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Luego de las gracias recibidas durante estos meses vividos muy intensamente en Italia y llenas del Espíritu Santo, hemos regresado a la humedad del invierno de Lima listas para lo que sea. Al entrar en nuestra pequeña casa, que parece cada vez más roja, fuimos recibidas en un ambiente de paz y de familia. Contemplamos los milagros que Jesús obra y ha obrado en los corazones de los niños y de las tías mientras estábamos ausentes y cada día agradecemos a la Divina Providencia por el hecho de que nunca nos falta nada. Mejor dicho, desde que hemos regresado se agregaron dos tíos en nuestra casa de Villa Salvador: los tíos Domenico y Marko para comenzar los trabajos sobre el nuevo terreno. Ahora se ha multiplicado la arena a nuestro alrededor (serán al menos 5 años de trabajo). Esta gracia también alcanza a nuestros vecinos que tienen la posibilidad de trabajar con nosotros, conocernos más de cerca y también respirar un poco de oración ya que la jornada comienza rezando juntos. Nuestros tíos tienen un equipo de "jóvenes trabajadores" entre los 16, 40 y 60 años y también ellos crecen en el amor y en la humildad. El día de la Asunción de María, mientras rezábamos el Rosario de la Gloria en la Capilla, hemos vivido un momento de fe y de unidad en nuestra impotencia mientras la tierra temblaba bajo nuestros pies. Gracias a Dios, la oración nos ha hecho permanecer serenos y la Virgen nos ha protegido porque nada se rompió y sólo perdimos la luz por dos días. Rezamos por todos aquellos que han perdido personas queridas, casas y no tienen donde dormir o comer. Esperamos poder ayudar de alguna manera. De nuevo, gracias por sus oraciones, por la amistad y caminamos juntos con la Virgen aunque desde lejos. Los queremos mucho, Hermanas Mary, Cintia y Jennifer.
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