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Enc. de Padres 3

P. Stefano: “Escuela de Vida para las Familias”


"Los dos andenes sobre los que renace la vida. El camino paralelo de padres e hijos, e
l aburrimiento de esperar o la paciencia de reconstruir"

Continuamos nuestro camino en esta  “escuela de vida para las familias” de los padres de la Comunidad. Es una escuela en la que ponemos a  disposición de ustedes lo  que hemos madurado en estos casi veintitrés años de vida de la Comunidad. Ustedes nos ayudan desde su experiencia de padres ya que la Comunidad es una realidad que está  continuamente en marcha, es una escuela donde no hay maestros ni alumnos, sino que nos ayudamos compartiendo el camino de vida.
Hoy pensaba hablarles en paralelo  sobre la relación de padres e hijos. Un padre nos decía que la Comunidad le había  enseñado que el tren de la vida va bien si existen los dos andenes: uno es el hijo y el otro es la familia. Y quien sostiene todo es la Comunidad. Los dos son importantes: así como recibimos al hijo en Comunidad,  también invitamos a ustedes a participar de los grupos. El tren son ambos,  los hijos llegados a la Comunidad destruidos, y la familia, que a veces estaba un poco fuera de pista.
Pensaba presentarles algunas de las  etapas del camino que los jóvenes viven en la Comunidad.
Cuando se encuentran con los chicos los escuchan hablar de “ángel custodio”, de “verifica”, de “compartir”, etc. Es un lenguaje nuevo y difícil de entender si no conocemos cómo es el camino de la Comunidad.
 Es hermosísimo pensar que  este camino no nació de nosotros, sino que es el fruto de la experiencia de los chicos que durante  estos veintitrés años han pasado por la Comunidad: Dios lo ha construido a través de ellos. Es vida concreta, todo ha surgido de la experiencia concreta. Son ellos los que nos han hecho entender qué  era lo importante diciéndonos cuando sentían  necesidad de compartir, que sería muy bueno hacer la revisión de vida. A partir de ahí surge el camino  de reconstrucción de la vida de ese joven que un día  dejaron en la Comunidad destruido o desesperado.
A este camino lo llamo el aburrimiento de esperar o la paciencia de reconstruir.
Porque por la experiencia de todos estos años hemos entendido que hay dos modos de vivir la Comunidad  tanto para los hijos como  para los padres, quienes hacen el camino desde afuera.
 - Uno es dejar que pase el tiempo pensando que sólo eso cambiará las cosas.
 - El otro modo es vivirlo  en vez de  dejarlo pasar.
Algunos chicos  entran a la Comunidad y dejan pasar el tiempo. Y el tiempo pasa. Pero también se puede aceptar  el camino que la Comunidad  propone, que es una reconstrucción de la vida.
Con paciencia el joven reconstruye pedazo por pedazo todo el daño que ha provocado en él  el mal y una educación equivocada, todo lo que ha vivido, sufrido o recibido.
La Comunidad tiene un lenguaje propio que señala hechos exteriores, pero esos hechos encierran una educación interior importante.  No es tan  importante saber qué  es la verifica o el ángel custodio, sino que lo importante es entender el sentido profundo que tienen.
En un determinado momento la Comunidad le hace dar al chico un paso.  No debe ser tomado como algo mecánico que cuando se llega al  año y medio tiene que   ir en verífica o que a los  tres años está listo para salir de la Comunidad. Nosotros no tratamos a sus hijos de acuerdo a  fechas que son iguales para todos. El camino de la Comunidad reeduca la vida de los chicos y por lo tanto cada pequeño paso que el chico realiza tiene un significado profundísimo. Lo que está detrás de este “paso”  es lo importante y  debemos entender el sentido del camino de la Comunidad y el porqué de sus etapas.


EL PEQUEÑO CAMINO
Santa Teresita, una gran santa,  entendía que la santidad consiste en el vivir bien las cosas simples de cada día.
Vivir la vida cotidiana con el corazón pacífico, sereno, alegre...  el camino que la Comunidad propone a sus hijos está hecho de cosas muy simples pero hechas con el corazón, desde adentro, donde se descubre el sentido profundo que tienen. En este pequeño camino  Dios ha puesto el tesoro más grande: la alegría del corazón,  una vida nueva que se puede aprender a vivir.
En este  camino  hay varias etapas concretas que marcan un ritmo, laten, señalan su camino, su renacer.
La primera es la del ángel custodio, el ser “custodiado”, después de un cierto tiempo ya no hay más el ángel custodio y el chico es “libre”.
Luego la Comunidad comienza a confiarle  las pequeñas responsabilidades comunitarias como la cocina, el desayuno, la huerta, etc.
Cuando llegan  las primeras salidas se considera un gran  acontecimiento.
 Todas estas pequeñas cosas que aparentemente parecen banales, tienen un sentido.
Luego hay alguno de sus hijos al que se designa   responsable en una fraternidad, por lo tanto debe llevar adelante, organizar, toda  la vida de esa fraternidad.
Finalmente están las misiones para algunos y para otros la preparación para salir de la Comunidad.
Todos los pasos que su hijo hace en Comunidad, involucran en modo paralelo también a las familias porque cuando el hijo entra en la Comunidad deberían “entrar” también los padres.
A mí me da gusto cuando escucho las “viejas glorias”, los padres fieles, que cuando dan testimonio dicen: “Yo estoy en la Comunidad desde…”. Cuando el hijo entra, ingresan también ustedes en Comunidad. Es una doble entrada en  dos andenes ya que ustedes también inician un camino. Y así como el hijo tiene un “ángel custodio” también ustedes están protegidos por el grupo, que los contiene o por alguna familia de la Comunidad que los cuida.
Al avanzar en el camino poco a poco se integran, comienzan a entender más a  la Comunidad que les confía pequeñas responsabilidades en las actividades comunitarias, como por ejemplo los encuentros de los sábados, etc. Hay muchas maneras concretas de  estar  involucrados en las responsabilidades de la Comunidad.

Después llega el momento de la verífica (verificación)  del hijo y también es el de la de los padres, porque  así como él se verifica con ustedes, también Uds. se verifican con él.
La salida del hijo de la Comunidad  es un momento muy fuerte donde los padres lo acompañan en este nuevo “viajar bien” por la vida que hacen el chico y  la familia.
Estos pequeños pasos exteriores que un chico o una chica viven desde que entran en la  Comunidad tienen un sentido educativo muy profundo. Detrás de estas cosas simples hay una reeducación de la vida y  son vividos como  momentos de cambio interior.
Las etapas externas deben representar el camino interior que el chico está haciendo sino son fugaces y en vez de ayudar al chico lo hacen retroceder.
Por la experiencia que tiene  la Comunidad,  nunca les adelantamos a los chicos lo que deberán hacer al día siguiente, porque si lo saben  antes se pierden, la cabeza comienza a pensar, a viajar. Hemos entendido que deben vivir bien el presente.
Estos pasos, para los chicos y para ustedes, no son un camino exterior.
Tampoco ustedes deben estar esperando las fechas para ver a los hijos  porque de esa manera siguen poniendo por delante las cosas exteriores cuando lo que cuenta es lo interior. No podemos medir el camino de un joven por lo que hace, sino por lo que es, por lo que dentro de él comienza a cambiar.

Vamos a recorrer  algunos pasos normales de la vida de la Comunidad.
La entrada: la fuerza de resistir en los momentos duros.La primera  fuerza que los ha acercado a la  Comunidad, diría que  es la desesperación. Aparentemente no  parece  una buena elección, pero igual probamos con muy poca esperanza.  Así se han acercado sus hijos, cuando ya han tocado fondo.
 La primera fuerza para salir adelante en los momentos duros es la desesperación. Es la fuerza de la tristeza en que viven y es también la  fuerza de los padres que los empujan. ¿Qué los ha hecho llegar a los coloquios? El hecho de no saber más adónde recurrir, del dolor sacamos  la fuerza de comenzar, de probar, confiar y caminar.

Hay otra fuerza que sus hijos encuentran  cuando entran en la Comunidad y que se llama: amistad.
Es la primera gran fuerza que un chico encuentra después de la desesperación que tiene en el corazón. La amistad es lo que  le da la fuerza para permanecer en la Comunidad.
También para los padres  es así. En la desesperación  son los otros padres los que les dan la fuerza para caminar. Les ha dado fuerza encontrar personas concretas que eran los padres de otros chicos y chicas drogados, y que ustedes han percibido  cambiados. Piensen en los primeros coloquios, en el  encuentro con la Comunidad, motivado por la desesperación, pero luego han ido avanzando en  la amistad  que nace con los otros padres donde te sientes aceptado, amado, escuchado.
Luego de la desesperación y la amistad, otra fuerza grande para los chicos es la puerta de casa cerrada, sobre todo en los primeros tiempos. Saber que la puerta de la casa está cerrada hace desaparecer muchas fantasías que cruzan por su cabeza. Sobretodo en los primeros meses  cuando se cansan mucho,  quieren ir a ver con sus propios ojos que la puerta está cerrada.
Cuando un chico escapa después de algunos días o meses de Comunidad, es como si tuviera necesidad de la fuerza de los padres. Para regresar a la Comunidad, para ir adelante, se necesita la fuerza de la “puerta cerrada”.
Para darle fuerza al hijo y para  que no escape a las dificultades ustedes deben decirle: “Querido hijo, regresa a donde estabas, aquí en casa no entras hasta que la Comunidad no te dé la bendición para salir .” Esta fuerza es muy importante para los chicos. Al principio puede ser que no lo entiendan, pero luego muchos de ellos bendicen a los padres que han cerrado la puerta porque entienden que fue el signo de un amor que sufría por ellos y con ellos, y esto lo  agradecen.
Otra etapa en el camino es  descubrir  la fuerza de la oración, una fuerza grandiosa. Llega poco a poco, después de haber hecho las etapas  motivadas por la desesperación, por la puerta cerrada y por la amistad.

Luego aparece el “ángel custodio”. Tu hijo entra en Comunidad y es confiado a un “ángel”, ¡que no es tan ángel, o quizá no lo es todavía! Este chico es su primera ayuda concreta, y no es ni  un psicólogo ni un psicopedagogo a quienes se les paga, tampoco somos nosotros  porque no podríamos estar junto a cada chico o chica que entra en Comunidad.
 El ángel custodio es una figura importante, el primero que  guía al hijo en el camino. El joven  entra en un mundo nuevo, tiene necesidad de un punto de referencia. Él lo acompaña, lo guía, le enseña las cosas, le ayuda a orientarse en el mundo de la Comunidad.
El ángel custodio  ha nacido en la Comunidad como una intuición que el Espíritu Santo ha dado a sor Elvira y  es un gran don para quien es custodiado y para quien tiene el rol de ángel custodio. ¡Son dos pasos grandiosos! En esta realidad en la cual uno cuida del otro, hay una sanación, una gran ayuda recíproca. El  ángel custodio llama al custodiado: “mi hijo”. Llamarlo así es tan hermoso como profundo, tu hijo tiene un “hijo”, una persona que le ha sido confiada. Aquel chico que ha entrado desesperado, solo, abandonado, herido  siente que ahora puede custodiar, proteger, de la misma manera en que él fue custodiado y protegido.
 Dentro de él surge el sentimiento de sentirse amado desinteresadamente por alguien  que cree en él y que siente que su vida vale, que no lo deja sentirse solo.
El ángel custodio no lo deja nunca y se siente amado y seguido por él. El joven siente que su vida, que ya no le  interesaba a nadie,  a alguien le interesa.

¿Cuál es la vivencia del ángel custodio? Él, que era un drogadicto y que  las hizo de todos los colores hasta unos meses antes, descubre que su corazón  es  capaz de amar, de tener  paciencia... Ahora debe morderse la lengua,  él  debe ser el ejemplo de vida para su “hijo”.  Aprende a estar en silencio, a hacer las cosas en lugar del otro. Es en este momento cuando comprende la paciencia que ha tenido su ángel custodio. Cuando una persona comienza a amar, entiende cuánto lo han amado. ¡Esto es la sanación!
Estas son las dos dimensiones de la vida  sobre las que se sostiene la existencia: amar y ser amado.Son como las dos columnas que sostienen el arquitrabe  en algunas casas.
Las dos columnas que sostienen la vida de cada hombre, hijo, padre y mujer son el sentirse amado y el aprender a amar.  Esta es la realidad que mantiene en pie la vida en un maravilloso  juego de interrelación: uno que se ha sentido abandonado, solo, desesperado, ahora se siente amado; el otro que no era capaz de amar, ahora se da cuenta de que puede  amar.

Sentir el amor que nos tienen  y ser capaces de amar es una sanación grandiosa.
Les digo esto porque en la vida de un chico que ha llegado a drogarse, estas dos realidades son  las más heridas. Son las laceraciones más profundas que tienen cuando entran en Comunidad. Luego entienden que ustedes han hecho de todo para amarlos pero ellos no han sentido nada. Quizás ustedes les han dado de  todo, pero ellos han entendido que el amor no está en las cosas. Lo que sí hay dentro de ellos  es una herida profunda.   Ellos sienten que algo  les ha faltado y  tienen una gran incapacidad para amar.
  Sor Elvira nos contaba de un muchacho que en un momento del camino fue llorando a decirle: “¡Elvira, no sé amar! Estoy tan herido, con tanta rabia y egoísmo que me impiden  amar”. Tomar conciencia de no saber amar es un drama. Por eso  la misericordia de Dios ha hecho nacer en la Comunidad  el ángel que custodia al hijo y el hijo que ayuda al ángel a aprender a amar.

Esto también debería involucrar a las familias, hay familias separadas que reencuentran la unidad a través del hijo desesperado. La fuerza de la desesperación une a la familia y hace salvar al hijo.
A esto se suma   la fuerza de cerrar la puerta: es importante que el amor  sea exigente con los hijos. El drogadicto es insensible al amor cómodo, que le da todo, tiene necesidad de un amor exigente, firme.  Eso lo empuja a cambiar de vida, pero  si falta ese amor,  no permanece en la Comunidad.
Los padres también deben sentir la amistad del grupo como un  ángel custodio.  Entenderán algunas cosas cuando les toque a ustedes  cuidar a una familia. Cuando uno comienza a hacer algo por alguien  es el  momento en que  se le abren los ojos.

Cuando el hijo entra en la  Comunidad hay muchas reglas pequeñas que se deben respetar. La Comunidad les  pide todo a sus hijos y ellos entienden  que   este pedirles  sacrificios encierra  un gesto de inmensa confianza hacia ellos. Elvira nos pide todo porque confía en que los jóvenes somos capaces de vivir así. Podemos descubrir la alegría en las cosas verdaderas y auténticas, es un acto de coraje.

Piensen  cómo eran sus hijos el día antes de entrar en Comunidad  y  piensen en el día después: se levantan a las seis. En la Comunidad se experimenta  la fuerza del sacrificio y se lo  descubre como la  auténtica  fuente de la alegría. Antes sus hijos le huían a todo  sacrificio y ustedes  realizaban las peores tareas para que ellos no sufrieran.  En la Comunidad se  aprende que  para gustar y apreciar las cosas hay que lograrlas con el sacrificio, y que eso brinda alegría y satisfacción. Les parecerá extraño pero las fraternidades donde los chicos y las chicas hacen más sacrificios son las casas donde están más contentos.
Cuando converso con  los ex de la Comunidad lo que más recuerdan son los sacrificios.
La Comunidad se apoya en el sacrificio porque es  parte de la vida. Enfrentarse  al sacrificio  reconstruye  la confianza en sí mismo, el chico se ve  capaz de hacer   cosas que nunca hubiese  imaginado antes.
 Sus hijos aprenden a trabajar y el trabajo se transforma  en educación de vida, no en un puesto para ganar dinero. En cada casa  se realizan todos los trabajos, el chico aprende a hacer de todo.
Los ex de la Comunidad que continúan en el camino de la Comunidad hacen felices a sus esposas porque en la Comunidad  se aprende la vida, a relacionarse, a pedir disculpas. El trabajo de este modo se vuelve escuela de  verdad, de responsabilidad, de madurez, don de Dios.

La Comunidad los educa en la verdad. Cuando entran dicen muchas mentiras, tantas, que nos vimos obligados a poner la regla de contar hasta cinco antes de responder para  aprender a decir la verdad haciendo silencio.  Cuando uno espera para  responder en la conciencia  surge  la verdad.  El joven aprende a ser consecuente con su compromiso, aprende que la oración que hace en la capilla  despierta su conciencia y que no se siente bien  si sigue mintiendo. Esto vale para ellos pero también es válido para los padres.

La vida comunitaria  educa hacia los  gestos ordinarios, pequeños, simples. Por ejemplo, cuando en la mesa se está por terminar el pan, uno se  levanta y  llena la panera. Si  toma la botella de agua antes de llenar su vaso, aprende que debe servir primero a los que lo rodean y finalmente a sí mismo. Detrás de estos gestos banales hay una enseñanza profunda que es  salir del egoísmo.
Los recitales forman parte importante del camino de la Comunidad.  Algunos chicos deben salir  y cantar, bailar o dar testimonio sobre el escenario. Significa que  deben superarse, que  no lo hubiesen hecho nunca antes y menos  delante de tanta gente.  Es una sanación inmensa para ellos.
Los recitales de la  Comunidad  fueron ideados para que los jóvenes sanen al superarse  bailando y cantando. Este es el camino de la reconstrucción.

También a las  familias la Comunidad les pide sacrificios aparentemente imposibles.No son sólo los hijos los  que deben dejar de drogarse,  dentro de la casa hay drogas que la familia debe abandonar y la Comunidad nos estimula a luchar y lograrlo.  También ustedes están invitados a superar los miedos para descubrir que son capaces de hacer cosas que nunca hubiesen imaginado posibles. Las cosas hechas con sacrificio  nos dan alegría .

Es un milagro   levantarse a las seis, ir a la huerta, comer lo que no te gusta, pero el milagro más grande es que a las seis y media  de la mañana  están arrodillados rezando. Piensen cómo eran antes sus hijos a las seis  de la mañana y como son ahora,  todavía no es la  fe pero  comienza el  milagro grandioso que merece una charla   aparte por lo importante.

Otro paso en el  camino de la Comunidad es la transferencia de casa.
Cuando un chico entra en una casa, está un tiempo y  luego se transfiere.   El mismo día  en que debe partir se le avisa que se va.  La transferencia se realiza porque es  una exigencia para la maduración de los chicos. Los padres a veces piensan que  el estar bien de sus hijos es sinónimo de que esté todo tranquilo, pero con frecuencia no es así.
Cuando se hace la transferencia se ve si la persona ha madurado y si tiene claro el camino,  pues debe recomenzar todo. El chico debe ver si ha podido superar sus miedos, si puede realizar nuevas amistades, otras veces es necesaria una buena sacudida en el camino. 
Cuando llegan a una nueva casa, por un mes deben hacer silencio. Cuanto más tiempo tiene uno en la Comunidad más humilde debe ser.  Para  crear nuevas raíces es necesario ese silencio: ver, observar y servir. Entonces la transferencia es una ayuda para reflexionar sobre uno mismo, sobre lo que uno está haciendo y cómo lo  está haciendo.

También la verifica, en el sentido que le da  la Comunidad,  es un paso de madurez en el camino. La verifica no es hacerle al  hijo siete días de fiesta en casa. El  hijo va en verífica para estar con ustedes, para que él reencuentre  a su  familia y viceversa. Este es el único motivo y no hay otros.
La Comunidad evalúa cuándo es el momento adecuado para enviarlo a casa por unos días, luego de que han pasado uno o dos años,  la verífica es un tiempo de maduración familiar. Es para reconstruir con ustedes una nueva relación, distinta, verdadera, sana, transparente, libre. A veces los mandamos a casa para  que los padres les den un empuje que en ese momento necesitan de ustedes.
La verifica es un momento importantísimo para sostener, ayudar y reforzar el camino del hijo o de la hija. El chico toma   conciencia desde fuera de la Comunidad de   las elecciones realizadas, porque el hijo  en casa se da cuenta si ha elegido en profundidad, ahí es donde se juega si frente al televisor es capaz de renunciar a lo que no le conviene o si le tiembla la mano frente a las bebidas alcohólicas.
Es un momento en el cual el hijo toma conciencia del ambiente donde  estaba antes y  en el que  no estaba bien, puede ver los pasos que ha hecho, esto vale para el hijo y para ustedes.
La verifica es también de la familia,  porque también frente al hijo los padres ven si están convencidos, si son auténticos en la fe , si confían, si todavía  tienen miedo de él, si caminan junto a la Comunidad, si han madurado la unión y la estabilidad de la pareja que los hace uno frente a los hijos.

Hace unos pocos años sor Elvira comenzó a experimentar otra clase de verífica y es la de que uno de los padres viva quince días en la Comunidad con el hijo para reconstruir la relación. Este tiempo es con uno solo de los padres quien se levanta a las seis, reza el Rosario con los chicos, en fin,  vive la vida de la Comunidad.
Les puedo decir que es más eficaz esta verifica porque cuando el hijo regresa a casa una semana, ustedes están exageradamente  contentos y todos los parientes deben ver al “héroe” que regresa a casa. En cambio, como  la Comunidad es un ambiente construido para el bien,  la relación que puede tener  un padre con su  hijo es mucho más intensa y profunda que cuando se está  afuera y uno puede escaparse con otras distracciones.
Es una  buena experiencia  para conocer la Comunidad viviéndola, experimentándola, probando el cansancio  y el  sufrimiento que sus hijos viven en Comunidad.
La Comunidad Cenáculo es una oportunidad  que Dios te regala  para llenarte de cosas nuevas, pero hay una condición y es tu libertad, aceptar con el corazón, dejarte involucrar, comprometerte.
Si uno va  al grupo solamente porque debe ir, pero las cosas pasan sin  que se entere, de esta manera no cambia nada por  dentro. Así es para el hijo que puede tomar la Comunidad como “el purgatorio”: me he equivocado y debo pagar. Quizá piensa que va  al paraíso cuando los padres le abren la puerta, en  cambio va al infierno porque regresa al mal.

La Comunidad no es un purgatorio y tampoco ustedes  deben pensar  que dejan al hijo dos o tres años porque se tiene que curar y que cuando lo van a buscar ya está sanado:  ¡no es así!
¡No es así simple! Las cosas deben cambiar por  dentro, de otro modo él vive la Comunidad como una cárcel, pero la Comunidad no es la  penitencia por el pecado cometido antes. Es la misericordia de Dios que viene a nuestro encuentro para cambiarnos la vida, somos los afortunados a quienes Dios busca.

El verdadero objetivo de la Comunidad  se logra cuando el chico está listo porque  ha cambiado por dentro, porque ha aprendido a pensar de otra manera, porque quiere una vida más simple.
Queridas familias, se puede asistir ir al grupo por años como a algo exterior, como la cuota que la Comunidad no les hace pagar. Se pueden contar los días para que el hijo sea “libre”.
Pero yo, queridos padres, les pregunto  ¿qué es lo que cuenta en la vida  de los hijos, los días que pasan en Comunidad o el corazón de ellos que cambia?

Terminamos con un aspecto positivo y es que  si nos abrimos a Dios hay una gran alegría, porque los jóvenes que se han abierto han pasado de la “cárcel  al don”. El joven cambia por dentro y no solo por fuera. Cambia su modo de pensar y de vivir. Gusta y lo hacen feliz los pequeños pasos que está haciendo, los vive en profundidad, contento y vive la verifica como algo grandioso.
En la vida de ustedes, padres, cuando se han dejado involucrar ha nacido al perdón y ha regresado el amor, se ha serenado la vida y han cambiado.

La gran diferencia está entre quien espera con aburrimiento el final de una “condena”  y el que vive con alegre  paciencia y entusiasmo la reconstrucción  del propio futuro: hay una diferencia inmensa.
Queridos padres, queridos hijos, abrámonos y salgamos de la cárcel así descubriremos el don que tenemos entre las manos.

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