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Fiesta de la Vida 2011

SOLO EL AMOR SALVA AL HOMBRE
 El proyecto de  Dios, que es  Amor, siempre pasa por el corazón del hombre. La Divina Providencia es uno de los milagros más grandes de la tierra y en el Cenacolo se toca con la mano. “Porque fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todo”, leímos en la Primera Lectura de la Misa del domingo 17  (Sab 12,13). Dios ama la vida y de esta fuente nació hace  28 años la obra de sor Elvira. Una lucha contra la muerte del corazón, del espíritu, de la mente de muchos jóvenes deprimidos, aplastados por el peso de la nada que llevaban adentro. Semejante renacimiento de la humanidad sólo es posible por obra de la Gracia y se  hace testimonio  incuestionable de la misma resurrección de Cristo.  Nadie como Él tiene el poder  de entender al hombre, de amarlo, de  rehacerlo lentamente desde lo más profundo de su historia llenándolo de amor por la vida.
 Las cuatro jornadas vividas  en la bella colina vestida de fiesta fueron un ejemplo de  esto. Un pequeño Pentecostés, si se piensa que gente de diversos países y diversas lenguas sintieron una única voz, un único acento: el del amor de Cristo.
 Todos los años en  la Comunidad Cenacolo hay sorpresas  también  en la organización. Este año   fue una carpa  para la Adoración Eucarística donde  la montaña que sostenía el Santísimo Sacramento tenía una ambientación como fondo que cortaba el aliento. Jesús Eucaristía resulta así exactamente el centro  del cosmos y de la historia, fuente de agua viva para  quien se acerca con fe. Esa capilla nunca estuvo vacía, día y noche. Allí estaba el motor secreto y potente de toda la fiesta.
 Otra sorpresa fue la transmisión televisiva por Internet  para las demás fraternidades esparcidas por el mundo que pudieron así seguir las grandes celebraciones, especialmente la del domingo donde Monseñor Giuseppe Guerrini, Obispo de Saluzzo, consagró Diáconos a dos jóvenes de la Comunidad, Michel y Eugenio.
 La presencia de más de 40 sacerdotes de diversos países son otra señal de  cuánta fe e interés  ponen en  las fraternidades de la obra del Cenacolo.
 Madre Elvira, con su presencia humilde y atenta, alegre y afable, fue el hilo de oro que cosió el tejido multicolor de las cuatro jornadas dedicadas a la Divina Providencia. Ella fue la primera que se abandonó al Amor del Padre, poniendo en Él toda su confianza y espera. Este trato exquisito con la fe evangélica es indudablemente el  secreto íntimo y simiente de toda la obra del Cenacolo. Nada se hubiera movido sólo con fuerzas humanas. Nada hubiera avanzado si ella hubiera pensado que se bastaba a sí misma.
 La obra de  Madre Elvira dice con hechos que solo lo divino salva al hombre, que no bastan la medicina, ni la técnica, ni siquiera las organizaciones sociales  ni eclesiásticas responden  a las necesidades del corazón humano, sólo el amor misericordioso del Corazón de Jesús, entregado en la Eucaristía, a través de la mediación de la Virgen, vivido en el trabajo y en amistad, hace renacer al hombre.
 La Comunidad Cenacolo es  así, en sí misma, una parábola evangélica.


  (Del Corriere  di Saluzzo, jueves 21 de julio de 2011)

Album fotográfico 1

Album fotográfico 2

Album fotográfico 3

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