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Carlos

CARLOS

Me llamo Carlos, soy mexicano y hace unos años que estoy en la Comunidad. Siempre le agradezco a Dios por el gran don que vivo hoy: poder vivir mi vida sin desperdiciarla en el mal.  Si hoy puedo escribir este testimonio es por la gracia de Dios que, hoy me doy cuenta, siempre me sostuvo, aún en mi pasado. También entonces me hacía entender que iba por el camino equivocado, nunca se cansó de mostrármelo, diciéndome que  la vida verdadera era otra. De mis primeros años de vida recuerdo muchas cosas que me hicieron mal: problemas en casa, injusticias que no podía aceptar….. Esto me llevaba a vivir  con rebelión en mi casa, en la escuela y en la Iglesia. Empecé a vivir en la mentira, robando en casa y cuando salía con amigos, lo que me llevaba cada vez más abajo, queriendo escapar de la realidad. Desde niño para mí era común ver  consumir alcohol a mis familiares, entonces,  fue muy fácil  comenzar a beber a escondidas  desde los diez años.  Del alcohol pasé a la droga, viviendo momentos de falsa felicidad que no duraron mucho porque nunca supe controlarme y pasaba rápidamente al exceso. Como quería huir de la vida llegué  al punto de querer morir. Gracias a Dios y a su ayuda que me salvó de muchos peligros,  yo no tuve el coraje de quitarme la vida. En esos momentos me cerraba totalmente, no quería relacionarme ni con mi padre al que ya no quería escuchar, ni con mi madre, en quien “descargaba” mi negatividad.   Con mi hermano no tenía ninguna relación y menos con mis hermanas. Con mi modo equivocado de vivir perdí el respeto por todos y me justificaba señalando los defectos de los demás. Vivía en la inseguridad y con muchos miedos, escondía mi mundo interior  con la bebida y la droga.  Hoy puedo decir que ya en ese momento  tenía un claro sentimiento que lo que yo vivía no era la vida real. En el fondo de esa desesperación buscaba el verdadero sentido de la vida. Gracias a Dios sucedió un milagro: al encontrar la Comunidad encontré al Señor.  Esta gran familia en la que vivo hoy me fascina. Luego del primer período, me sentí en casa. De forma simple y natural recuperé   los verdaderos valores de la vida. Muchas de las cosas que hago hoy ya me gustaban de chico, como la construcción o el trabajo de campo, porque tenía un espíritu voluntarioso y creativo para el trabajo. La verdadera amistad y el ser honesto, cosas que  nunca había vivido, son hoy para mí esenciales. Es bello poder realizar hoy el sueño de mi vida: formar parte de una familia que vive el bien, tener muchos hermanos y hermanas, y poder ser “padre” de muchos jóvenes con los que vivo, y que los amo como amigos y como hijos. Agradezco a la Comunidad por la confianza que me tuvo. Seguir la voluntad de Dios es la elección de mi vida, lo que me está transformando y cambiando el corazón. En mi vida, muchas veces renegué de Dios, pero hoy no puedo dejar de ver su infinita Misericordia que día a día  me enseña la importancia del perdón.  Hoy sé que el amor de Dios, que es Jesús, es un amor infinito. El milagro de mi vida es la plenitud que siento en el corazón. Agradezco a  Dios la oportunidad de   esta vida verdadera.

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