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Enc. de Padres 2

P. Stefano: “Escuela de Vida para las Familias”

“La espera del encuentro con mi hijo,
el deseo de verlo…el miedo de encontrarlo".


La espera de este encuentro genera  sentimientos de dos tipos: por un lado, el inmenso deseo de ver al hijo.Por el otro, el sentimiento de miedo, sobre todo para quien lo encuentra por primera vez. Se preguntan cómo lo encontrarán después de tanto tiempo.
 Has visto muchos años  a tu hijo   en casa, pero casi  nunca lo has encontrado. Luego de algunos meses en la Comunidad debería ser distinto, debería haber entendido algo. También ustedes como padres deberían haber madurado algo.
Por lo tanto, este encuentro es algo nuevo, desconocido,  ves a tu hijo de manera nueva y también él te ve de una manera nueva.

Recorramos un poco las etapas:
Cuando ustedes llegan a la Comunidad, descargan el paquete en el portón de Saluzzo y mientras se van dicen: “¡qué se quede un poco solo allí, que no venga a casa!”.
Durante los primeros meses, cuando suena el teléfono, tenemos miedo de que el llamado venga de la Comunidad para anunciarles la triste noticia de que se ha ido. Este primer tiempo no transcurre en la paz, es un tiempo todavía de miedo porque conoces por la experiencia  que tu hijo es débil, que tiene necesidad de la Comunidad. Todo comienza con miedo, pero  si pasan un mes o dos los padres se serenan. No es todavía  la verdadera paz pero es el primer paso hacia la tranquilidad: vuelves a respirar, tu corazón se tranquiliza y entiendes que tu hijo se ha quedado en la Comunidad, comienzas a tener confianza.
Luego pasan los meses y comienzan a extrañarlo. Han descargado un “paquete muy pesado”, pero en cierto sentido lo veían todos los días.
Entonces comienzan las letanías: “Cómo lo extraño, cuanto me falta este hijo…”  y a tratar de conseguir  noticias: “¿A dónde ha ido mi hijo? ¿En qué fraternidad se encuentra, en qué país?”.
 Luego llega la fiesta de la Comunidad y vas ansioso para tratar de verlo. Cuando recibes la  revista, miras todas las fotos y no lo encuentras. Llamas a la oficina de Saluzzo. Te preguntas por qué no te escribe y llegas a la conclusión de que no piensa en la familia.
Puede ser que comiencen a tener dudas sobre la Comunidad: “No me dan noticias, no me lo dejan ver, no lo dejan escribir.¡ Está bien la severidad pero  es demasiado   exagerada!”
Además siempre están  los amigos que les dan la razón diciendo que no está bien, que no es justo, que por lo menos tendrían que llamar una vez por mes, etc.
Entonces ustedes le escriben al hijo…y le mandan hermosas postales desde los lugares de vacaciones, preocupados porque él está  trabajando ocho horas al sol. Quizás está en Medjugorje picando  piedras y allí recibe una postal que dice: “ Sólo faltas  tú!... si supieras que lindos lugares!”
Ustedes  han perdido  el sentido de lo que él está viviendo y de lo él que puede sentir leyendo una carta que dice: “¡Nos estamos divirtiendo, faltas sólo tú!”
En estos casos no sería extraño que la Comunidad te llame para decirte que tu hijo se ha escapado, lo que te  preocuparía mucho. Esto sucede porque el centro de la vida y de todo lo que viven  todavía es él.
En los encuentros hablas solo de él, con los amigos hablas solo de él, los otros hijos son dejados de lado y se enojan con la Comunidad, no con ustedes que son los desequilibrados.
¿Por qué sucede esto? Porque es difícil pasar de él a nosotros. Hasta que en algún momento del  encuentro de padres alguien les hace entender que no están allí por el hijo sino por ustedes.
No vas al grupo  para tener noticias de él, sino para decirnos como estás , como están ustedes en casa, qué estás viviendo y no para saber lo que está viviendo él.
Cuando viene una madre y dice: «¿Cómo está mi hijo?» Nosotros le  respondemos: «¿Cómo estás tú?». Entonces, luego de tantos meses de búsqueda equivocada, comienzas a entender que el centro del mundo no debe girar alrededor de tu hijo, es hora de que comiences a mirarte interiormente: empiezas a comprender cuál es tu camino.  Pasas de sus problemas a los tuyos y de su desintoxicación  a desintoxicar  a la familia.
Este es  un cambio muy difícil,  fatigoso, y muchas veces  vendrá la tentación de escapar de la verdad que llevas adentro. Este es el motivo por el que a  veces quisieras tener a tu hijo, porque tienes miedo de mirarte dentro. En el fondo a aquel hijo no lo querías, te molestaba,  pero era el que tapaba todo porque el problema en la casa era él, por lo tanto se discutía porque estaba él y la culpa de todo era siempre de él.
Por este motivo  la Comunidad obliga al silencio los primeros meses y no te permite ver a tu hijo. En cierto sentido él está protegido, entra  en la Comunidad, lo mandan a alguna casa y es mejor que ustedes no tengan  noticias. Si no  llaman duermen tranquilos, saben que  en la Comunidad es así.
¿Por qué la Comunidad corta estos puentes con tu hijo que quisieras mantener a través de cartas, llamadas telefónicas, etc.?   Lo hace para que él pueda entrar dentro de sí , para que pueda concentrarse en lo que es importante para él, en sus problemas, en sus dificultades.
 Los primeros seis meses que la persona vive en la Comunidad son los más importantes porque es el tiempo en el cual él ve las cosas que cuentan, no las cambia pero las ve. En estos seis meses de silencio su conciencia comienza a hablar. Desaparece la niebla de la droga, la confusión que tenía dentro y ya no tiene más ocasiones de escapar de sí mismo, ya no puede  escapar más a través de las noticias que ustedes le daban, está obligado a concentrarse en sí mismo, naturalmente ayudado por la Comunidad. Es en ese tiempo  cuando revive sus  fracasos, la rabia con  que ha vivido, las situaciones que no funcionaban en la familia,  qué debe cambiar de su carácter: ha llegado el tiempo de la verdad.
Es el tiempo en el cual ustedes como “padres” deben ver claro el trabajo interior que el hijo debe hacer en la Comunidad y cuántas cosas debe cambiar.
En este tiempo de silencio ustedes  deberán hacer el mismo camino.  La Comunidad espera que ustedes en este tiempo de silencio comiencen a preguntarse, gracias a lo que escuchan  en los grupos, si su hijo era realmente el único problema en la casa y cuáles son los otros que quedan al descubierto ahora.
¿Por qué la Comunidad los separa del hijo? Porque  piensan que el problema es él, lo que es verdad, tiene problemas y por eso lo han llevado  a la Comunidad, pero generalmente piensan que todos los problemas de la familia están  concentrados en él.

El hijo entra en la Comunidad y  después del primer entusiasmo de la familia, los problemas regresan, sigue la falta de diálogo entre los esposos, con los otros hijos. Vuelves a beber, vas al bar, desgraciadamente las drogas dentro de la  casa permanecen todas.
Entonces deberías tomar conciencia de que  tu hijo no era la causa de tus problemas, ya que ahora que él no está más los problemas igual persisten .
Ese cuestionamiento lleva a  pensar que quizás los graves problemas de nuestro hijo sólo tapaban los que hay en casa. Y ya estás listo para dar el primer paso, partiendo de “él” como problema inicial para llegar a “nosotros” familia, como un “árbol” que se va sanando, que debe reencontrar las buenas raíces.
Su hijo, en los primeros meses de Comunidad, si pasa la crisis inicial, descubre que tiene tantas cosas para cambiar que ni piensa en escribirles. Por eso  no les escribe, porque encuentra un mundo nuevo delante de él,  que lo ilumina y que le hace comprender quién es él mismo.
Esto a ustedes les hace mal, pero sepan que es un gran bien , es un gran bien para él porque significa que él está concentrado en lo que vive. No está proyectado sobre ustedes: está en sí mismo y es por eso que ha venido a la Comunidad, por lo tanto les debería dar mucha alegría. Por fin comienza a mirarse interiormente, comienza en cierto sentido a “estar bien” lejos de ustedes. Esto no es un pecado ni una cosa fea, sino que es algo que el hijo debe madurar, para poder crecer en el respeto y en el amor que reconstruirá hacia ustedes. Pero primero debe comenzar a estar bien con su vida, sobre sus piernas, acerca de sus elecciones. En esa etapa el mal está siempre presente. Sus hijos y cada uno de nosotros no combatimos sólo contra las propias heridas humanas. La droga y la vida de la calle, son un signo de la existencia de satanás. Es una prueba concreta de que el mal existe y espera siempre el momento oportuno.
¿En qué momento  el mal nos viene al encuentro? En la vida de Jesús está muy claro y también en la nuestra: es el momento del sufrimiento el que hace nacer la tentación, es cuando se sufre que el mal comienza a cantarte al oído.
En estos años he visto tantos jóvenes irse de la Comunidad, ilusionados con que iban a  hacer algo bueno. El mal no se presenta como un monstruo que te da miedo, sino como decimos nosotros en la Comunidad, se presenta como una “linda mujer” que te hace bailar los ojos. El mal te hechiza. Muchos  chicos después de algunos meses piensan que  dejaron  sola a  la esposa, a los hijos y sienten como  un deber el ir a ayudarlos.
Imprevistamente, tu hijo parece ser un “santo” y se ilusiona con que es capaz de vivir el bien: ha olvidado quién era, porque esposa, hijos y padres los ha tenido muchos años y desgraciadamente nunca lo habían preocupado.
Esto no les sucede sólo a ellos,  también ustedes,  padres, frecuentemente se olvidan rápido lo que han sufrido. Una vez me dijo sor Elvira  que deberíamos hacer repetir a los padres muchas veces lo que han sufrido porque  no  deben olvidárselo.
Muchas veces  se encuentra en ustedes un perdón “buenista” que no le sirve al hijo. Dentro del corazón deben perdonarlo, pero él  necesita  saber que ustedes no se dejan  “tomar el pelo” nunca más. Esto pasa cuando ustedes, padres, se derriten  delante del hijo cuando  ven que sonríe, que está bien, que tiene un rosario en la mano.

Yo entiendo que suceda  y quisiera que tengan bien presente que todo esto se los decimos para ayudarlos y ayudarnos, no para juzgarlos ni juzgarnos, sino para lograr leer dentro de nosotros, para poder ser más positivos en el encuentro con sus hijos.
Respecto al mal que hemos vivido, a veces con muy poco  nuestros sentimientos  vuelan: calma! No demuestren enseguida los sentimientos que les despierta el encuentro, esperen, dejen que su hijo camine. No crean enseguida en sus palabras y en sus promesas, en lo que te dice con la boca, sino que esperen a ver lo que expresa  con la vida. Se enternecen tanto que a veces cuando ven al  hijo después de seis meses que ya está bien, le dicen que ya tendría que  regresar a casa.
¡Es un error fatal! Hasta hace algunos años eran los padres que luchaban para que el hijo estuviera en  la Comunidad, ahora son los hijos los que deben luchar para estar en la Comunidad contra los padres que los quieren sacar porque creen que ya están bien.

Después llega el primer encuentro… se desencadena el deseo de verlo. Sabemos cuanta alegría da reencontrar un hijo que estaba muerto. Estamos muy felices de que puedan abrazar otra vez a  sus hijos, la alegría  de ustedes es la nuestra porque no queremos  sustituirlos de ninguna manera.
Lo primero que le dices es: “¡Qué bien estás! ¡Cuánto has engordado!” Si tu hija era anoréxica.  todavía estará mal por seis meses más. Ves que está bien y sacas muchas fotos .

Quisiera, desde la Comunidad y la experiencia, darles algunos consejos, sobre todo para quienes encontrarán al hijo por primera vez. 
No descargar sobre el hijo  noticias respecto de su pasado, ¡no las necesita! Tu hijo necesita que le hables del presente, de aquello que él está viviendo y que tú estas viviendo: vive la alegría del presente.
No le des el celular para que haga llamadas a los familiares y amigos. A ellos se les dice que no pueden usar el celular de sus padres  en el encuentro. Las personas con quienes hablan les hacen muchas preguntas. Cuando termina el encuentro ustedes apagan el celular y se van de lo más contentos , pero él se siente turbado por las preguntas que le han hecho y esa turbación entra en su cerebro y en  su psiquis que  todavía es débil. Gocen ustedes de la alegría y luego le cuentan a los demás como está su hijo.
Respeten también el agobio  que vive su hijo por encontrarlos, probablemente no les contará todo, no se abrirá, no será capaz de contarles lo que está viviendo. Tengan paciencia, no le hagan un interrogatorio, déjenlo sereno y libre, que pueda estar con ustedes en paz. Dejen que respire porque apenas ha comenzado a respirar. Lleven ustedes la conversación hacia algún tema que dé esperanza y confianza, un tema  verdadero, sin máscaras, porque tienen el ojo entrenado  para verlos y los conocen muy bien. Vuelvan a  confirmarle siempre la confianza  que ustedes tienen en la Comunidad, así le sacan   cualquier idea equivocada que les pueda venir a la cabeza al ver que ustedes los reciben tan bien, con tanta alegría, que quizá piensen que pueden volver a casa.
No le pregunten si le falta algo, no piensen que se está muriendo de hambre. No hay que  mandarle enseguida las cosas que ellos pidan porque ellos están aprendiendo a confiar en la Providencia, a realizar alguna renuncia. Esto no quiere decir que no le darás ningún regalo, pero lo harás más adelante, para no basar desde el comienzo  el discurso en cosas materiales. Si de entrada le haces ver que le trajiste  pantalones y camisas de marca, lo estás comprando. Los regalos deben ser bien hechos sin colocarlos en primer lugar  porque de esa manera la relación vuelve al “yo te compro, tú me compras, yo estoy en silencio y tú estás en silencio”. Como la relación ya no es más así   la bolsa con las cosas se la tienes que dar al responsable  de la casa, que luego se encargará de dársela en el momento preciso.  Si  él te pide  cosas de marca quiere decir que sólo te considera  por lo que tienes y por lo que le das y no por lo que eres. Tu hijo, en cambio, debe aprender a respetarte porque te has incomodado, porque vas a los encuentros, porque eres fiel al camino propuesto por la Comunidad.  Si esto sucede , los padres con mucha paz deben decirle al hijo que antes de hablar de cosas materiales desean hablar de la vida. Los padres deben llevar el diálogo desde el nivel material al nivel interior ya que en este nivel se han encontrado pocas veces en la vida, mientras que en lo material se encontraban todos los días.
El verdadero nivel de la vida es el del ser y no el del tener.
Encontrarse con el hijo en profundidad, donde él  dice lo que está viviendo y ustedes le hablan de lo que están viviendo, es un descubrimiento porque quizás bajo este aspecto nunca se han conocido: este es el nivel de la Comunidad.
Quizás tu hijo  también te prueba  diciéndote que no está bien, que no puede seguir…, los padres no deben darle enseguida la razón, sino que deben ayudarlo  a luchar, a superar las dificultades, a enfrentarlas y a  no  escapar. Los padres no deben ofrecer otra solución más que perseverar en la Comunidad, no ahorrarle esfuerzos , porque toda la vida le han evitado las dificultades. Si el hijo insiste hay que decirle con toda claridad que las puertas de casa están cerradas. Puede ser que esté pasando un momento difícil o  que crea en la ilusión de que ya está bien.  Si  te dice que quiere regresar para ayudarlos, debes decirle que primero tiene que reconstruir su vida.  Pide a la Virgen que te ayude a transmitir a tu hijo la convicción  de que podrá lograrlo. Si realmente intuyes que tu hijo necesita algo, debes hablarlo con el responsable de tu grupo o con el responsable de la Comunidad. No conviene decirlo delante de él porque en el momento del sufrimiento te está buscando como a la salida de emergencia, le debes hacer entender que esa salida está cerrada.
Una vez que se lo comunicas a la Comunidad, podremos intervenir de la manera más eficaz para ayudarlo.


Puede suceder  que  no  encuentres a tu hijo  cuando  vas para verlo, porque los chicos de esa casa han decidido que no es el momento, porque  lo has visto hace poco tiempo y entonces ceden el lugar a otro que no ve a los padres desde hace más tiempo… Papá y mamá crean que no es para hacerles mal, sino que es porque los tiempos no están todavía maduros,  disfruten igual y  piensen que todos los jóvenes que ven son un poco sus hijos.

Los encuentros dan frutos que ustedes  no ven: el hijo puede hacer recibido de ustedes un empuje al ver que están cambiando, que rezan, que van a los encuentros de grupo. Son muy importantes para él.
Pero también puede recibir una frenada,  aunque los vea, puede sentirse solo y abandonado en el camino comunitario.
Hay  cosas que pide la Comunidad que ustedes  no las saben, pero ellos, estando en Comunidad sí saben cómo   se deben comportar ustedes.  Es  cómodo   no concurrir  al grupo pero recuerden bien que el hijo siente que lo que la Comunidad  les dice a los padres es el verdadero bien para ellos, aunque  no lo acepten enseguida.
Esto nosotros lo sabemos porque nos lo han enseñado ellos, hemos aprendido de ellos, escuchándolos. Para el hijo es cómodo que  no creas en la Comunidad,  así todavía los puede engañar, pero se las hará pagar porque en el fondo esperaba la ayuda de sus padres.
Lo espera porque en el fondo les dice: ¡tengo necesidad de ustedes! Ayúdenme a salir adelante, déjenme pelear a mí por mi vida, no ocupen mi lugar..
Llegará el día en que les agradecerá porque no han cedido y le han dado este empuje.
Si en el momento del encuentro los invita a ir al grupo de padres, no busquen excusas porque si se alegra es sólo porque así  podrá seguir manejándolos a su gusto. Pero más bien se sentirá  abandonado aunque esté en la Comunidad, se sentirá traicionado, porque ustedes no lo acompañan en el camino de su renacimiento. Puede ser que después termine haciendo el mal, porque sabe que así les hace mal a ustedes. Acompañarlos es algo muy importante en la vida de sus hijos.

Cada encuentro tiene sus emociones y desilusiones. Como para los hijos puede haber desilusiones, para ustedes también. Pueden  verlos todavía confundidos, perdidos. Hasta puede ser que no esté en el encuentro.  La vez anterior les parecía que había dado un paso adelante, pero ahora lo ven más triste: es el camino fatigoso de la vida de sus hijos, por lo tanto prepárense a alguna desilusión.
Un hijo maduro es capaz de renunciar a estar un rato con los padres para realizar algún encargo que le confía la Comunidad. Unos padres maduros pueden aceptar esto. Si los padres se comprometen con algún servicio  a la Comunidad,  los hijos se alegran mucho, porque habla más la coherencia y la seriedad en la vida que muchas preguntas y palabras.
 
Puede suceder que alguno encuentre el hijo con mucho  apuro por salir de la Comunidad. Como el inicio también el final es un momento muy delicado, casi como el inicio porque es un nuevocomienzo.  De nuevo está en un momento de confusión porque es un momento importante. Si lo ven apurado por salir, si no está sereno, por favor cálmenlo y ayúdenlo a dar un paso más, ayúdenlo  a entender que la Comunidad no ha sido una cárcel donde ha cumplido tres años y ahora está libre. Pregúntenle si se ha decidido por Dios, por  la oración, si ha elegido la verdad; ayúdenlo,  porque él está de nuevo tentado por el tener: trabajo,  cosas, la chica, etc.
Ayúdalo a entrar en el nivel mas profundo de si mismo, el de la verdad.

Puede suceder que sea el padre el que está apurado y que oriente la conversación con las preguntas acerca del futuro, que le diga que ya es suficiente Comunidad y que le falta poco para salir. No le pregunta si se siente listo, si ha elegido a Dios, si es honesto, hay que dejar  espacio a su libertad porque debe madurar, decidir, no forzarlo a tus proyectos, no obligarlo a entrar en la “cajita” que tu le has preparado para tu ambición.
Respétalo, quizás tu hijo tiene necesidad de más tiempo, de pensar más, rezar más para tomar una decisión.

Se trata de pasar del bien entendido como cosas exteriores a un bien más profundo que es el interior. Sus hijos no han sido curados en el plano de tener  cosas, difícilmente alguno de ellos viene a decirme que le ha faltado algo, la mayor parte sabe que han sido curados en un nivel más profundo de la vida.
Esto significa haber comprendido que lo que cuenta en la vida es aquello que no se ve. Las cosas más importantes de la vida son aquellas interiores, que no se ven fuera pero se ven en el corazón.

Pidan a Dios en este tiempo que les ponga las palabras justas en la boca, que los ayude a percibir lo que su hijo tiene en el corazón, a darle el empuje justo en el momento justo, para la elección justa y para la vida justa.
¡Gracias por haber venido!

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