luchas, tus errores. . . ya nada te detiene. Su vida fue conquistada por Cristo, ya es suya: “Para mí vivir es Cristo. . .Ya no soy más yo el que vive sino que es Cristo el que vive en mí.”. ¿Qué pasó en su vida que lo hizo dar semejante vuelco, que lo tiró por tierra y lo hizo renacer un hombre nuevo?

            Primeramente una luz lo envolvió con su resplandor : en ese momento se sintió  envuelto  en una luz que no conocía. Era la luz de Cristo Resucitado. Jesús Resucitado es la  luz del mundo. Después la caída : “Y cayendo en tierra.”  Pablo toca fondo, experimenta  lo más bajo, el polvo, el barro, cae. Él, que estaba tan orgulloso de sí mismo se encuentra ahí, en el  piso humilde y pobre de la tierra. Y desde la tierra, Pablo comienza a hablar con ese Jesús  al que había siempre combatido. Esta vez Jesús venció, Dios vence: luchar contra Dios es perder.

            También nosotros en nuestra vida quizá tuvimos un momento en el que desesperados, gritamos como Pablo: “¡Señor, si existes, sálvame!” O quizá: “¿Señor, quién eres, quién eres?  “Soy Jesús Nazareno, el que tu persigues”  En ese momento, al hablar con Dios, Pablo está rezando sin saberlo.  Esa luz, esa caída, esa voz, esa Palabra, le abren el corazón y comienza a conocer a Dios. “Quién eres? ¿Qué debo hacer?”  Y Dios escuchaba, miren la respuesta de Jesús: “Ahora levántate, comienza a caminar y entra en la ciudad, ahí hay una comunidad de cristianos. Allí  te dirán lo que tienes que hacer y descubrirás  lo que estaba establecido para ti.” ¿No es acaso nuestra vida, lo que nos pasó?  Hubo un momento en que estábamos en las tinieblas y la luz de Dios nos envolvió: una mirada, una situación, una palabra, una persona amiga. En ese momento tomamos conciencia, como el hijo pródigo: ¿qué estoy haciendo? Vuelvo a casa, no tiene sentido vivir así. “¿Quién eres Señor?” Pablo no sabía que esa luz ya era Dios. Entonces se pone de pie: ¡no ve nada! Quedó deslumbrado por la luz. “Guiado de la mano por sus compañeros alcanzó Damasco”. Él, el hombre fuerte, el conductor, viene  llevado de la mano. También nosotros, cuando ya no veíamos más, desesperados, fuimos  llevados de la mano por nuestros compañeros. Nuestros padres o nuestros amigos nos llevaron de la mano , no a Damasco, sino a Saluzzo, Monza, Moncalieri, Spalato, Croacia, Polonia, Argentina. . . ¿Y qué pasó?

            Cuando Pablo llega a Damasco entra en la Comunidad. Ananías sale a su encuentro “Un cierto Ananías vino hacia mí.” No somos nosotros los que llegamos a la Comunidad sino que es la Comunidad, la Iglesia, que viene hacia nosotros. Dios viene a nuestro encuentro, la Comunidad viene hacia nosotros: “Vino hacia mí, se me acercó.” Ananías se acerca a ese hombre ciego que un minuto antes lo habría amenazado e impresionado y le dice: “Hermano Saulo, recobra la vista.”

            ¿Cuando entramos en la Comunidad  acaso no nos dijeron con un gesto las mismas palabras?  El momento en que la Comunidad vino hacia nosotros y  se colocó junto a nosotros, nos dijo al acogernos: “Finalmente llegaste, recobra la vista, por fin eres uno de los nuestros.” Dice Pablo: “En ese mismo instante pude verlo.”Mirando a Ananías, mirando a quien está desde antes que yo, a su amor hacia mí, yo recobro la vista. Pablo volvió a ver, entonces Ananías le dice “¿Y ahora, qué esperas?” ¿Qué esperamos ahora? ¡Fuerza, álzate! “Recibe el bautismo y purifícate de tus pecados, invocando su Nombre.” Recibe el bautismo: es la verdadera luz, la fe, el don más grande que un hombre puede recibir de la Comunidad, de la Iglesia, de quien ha encontrado y creído en Jesús antes que él.

            Ese día Pablo  es bautizado y vuelve a ver, pero a ver en serio y para siempre. Descubre la alegría de servir.

            A Pablo no le cuesta nada desengancharse de su pasado. Es tan grande lo que está viviendo ahora con los primeros cristianos; la alegría de llevar a Jesús a otras personas, de abrir nuevas comunidades, también los sufrimientos; es tan plena la vida presente que comprendió que todo lo que había vivido antes de Jesús  era basura.

A los Corintos les dirá: “Siendo libre me he hecho siervo de todos, para ganar alguno a cualquier costo.”

¿Quiénes son los “viejos” de la Comunidad? ¿Quién soy yo? Soy un siervo por amor. Estamos en la Comunidad para hacernos siervos de todos, para ganar, para arrancar de la muerte a cualquier costo a alguno; para ser instrumentos en las manos de Dios para ganarle  muchos amigos  para Él.  Pablo sabe que es un apóstol del Evangelio no porque lo haya querido él ¿quizás alguno de nosotros había pensado  jamás en estar  hoy aquí ?

Él nos llamó, nos amó tanto  que llamó a nuestra vida e hizo que ese amor nos moviera por dentro generando la fuerza para responderle. No soy yo que por mi decisión, mi voluntad, estoy en la Comunidad es la fuerza de ese amor que me llamó que me empuja a quedarme y dar testimonio.”Lo que más me importa –dice Pablo-  es llevar a término mi carrera y la misión que el señor Jesús me encomendó, anunciarle a todos que Dios ama a los hombres.”.

¡Que nuestra vida tenga en el corazón la misma meta: anunciar a todos el amor  que Dios tiene por la humanidad!

 

Una luz me  abrazó

La primera señal que tuve  en mi vida fue en el 2005. Estaba en un departamento de psiquiatría y luego de cinco meses que estaba  recuperándome  cada día caía más profundo en la depresión y en la desesperación.

Un día me vino a visitar mi madre y me trajo de regalo un Rosario que había comprado en Lourdes. Ese día ya era especial desde la mañana en que había estado pensando y repensando en mi vida. Entonces comencé a rezar: era un grito de desesperación que salía de mi corazón. ¡Dios me escuchó y ese día su luz me alcanzó!

                                                                                                    Robert

 

Toqué fondo

            Después de haber intentado en otra comunidad, de pretender manejarla solo, como siempre volví a recaer rápidamente. Luego de haberle tomado el pelo de nuevo a mi familia, a mis amigos y a todos los que me habían tenido confianza, toqué fondo. Todo comenzó cuando  chocando con mi familia me fui de casa. Sin control, llegué a gastarme todo el dinero que tenía en el banco, y me llené de deudas. Hasta mi novia, al descubrir que había vuelto a drogarme, me dejó luego de diez años. Tenía algunos amigos que no eran de la droga pero al poco tiempo me cerraron la puerta. Mi familia no estaba más, mi padre había cambiado la cerradura de casa. También perdí el trabajo. Para vivir comencé a traficar y vivía solo en una habitación de 5 metros por 2. No me importaba nada  de la vida ni de lo que me  pudiera suceder, así también llegué a la cárcel. Toqué fondo,  viví cómo un hombre puede perder su dignidad, la propia libertad. Estaba tirado por tierra, solo, abandonado por todos, lleno de rabia. Allí, desde lo profundo de mi corazón le grité a Dios pidiéndole ayuda.

                                                                                                  Danilo

 

 Me habló una voz

            Recuerdo el día y la hora en que una señora que estaba en silla de ruedas, me llamó para agradecerme el don de mi vida en la Comunidad y por los gestos de amor que yo le había dado. ¡Lo extraño fue que unos minutos antes, por ciertas situaciones en la fraternidad que me habían hecho sufrir mucho, estaba pensando si justamente estaba en el camino correcto!

Gracias Jesús porque nos hablas, por tus respuestas.

                                                                                                   Glauco

 

¿Qué debo hacer? 

            Después de haber estado  “becado”  por la policía, ya no podía más tramitar mi desesperación. Me sentía solo, hundido, y me pregunté: “¿Y ahora qué hago? Dentro de mí sentí muy claramente una voz que me decía: “Debes pedir ayuda a tu madre. ¡Ahora!  Hoy estoy aquí porque ella me señaló el camino a la Comunidad.

                                                                                                     Piero

  

Me tomaron de la mano. . .

            El empuje para entrar en la Comunidad venía de toda mi familia, pero la que verdaderamente me tomó de la mano fue mi hermana, que con mucha decisión me dijo:”Quieres mi ayuda, bueno, ahora confía y vamos. Sé que allí hay alguien que te puede ayudar, encontrarás jóvenes que   también sufrieron , que también se equivocaron, pero que ahora se están recuperando de los errores cometidos.” Así, al día siguiente, sin más charla,  partimos para la Comunidad. Todavía estoy aquí,¡es un verdadero milagro!

                                                                                                    Marco

 

 

 El encuentro con la Comunidad

            El primer coloquio me ayudó a cambiar de idea, veía que los chicos de la Comunidad hablaban “ mi misma lengua”; por primera vez me sentí comprendido. Además veía que en sus ojos, a pesar de que eran mayores que yo, brillaba una luz de verdad, lo que  encendió una esperanza en mí. Me dije: “Lo puedo lograr.”

                                                                                                    Fabrizio

 

 

El amor venció

            Era el ángel custodio de un joven pero yo  estaba tan débil, tenía poca fe en la oración, en los hermanos, en mi mismo. Dentro mío  juzgaba y criticaba a la Comunidad porque no sabía nada de mi novia y de mi hijo. Con esa excusa, traicioné a la Comunidad y me escapé.  Luego de cuatro días regresé llorando. La Comunidad me volvió a recibir con los brazos abiertos, sin señalarme por el mal que había hecho, sino acogiéndome como a un chico que  lo necesita. Sentí la misericordia de Dios y también la voz de Ananías: “Hermano, vuelve a ver.” A partir de ahí  empecé a ver la presencia de Dios en la Comunidad y cuánto me quieren.

            ¡Me enamoré de la Comunidad y de esta nueva vida!

                                                                                                     Florian

 

El  Bautismo 

            Estaba en Casale Lita la primera vez que le pedí perdón a un hermano del corazón. En esa casa comprendí que las propuestas de la Comunidad cambian mi vida, le dan una luz nueva a mi interior. Allí nació mi deseo de recibir los sacramentos que no tenía. ¡Ahora estoy felizmente bautizado y la luz de Dios habita en mí!

                                                                                                      Slaven

Imprimir esta páginaImprimir esta página