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Testimonios

Un “Gracias” enorme al Señor y a la Comunidad por estos días pasados en Roma. Cuando entré en la Basílica de San Pedro pensé:” …quien hubiera dicho que una pobrecita como yo alguna vez iba a estar en  el corazón  de la Iglesia  para testimoniar que Jesús me salvó.”  Gracias, Jesús, porque en estos días me recordaste mi misión: AMAR.  “A l que se le  dio mucho se les pedirá mucho; a quien se le confió mucho, se le  reclamará  mucho más.”

Marjorie – Lourdes

 

Fue  especialmente  conmovedor revisar mi vida a la luz de la de San Pedro y San Pablo: también yo lo negué a Jesús; también yo estaba en contra de la Iglesia! Pero también yo, a pesar de mi pecado,  fui amada y llamada por Dios. Como dijo Benedicto XVI: “Existimos para mostrarles a Dios a los hombres. Y sólo donde  se ve a Dios comienza verdaderamente la vida.”   Comprendí que debo tomar  seriamente mi responsabilidad de cristiana, parea anunciarle a todos que Dios existe y  está resucitado. Gracias, Jesús, porque en Comunidad experimenté lo que dijo el Papa: ¡comencé a vivir verdaderamente!

Pamela – Lourdes

 

Viví un momento de fuerte oración sobre la tumba de San Pablo, pidiéndole que me dé su misma pasión para anunciar la Palabra de Dios. Ir hasta las raíces de la historia de la Iglesia me hizo sentir parte de esta gran familia de hijos de Dios. Agradezco la sencillez y bondad de Madre Elvira con su  “…servir, servir, servir…” que nos abrió el corazón a los chicos de la Comunidad para seguir su  ejemplo. ¡Gracias a quienes nos hospedaron en Roma!

 Silvia – Lourdes

 

En algunos momentos me conmoví porque sentí que  Dios nos estaba llamando a ser testimonios de esperanza y de amor para muchos jóvenes  perdidos y tristes. También agradezco el don de la fe que  se reforzó  rezando en la tumbas de San Pablo y de Juan Pablo II. Regresé a casa con  una nueva decisión de entregarme, amar y rezar.

Valentina – Chisa Pesio

 

Me sentí sumergida en la grandeza de la Iglesia: su  historia, su pasado sufriente y de mártires, el ejemplo de los grandes santos…¡todo grande y vivo!  Las palabras del decreto movieron en mí algo importante: tomé conciencia de mi responsabilidad de cristiana. El bien que busco cada día no  puede ser   sólo para mí sino que se debe abrir hasta alcanzar a la humanidad que sufre. Delante de la tumba de San Pablo le pedí que me libere de mis cadenas, grandes y pequeñas; quiero estar libre de todo lo que me impide hacer el bien. Gracias a las hermanas y hermanos consagrados porque también sentí mucha amistad y unidad entre nosotros.  Gracias.

Estelle – Savigliano

 

Sentí la bondad y la misericordia del Señor que nos recibía con los brazos abiertos, así como somos, con nuestros límites y pobrezas, en el corazón de la Iglesia.  De los lugares donde los primeros cristianos testimoniaron su fe y de donde  partió nuestra historia de salvación, me tocó particularmente San Pablo, la historia de su conversión, “de las tinieblas a la luz”, de perseguidor a misionero. Su ejemplo encendió en mí el deseo de continuar con verdad mi camino.

Irene – Savigliano

 

Estoy experimentando la belleza de esta filiación. Fue un  grande y emotivo  don poder arrodillarme junto a toda la Comunidad y con humildad decir nuestro gracias de corazón a la Iglesia, que nos abraza y sostiene para darnos más fuerza, para que seamos  más perseverantes y fieles  en nuestra dignidad cristiana, testimoniando que en nuestra pobre y frágil vida ,  hemos tocado el amor de Cristo.

Natasa - Savigliano

 

¡Qué emoción cantar en la Basílica de San Pedro justo junto a la tumba del apóstol que Jesús eligió para guiar a la Iglesia!  Estar allí me recordó el legado de Juan Pablo II y sentí la fuerza  de una fe perseverante sobre la que se apoya nuestra humanidad; se respiraba una fuerza que se podía tocar con la mano.

Giorgina – Cherasco

 

 La Adoración Eucarística del viernes fue un momento fuerte de oración, todos reunidos frente a Jesús, cada uno con su historia única y diferente, todos tocados por el amor que abraza y perdona. ¡Qué bello!  Cuando nos leyeron el decreto, me recordé las palabras de Juan Pablo II para definir las nuevas realidades de la Iglesia:”…una auténtica primavera del Espíritu.”  Son palabras grandes y yo me sentí tan pequeña, pero al mismo tiempo orgullosa de poder ser una pequeñísima parte de esta bella historia.

Suzana – Medjugorje

 

Me sentí recibido y abrazado por Dios y por la Iglesia, conciente que no era un premio para hacerme sentir “alguien”, sino una responsabilidad cada vez mayor que me impulsa día a día a ser mejor cristiano, a amar y a servir.

Luca – Casa Madre

 

 

En Roma, me di cuenta más profundamente qué afortunado soy de haber encontrado, en el fondo de mi desesperación, una Comunidad que no me propuso una terapia sino el encuentro con Dios.  Hoy sé que también yo fui elegido por Jesús, como los apóstoles. Me hace pensar en que debo ser muy responsable de los dones que me dio el Señor para ponerlos al servicio de mis hermanos. Lo que estoy viviendo es una misión. Sobre la tumba de San Pablo  recé para que me ayude  a ser un buen cristiano.

Henri – Medjugorje

 

 

Agradezco de corazón haber podido ver qué pequeña que es aún mi fe; viví momentos de oración únicos en esos lugares “santos” donde comprendí lo que significa donarse a los otros. Doy gracias por la emoción  en la tumba de Juan Pablo II y por la enorme alegría al escuchar al Papa que saludaba a la Comunidad nuestra. En cada momento de Adoración y de Santa Misa me sentí dentro del amor de  la Iglesia, esta gran familia que me está enseñando a vivir.

Paolo – Casa Misionera

 

Viví muchos momentos bellos de amistad, de oración y de fuerte presencia de Dios, de María, de Pedro y de Pablo, nuestros guías en la fe.  Me tocó muy profundamente, cuando, al estar en el coro, pude cantar mi “agradecimiento” a  Dios por todo lo que me dio en la bellísima basílica de San Pedro y también frente a la tumba de Juan Pablo II, ¡fuertes momentos de fe que nunca olvidaré!

Dan Love – Villa de la Paz

 

Cuando el Santo Padre nos saludó, en el momento del Ángelus, me emocioné. Sus palabras  que  empujan al hombre hacia el bien  e infunden fuerza,  permanecen en mi corazón. Pensé  que nuestra Comunidad es pequeña frente a todo esto, pero es lo mismo parte de la historia de la Iglesia , de la historia De los hombres con Jesús.

¡Sólo Dios puede hacer cosas tan grandes y bellas para la humanidad! ¡Y lo hace a través  de nosotros, y esto es maravilloso!

Josip – Villagio de la Paz

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