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UNA VIDA AL MÁXIMO

 

 UNA VIDA AL MÁXIMO


Conozco una mujer. Pequeña,  sin  estudios, sin títulos académicos y sin embargo maestra de vida para mucha gente. Una mujer rica, riquísima en la sabiduría del  corazón,  que es el  Espíritu Santo. En estos días fue su cumpleaños, otro. Lo que me hizo reflexionar en su vida tan bella, tan extraordinaria. Vio pasar muchas primaveras, sin embargo es joven todavía, jovencísima por dentro, a veces  hasta parece una niña, cuando se asombra frente a una flor, a un copo de nieve, a la sonrisa de un niño o cuando hurga en sus bolsillos buscando un caramelo para regalar. Nacida en la profunda Ciociaria, fue hija de gente simple y pobre. Todavía niña, su familia tuvo que emigrar hacia los lánguidos  campos  piamonteses, buscando mejores condiciones de trabajo. Allí, entre los surcos, la niña crecía y con ella una vocación al amor universal que le hacía parecer muy poco el sueño de un marido y algunos hijos. Hijos, quería muchos, los quería todos, especialmente los que nadie quería. En el corazón de esa joven ya entonces palpitaban muchos sueños que eran el sueño de Dios, que ella tuvo el mérito de dejar germinar, uno a uno, sin comprenderlos, quizá sin verlos, pero aceptándolos por amor a Jesús a quien muy pronto decide  donar su vida. La madre contaba con ella, con su ayuda, en la familia su presencia era importante. No le fue fácil decidirse por Dios, como no lo es para nadie. Sin embargo dice su sí, un sí que fue para siempre. Para hacerse religiosa tuvo que escapar de su casa, una mañana  al alba, con una valija de cartón llena de  deseos de bien. Pasaron los años y en su congregación, la joven de ayer se hace mujer. Ya vivía plenamente para Dios pero en su pecho ardía una llama inextinguible que la empujaba insistentemente hacia un nuevo camino, desconocido, lleno de interrogantes. Una llama que no la dejaba en paz.  Los últimos: sentía que tenía que hacer algo por ellos, los individualizaba en la juventud perdida de los años ’80. Jóvenes víctima de la droga, de las adicciones, vidas destruidas tras un sueño equivocado. Durante muchos años, sus superiores, haciéndole notar su falta de instrucción y de preparación, la hicieron esperar, pero finalmente llegó el día del “sí” y la hermana comenzó. ¿Qué? Ni ella lo sabía. Junto a otras dos hermanas, valientes como ella, puso manos a la obra, simplemente confiando en la Divina Providencia y en la misericordia infinita de un Dios que es ante todo Padre. La Comuna de Saluzzo le entrega una casa en ruinas, como la vida de los jóvenes que ella quería ayudar. En el dintel de la puerta de entrada vio la imagen de una Virgen. Entendió que María ya la estaba esperando, y con la certeza de no tener nada en los bolsillos, empezó. Así nació la Comunidad Cenacolo que hoy, treinta años después, tiene más de setenta casas en todo el mundo, una congregación de hermanas, sacerdotes, consagrados, familias, misioneros, chicos y chicas de todo el mundo, que se esfuerzan en un camino de renacimiento que no tiene fin. Hoy, esa mujer es anciana pero es feliz. Su vida ella la vivió al máximo. Sus ojos hoy brillan con una luz que no es de este mundo, su sonrisa habla de la sonrisa de Dios.  Hoy, que la mies está madura, puede mirar hacia atrás y alegrarse al ver las maravillas que el Señor pudo obrar en su vida, simplemente porque fue un instrumento dócil en sus manos. Simplemente porque no dejó de decir Sí. En estos días, mientras apaga las velitas, su Sí se une a nuestro Gracias, por su vida entregada, que se transformó en fuente de vida nueva para todos nosotros y para mucha gente de todo el mundo. ¡Gracias por habernos enseñado a vivir al máximo! ¡Feliz cumpleaños, Madre Elvira! Gaia

 

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